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30 Nacional GALICIA, EN PRECAMPAÑA LUNES 25 4 2005 ABC Alberto Núñez Feijóo La defensa del Plan Galicia El vicepresidente primero de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo ha ganado enteros como candidato al futuro relevo de Fraga tras el éxito de la campaña de denuncias de los incumplimientos del Gobierno en torno al Plan Galicia, que ha ejecutado con esmerada contundencia desde la Consejería de Política Territorial de la Xunta de Galicia. Se atribuye a Feijóo el respaldo de la dirección nacional del PP un apoyo que supondría su mayor ventaja, pero también su principal inconveniente de cara a un sector del partido, empeñado en mantener, después de Fraga, unos niveles de autonomía interna similares a los conseguidos por el fundador del PP. Los resultados en Pontevedra, donde se enfrenta directamente como cabeza de lista al candidato socialista, Emilio Pérez Touriño, serán el baremo de sus posibilidades. Fraga contó con el permiso de Rajoy para solventar sin injerencias la crisis del PP gallego. Ahora, repite como líder DANIEL G. LÓPEZ Manuel Fraga logró en diciembre del año pasado un nuevo equilibrio de poder entre los diferentes sectores del PP que ha permitido garantizar la unidad de acción del partido ante las elecciones más complicadas desde su desembarco en Galicia Fraga urdió la pax octaviana entre clanes del PP para evitar el desgaste TEXTO: ALFREDO AYCART Xosé Cuiña se sancionaron las bases del acuerdo definitivo. Desde entonces, la unidad interna no ha hecho más que consolidarse, como evidencia el hecho de que Xosé Cuiña, cabeza de lista en 2001, cuando obtuvo 12 escaños frente al aspirante socialista a la presidencia de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, aceptara sin aspavientos el número cinco de una lista que encabezará el vicepresidente primero del Gobierno gallego, Alberto Núñez Feijóo. Dos pesos pesados que competirán por la sucesión. En cualquier caso, el PP ha salvaguardado su unidad, una de las claves de sus anteriores victorias electorales en una Comunidad que no tolera las divergencias internas, al menos hasta los comicios y hasta que se plantee un relevo que Manuel Fraga quiere organizar personalmente de forma que, aunque previsiblemente declinará apostar por alguno de los candidatos, mantendrá todo el peso de su autoridad para limitar excesos desequilibradores. Todo ello con la aquiescencia de Madrid ya que Mariano Rajoy ha dejado manos libres a Fraga para resolver la situación a cambio del respaldo del presidente de la Xunta a su liderazgo, reafirmado constantemente por activa, pero también por pasiva, con unas tesis claramente contrarias al radicalismo opositor de José María Aznar; y sobre todo, a cambio de una victoria electoral en el feudo gallego del PP, imprescindible para evitar indeseados cuestionamientos de su carisma. SANTIAGO. El presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, cerró en diciembre la peor amenaza para sus opciones de revalidar la mayoría absoluta y seguir en el poder tras las elecciones del próximo 19 de junio. El fantasma de una escisión interna rondó durante semanas al poderoso aparato del PP gallego, dividido entre los partidarios de mantener la autonomía tradicional de la formación respecto a la dirección nacional y los intentos del entorno de Mariano Rajoy de controlar a los díscolos barones gallegos. Manuel Fraga recurrió entonces a la historia para proclamar la pax octaviana decretada por Augusto tras su difícil victoria sobre cántabros y astures, en los últimos años del siglo I a. c. Para ello tuvo que establecer un nuevo y delicado equilibrio entre las diferentes familias del PP gallego, que en un primer paso supuso apaciguar a José Luis Baltar, el presidente del partido en Orense, que se sentía amenazado por los intentos de renovación impulsados desde Madrid, pese a consolidar su provincia, elección tras elección, como el mejor granero electoral del partido. histórico, como consejero de Política Territorial. y flexibilidad suficiente como para garantizar al barón orensano que mantendría su tradicional autonomía para diseñar las listas en su provincia. No obstante, no pudo cerrar las puertas de Jano- -que en Roma evidenciaban que la ciudad no estaba en guerra- -hasta que no consiguió la aquiescencia de la dirección nacional a la propuesta para que su sucesión se decidiera por la vía de la democracia interna, en un congreso extraordinario del PP gallego. Crisis por episodios Fue el segundo episodio de la crisis, en la que los oficialistas se tornaron en críticos y éstos en oficialistas; en la que el secretario general del PP, Angel Acebes, y el fundador del partido, Manuel Fraga, polemizaron en público y con extremada crudeza en algún momento sobre el diseño del relevo. Fue entonces cuando Fraga llegó a plantear el relevo inmediato de su número dos, Jesús Palmou, respaldado por varios consejeros de la Xunta, entre ellos el de Pesca, Enrique López Veiga, que vinculó inexorablemente su renuncia a la del secretario general. Garantizada la permanencia del también titular de Justicia del Ejecutivo autónomo, las aguas volvieron a su cauce, tras una reunión in extremis de Manuel Fraga y Mariano Rajoy, que se desplazó urgentemente a Santiago para mantener un encuentro en el que El candidato del rural El considerado durante años como delfín de Fraga, mantiene intactos sus apoyos en elpoderoso sector rural del PP gallego, claramente mayoritario en Orense y Lugo y con fuertes respaldos en Pontevedra, pese a su deliberada renuncia a permanecer en primera fila de la actividad politica tras su dimisión como consejero de Política Territorial. Curiosamente, su decisión de aceptar sin aparentes problemas el número cinco de la lista por Pontevedra que encabezara hace cuatro años, ha reforzado su posición interna, al permitirle presentarse como un disciplinado hombre de partido, dispuesto a sacrificarse por el interés común, en una actitud con la que pretende reducir la evidente hostilidad que provoca en la dirección nacional del partido su aspiración de suceder al presidente de la Xunta. Contundencia y flexibilidad Fraga respondió con contundencia y flexibilidad al órdago de Baltar. Contundencia, porque rechazó las presiones para destituir a su secretario general, un Jesús Palmou cuestionado por el sector rural del PP tras el episodio de la dimisión de Xosé Cuiña, su delfín