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20 El Papado de Benedicto XVI EN LA PLAZA DE SAN PEDRO LUNES 25 4 2005 ABC Banderas de numerosos países saludaron al nuevo Papa Un grupo de tiroleses, en la plaza de San Pedro Benedicto XVI repitió ayer un gesto no visto desde hace un decenio por el deterioro físico de Juan Pablo II. Tras la misa de entronización, el Papa recibió su primer baño de multitudes al saludar, desde un descapotable, a los 400.000 fieles presentes en San Pedro Ha pasado casi al lado, pero demasiado rápido TEXTO: JESÚS BASTANTE FOTOS: IGNACIO GIL ENVIADOS ESPECIALES ROMA. Apenas duró diez minutos, pero provocó el delirio de los 400.000 fieles que ayer se congregaron en la plaza de San Pedro y sus alrededores para asistir a la ceremonia de entronización de Benedicto XVI. Tras la Eucaristía, el nuevo Papa subió a un auto descapotable y recorrió, ante la alegría de los presentes, la plaza de San Pedro. En su primer baño de multitudes Joseph Ratzinger repitió un gesto que se hizo común durante el pontificado de Karol Wojtyla y que, desde hace diez años, había dejado de realizarse a causa del progresivo deterioro físico del Papa polaco. El saludo de Benedicto XVI terminó por emocionar a los muchos fieles que, desde las cuatro de la madrugada, hicieron guardia en las inmediaciones de San Pedro, aunque hasta las siete no se permitió el acceso a la plaza. Ya la salida del Papa desde la basílica había provocado los primeros aplausos de los asistentes, en su mayor parte alemanes, incluyendo a los Ratzinger boys diferenciados del resto por su camiseta roja y su pañuelo amarillo anudado al cuello, y las palabras de Benedicto XVI sobre su antecesor, la unidad de los cristianos y el papel de los jóvenes arrancaron los primeros ¡Viva el Papa! de la jornada. Banderas de medio mundo La mayor parte de los aplausos, estribillos y vivas sonaban con acento latino, porque los alemanes, aunque el Papa sea de su tierra, no gritan lo mismo. Ya aprenderán para Colonia aseguraba Ignasi. Él y otros amigos, que han dormido las últimas dos noches en la terminal de vuelos internacionales del aeropuerto de Fiumicino, no podían disi- Los españoles (en la imagen un grupo procedente de Barcelona) estuvieron entre los asistentes más numerosos mular su entusiamo mientras contaban: Hemos visto al Papa de cerca. Ha pasado casi al lado, pero demasiado rápido. Es una sensación indescriptible Para Adrián y Luis, seminaristas mexicanos cuya llegada a la plaza a las cuatro de la mañana les permitió sentarse en un lugar privilegiado, señalaban que cuando ves tan de cerca al Papa te das cuenta de la diferencia entre quién era antes de entrar en el Cónclave y quién es ahora Varias decenas de pantallas gigantes, distribuidas alrededor de la basílica, permitieron a los fieles más alejados seguir todos los movimientos del Pontífice, así como el ondear de las banderas de medio centenar de estados que hacen pensar que la plaza de San Pedro se ha tornado en el edificio de Naciones Unidas, en torno a Su Santidad añade Giulia, joven franciscana que, junto a sus hermanas, prometieron entre risas que cuando