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62 Sociedad BENEDICTO XVI, NUEVO PAPA ENTREVISTA DOMINGO 24 4 2005 ABC JULIÁN HERRANZ Cardenal. Pte del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos El carisma de Juan Pablo II es el de Cristo Después de la elección, el Papa quiso cenar y dormir con los demás en Santa Marta. El arzobispo de Wensminster, que es muy lanzado, inició una canción de felicitación que, al final, seguimos todos El cardenal Julián Herranz es un hombre enjuto, atezado y ascético, de cabellos en los que aún no se ha posado el invierno. En su conversación se funJuan Manuel den los rasgos del estoide Prada cismo cordobés y la fiEnviado especial. Roma nezza romana, templados por un apasionamiento tranquilo que nunca se incendia ni desborda. Presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, Su Eminencia guarda recuerdos de una juventud dedicada al estudio de la psiquiatría que un día rectificó para- -como él gusta de repetir, en una expresión muy elocuente- enamorarse de Cristo y consagrarse al sacerdocio, descubriendo que el hombre no es, como quería Freud, un animal reprimido sino, como prefería Victor Frankl, un ángel reprimido que debe aceptar a Dios para entender mejor su naturaleza. Mi vida está llegando al final- -nos dice sin énfasis- pero me confieso feliz, porque descubrí cuál era la voluntad que se me dictaba desde lo alto y traté de seguirla. Así hallé la verdadera felicidad. Ésa que el agnosticismo religioso y el relativismo moral quisieran ahogar en el fango, rebajando la naturaleza humana, degradándola hasta convertirla el algo que sólo satisface instintos, y no las ansias espirituales que anidan en nuestro corazón. -Sin embargo, parece que cuando la Iglesia defiende valores que nos saquen del fango se tropieza con la incomprensión. -Cuando la Iglesia- -superando esa filosofía- -defiende el verdadero sentido de la dignidad de la persona, del amor, del matrimonio o de la familia, no es que se esté defendiendo a sí misma, sino que está defendiendo una serie de valores humanos que lo han sido de culturas y religiones muy diversas, a lo largo de miles de años, y que han servido de referente para el verdadero progreso de la humanidad. Si esos valores se pierden habrá, no un progreso, sino un regreso de humanidad, de cultura, de civilización. Si esos valores se pierden, si se confunde la libertad con el libertinaje, se llegará a la perfecta confusión entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto. ¿Qué podría detener, a su juicio, esta deriva? -Hacen falta en Europa intelectuales de inteligencia limpia, aunque no sean católicos. En Italia, afortunadamente, dichos inttelectuales existen; algunos, como Galli della Loggia, o el presidente del Senado, Marcello Pera, han mantenido con Benedicto XVI, cuando aún era cardenal, apasionados y muy fructíferos debates. Intelectuales que reconozcan el empobrecimiento sufrido por el hombre posmoderno, sometido a una especie de sectarismo positivista que no respeta una serie de valores que pertenecen a una ética natural. De la naturaleza humana surgen una serie de derechos que no pueden ser sometidos a transacción en los parlamentos; son derechos anteriores a la democracia, derechos que no pueden ser negociados, adulterados o manipulados al antojo de una mayoría. Detecto en algunos sectores de la sociedad europea- -y especialmente de Bélgica y España- -una anulación de esas coordenadas de valores, el mismo rechazo a sus raíces culturales que ha caracterizado en la historia a los pueblos en decadencia. En Italia y en otras naciones no sucede, afortunadamente, lo mismo, existe una confluencia entre el pensamiento cristiano y el pensamiento laico muy provechosa para ambos. Me gustaría que lo mismo sucediese en España. -Sin embargo, es sobre todo en España donde se presenta ahora una imagen torva de Benedicto XVI- -Lo presentan como el gran inquisidor, el hombre duro e inflexible. Pero se trata de una leyenda negra. Cuando vean de verdad cómo es, la leyenda negra va a desaparecer. Siempre, claro está, que no haya medios de información o corrientes de tipo político que insistan en querer tratarlo con esa etiqueta forzando la realidad. Yo lo conozco bien, es un hombre de una sencillez y afabilidad extraordinarias. La gente que no tenga prejuicios, que sea sincera, que sea abierta, que quiera conocer la realidad, olvidará esa imagen falsa que se nos ha ofrecido de él. Pero creo que a algunos, aun sabiendo que esa imagen no se corresponde con la reali- Hacen falta en Europa intelectuales de inteligencia limpia, aunque no sean católicos Cuando vean de verdad cómo es Benedicto XVI, la leyenda negra va a desaparecer dad, les interesará mantener esa especie de espantapájaros. ¿Por qué? Muy sencillo. Porque las ideas del Papa no van a ser condescendientes con la ideología que con un sentido totalitario ellos quieren imponer desde los medios políticos y de información pública que tienen en sus manos. Esa ideología es la del agnosticismo religioso y del relativismo moral. Quienes son partidarios de esta filosofía destructiva estarán muy interesados en mantener e incluso en hinchar esa imagen deformada de Benedicto XVI. -Incluso se ha pretendido tergiversar la emoción que estalló tras la muerte de Juan Pablo II... -En los días que mediaron entre la muerte de Juan Pablo II y la celebración de las exequias, he visto desde mi despacho ese mar de gente, durante las veinticuatro horas del día. Por la noche bajé muchas veces a la plaza de San Pedro: muchos querían confesarse, incluso gente que llevaba alejada de la Iglesia años y años. Uno dijo: Quiero llegar a ese hombre que me habla de Cristo a ver si Cristo me ayuda a salir de la droga Yo me preguntaba: ¿Qué va a ver esta gente, en pie durante tantas horas? ¿Un muerto, acaso? No, va a ver a un Vivo. En aquel que estaba allí, humanamente muerto, ellos habían visto a Cristo. El carisma de Juan Pablo II es el carisma de Cristo. Pienso que el mundo va a ver reflejado ese mismo carisma en su sucesor, Benedicto XVI, porque va a ser un pontificado que yo llamaría de la continuidad dinámica Uno y otro nos enseñan que la felicidad es Cristo, frente a las felicidades puramente temporales y pasajeras que seducen a tantos. ¡Cuánta tristeza hay en la sociedad de la abundancia! ¡Qué pena me da saber, por ejemplo, que en las farmacias de Bélgica- -y no me sorprendería que ocurra pronto en España, si las cosas siguen así- -se venden unos kits para quienes se quieren suicidar! A quienes en la sociedad consumista se han alejado de Cristo, perdiendo así la paz y la alegría, Juan Pablo II les enseñó que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida Cierta inteligentsia ha visto en las efusiones de aquellos días