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22 El Papado de Benedicto XVI EN LA PLAZA DE SAN PEDRO LUNES 25 4 2005 ABC Pantallas para seguir la ceremonia Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal Española, saluda ayer en la plaza de San Pedro Muchos niños no consiguieron vencer el cansancio (Viene de la página anterior) que, ajenos a la solemnidad del momento, corrían y jugueteaban alrededor de dos guardias suizos. Cardenales y obispos, con el pueblo El obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, todavía vestido con el traje ceremonial, saluda afectuosamente a ABC cuando advierte nuestra sonora presencia en lo alto de una verja en Borgo Santo, estrecha avenida por la que, minutos después de finalizar el acto, una marea humana que no distingue de púrpuras, hábitos ni cruces pectorales trata de abandonar la plaza de San Pedro. Pocos minutos antes, el obispo auxiliar de Madrid, César Franco, se dirigía hasta el puente junto a una docena de religiosas carmelitas. Durante una hora, observamos cómo una de las tres vías de salida del Vaticano está absolutamente colapsada. Sin perder la paciencia, jóvenes y ancianos de todos los rincones del mundo charlan entretenidos, entonan canciones y enarbolan banderas. Mezclados entre ellos advertimos la presencia de varios obispos y arzobispos. Incluso tres cardenales, portando todavía la túnica púrpura y el birrete, cami- nan entre la multitud. Uno de ellos, el italiano Renato Martino. Es una muestra de la universalidad de la Iglesia nos dice, a grito pelado, una religiosa de Valencia, quien trata de enfilar la avenida de Víctor Manuel II y reconoce que es emocionante sentir que formas parte de la misma fe que un cardenal, un matrimonio o un grupo de jóvenes Recorriendo, a duras penas y contra corriente, el trayecto hasta San Pedro, descubrimos que, más de una hora después de que Benedicto XVI se haya dado el primer gran baño de multitudes de su pontificado, recorriendo en un descapotable la plaza mayor de la cristiandad entre el delirio de los fieles, las banderas siguen ondeando con la misma fuerza de las primeras horas. La gente no se quiere ir- -nos cuenta Dolores, religiosa colombiana asentada en Roma desde hace años- En apenas un mes hemos vivido la muerte de un santo, la incógnita sobre su sucesión y, por fin, la llegada del nuevo Papa. Estamos felices y, como nos ha dicho el Santo Padre, queremos que todo el mundo lo sepa A Benedicto XVI también se le veía contento, incluso emocionado, cuando regresaba a la Santa Sede tras haber recibido el caluroso afecto de los fieles. La vía de la Conciliación y la plaza de San Pedro volvieron a abarrotarse