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ABC LUNES 25 4 2005 El Papado de Benedicto XVI MENSAJE AL MUNDO 13 SU MISIÓN Y ahora, en este momento, yo, débil siervo de Dios, he de asumir este cometido inaudito, que supera realmente toda capacidad humana. ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Cómo seré capaz de llevarlo a cabo? ESTADO DE LA IGLESIA Precisamente en los tristes días de la enfermedad y la muerte del Papa, algo se ha manifestado de modo maravilloso ante nuestros ojos: que la Iglesia está viva. Y la Iglesia es joven EL INDIVIDUO No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario El primer signo es el palio, tejido de lana pura, que se me pone sobre los hombros. Este signo antiquísimo, que los Obispos de Roma llevan desde el siglo IV, puede ser considerado como una imagen del yugo de Cristo, que el Obispo de esta ciudad, el Siervo de los Siervos de Dios, toma sobre sus hombros. El yugo de Dios es la voluntad de Dios que nosotros acogemos. Y esta voluntad no es un peso exterior, que nos oprime y nos priva de la libertad. Conocer lo que Dios quiere, conocer cuál es la vía de la vida, era la alegría de Israel, su gran privilegio. Ésta es también nuestra alegría: la voluntad de Dios, en vez de alejarnos de nuestra propia identidad, nos purifica- -quizás a veces de manera dolorosa- -y nos hace volver de este modo a nosotros mismos. Y así, no servimos solamente a Él, sino también a la salvación de todo el mundo, de toda la historia. Ceremonia de entronización de Benedicto XVI en la plaza de San Pedro en el Vaticano la misión del pastor del que hablan la segunda lectura y el Evangelio de hoy. La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor: no es indiferente para él que muchas personas vaguen por el desierto. Y hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación y la destrucción. La Iglesia en su conjunto, así como sus Pastores, han de ponerse en camino como EPA EL TIMONEL DE LA NAVE JESÚS DE LAS HERAS Director de la Revista Ecclesia E n realidad, el simbolismo del Palio es más concreto aún: la lana de cordero representa la oveja perdida, enferma o débil, que el pastor lleva a cuestas para conducirla a las aguas de la vida. La parábola de la oveja perdida, que el pastor busca en el desierto, fue para los Padres de la Iglesia una imagen del misterio de Cristo y de la Iglesia. La humanidad- -todos nosotros- -es la oveja descarriada en el desierto que ya no puede encontrar la senda. El Hijo de Dios no consiente que ocurra esto; no puede abandonar la humanidad a una situación tan miserable. Se alza en pie, abandona la gloria del cielo, para ir en busca de la oveja e ir tras ella, incluso hasta la cruz. La pone sobre sus hombros, carga con nuestra humanidad, nos lleva a nosotros mismos, pues Él es el buen pastor, que ofrece su vida por las ovejas. El Palio indica primeramente que Cristo nos lleva a todos nosotros. Pero, al mismo tiempo, nos invita a llevarnos unos a otros. Se convierte así en el símbolo de ueridos amigos: En este momento no necesito presentar un programa de gobierno Mi verdadero programa de gobierno no es hacer mi voluntad, no es seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad de Dios y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea Él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia Son palabras del Papa Benedicto XVI, en su homilía de la misa de comienzo público de su pontificado. Y pocas veces un no- programa como el que acabamos de reproducir es, a la vez, más programático, más indicativo, más sugerente, más hermoso, más programa Es el programa de gobierno de quien sabe que es el Señor quien lleva el timón de la nave de su Iglesia. Es el programa de gobierno de quien Q se nos presentaba, nada más ser elegido para la altísima misión confiada, como un sencillo y humilde trabajador de la viña del Señor Que está acostumbrado a laborar y actuar también con instrumentos insuficientes Es el programa de gobierno de quien es consciente, tanto de la precisa y preciosa tarea encomendada como de la limitación de sus propias y solas fuerzas humanas para llevarla a cabo. Es el programa de gobierno de quien es sabedor- -desde la sabiduría de la fe y de la plegaria- -de que no es sólo él quien tiene que llevar a cabo el servicio. Este programa de gobierno nos habla asimismo de actitudes capitales en la vida de la Iglesia, en el crecimiento de la condición cristiana y en la fecundidad del apostolado como son el servicio, la humildad, la escucha atenta y orantedelapalabradeDios ylanecesaria vivencia de la pertenencia eclesial, cada uno en sus funciones y ministerios, desde la comunión, la colegialidady la corresponsabilidad- -dichode otra manera, en verbo latino: cum Petro y sub Petro Y él, esta persona, este hombre elegido, Joseph Ratzinger- -desde la tarde del martes 19 de abril de 2005, Benedicto XVI- -es Pedro. Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud. El símbolo del cordero tiene todavía otro aspecto. Era costumbre en el antiguo Oriente que los reyes se llamaran a sí mismos pastores de su pueblo. Era una imagen de su poder, una imagen cínica: para ellos, los pueblos eran como ovejas de las que el pastor podía disponer a su agrado. Por el contrario, el pastor de todos los hombres, el Dios vivo, se ha hecho él mismo cordero, se ha puesto de la parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados. Precisamente así se revela Él como el verdadero pastor: Yo soy el buen pastor Yo doy mi vida por las ovejas dice Jesús de sí mismo (Jn 10, 14 s. No es el poder lo que redime, sino el amor. Éste es el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo mejor. Todas las ideologías del poder se justifican así, justifican la destrucción de lo que se opondría al progreso y a la liberación de la humanidad. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos su paciencia. El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres. Una de las características fundamentales del pastor debe ser amar a los hombres que le han sido confiados, tal como ama Cristo, a cuyo servicio está. Apacienta mis ovejas dice Cristo a Pedro, y también a mí, en este momento. Apacentar quiere decir amar, y amar quiere decir también estar dispuestos a sufrir. Amar significa dar el (Pasa a la página siguiente)