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ABC DOMINGO 24 4 2005 Los domingos 57 TESOROS CULTURALES Dos siglos después de su desaparición del Monasterio de El Escorial, el epistolario y embajadas manuscritas de Alfonso V, rey de Aragón, y de su hijo Fernando I, rey de Nápoles, a papas, reyes y senados por la creciente inseguridad mediterránea tras la conquista turca de Constantinopla, han retornado a su puesto vacío y guardado tanto tiempo del anaquel de la biblioteca escurialense El volumen, de hojas de pergamino, fue encuadernado en piel española carmesí recibió un decreto expedido por orden del monarca, y firmado por el duque de San Carlos Precisamente un antepasado de Álvaro Fernández de Villaverde, presidente de Patrimonio Nacional, que es el que ha devuelto el manuscrito al fondo escurialense. El único dato fehaciente es que en el inventario de 1859- -sigue explicando del Valle- -la obra ya no está y nada se volvió a saber de él, a pesar de que hemos tenido espectaculares recuperaciones como la producida en 1856 cuando desde Valladolid, y bajo secreto de confesión, llegaron 106 obras impresas, o las que tuvieron lugar después de la guerra civil recobrando entre particulares franceses un Apocalipsis de la Casa de Saboya o un libro de oraciones de Isabel la Católica El Duque de San Carlos devuelve al plúteo donde se ha conservado el hueco del manuscrito desaparecido hace doscientos años Misterio y revelación del manuscrito carmesí rlos Clavería no suelta prenda. ¿Qué se cree- -me espeta- que todo es tan misterioso como en las novelas? A esto no hay que darle más importancia: adquirimos y luego ofrecemos al Estado. Una práctica habitual, vaya ¿Y a quién le compró el manuscrito? insisto al propietario de la librería barcelonesa Els Llibres del Tirant que ha actuado de conseguidor. Sería un bibliófilo- -dejo caer- -porque el volumen está impecable... Mire, no le voy a decir nada porque en mi negocio es vital la discreción O sea que del precio ni hablamos. Sólo añade a regañadientes que un cliente se lo ofreció y él se lo compró, que tuvieron noticia de él hace dos años, que estaba en España, porque de lo contrario no lo hubiéramos podido comprar y que ha sentido una felicidad tremenda por saber que al final ha retornado a El Escorial- -previo pago al librero de 60.000 euros del ala- Y, por si las moscas, apostilla: No tengo nada que ocultar. Aquí no se pregunta. Buscamos y nos buscan. Y el que nos busca nos encuentra. Es un amor recíproco. No se crea que soy seco- -intenta al fin ser amable- pero por mí, ni me cite Ca TEXTO: VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: SIGEFREDO El vestigio del padre San José El periplo del volumen manuscrito había terminado horas antes cuando, sobre el mediodía del pasado miércoles, la obra volvía a llenar, doscientos años después de su desaparición, el espacio vacío en el plúteo donde se preservaba su signatura: Q. III. 19. Cartas y embajadas de Alfonso el Magnánimo y de su hijo Fernando titulado, numerado y clasificado por el padre Antonio San José- -cuyo vestigio y maneras de hacer sobre el libro han sido claves para probar su pertenencia al cuerpo de esta biblioteca- había llegado por primera vez a El Escorial en 1656, durante el reinado de Felipe IV, procedente de la excelsa biblioteca del Conde Duque de Olivares, y como donación entre un millar de ejemplares. Aún antes perteneció a la librería Hernando Colón, cuya marca aún conserva, y de cómo llegó hasta ahí no se tienen noticias. El manuscrito recoge 67 cartas y relaciones, y están copiadas en Nápoles, probablemente en torno a 1465, por la mano del secretario de cartas Antonio Beccadelli. En ellas se muestran los tratos internacionales y políticos de Alfonso V y de su hijo Fernando I entre los años 1454 y 1458 intentando tanto la paz en Italia como una alianza para detener el avance de los turcos que, tras la conquista de Constantinopla, se constituyó en factor de inseguridad permanente en todo el Mediterráneo. El objetivo de la recopilación de estos documentos en un solo volumen es justificar y legitimar como Rey de Nápoles a Fernando I, hijo bastardo de Alfonso El Magnánimo, y que por la naturaleza de su nacimiento encontró una buena turba de detractores. Tampoco conviene olvidar que la obra constituye todo un tratado de relaciones internacionales. No sabemos a ciencia cierta cuándo desapareció- -confiesa José Luis del Valle, director de la biblioteca monástica- Pensamos que fue durante la guerra de la Independencia, por lo que el paso de los franceses supuso para todo El Escorial y muy concretamente para su biblioteca, que fue llevada a Madrid con la intención de trasladarla posteriormente a Francia para integrarla en su biblioteca nacional. Pero las coincidencias o la suerte, o la voluntad humana también, hicieron que estos fondos permanecieran ocultos durante un cierto tiempo en el convento madrileño de la Trinidad hasta que en 1814 regresan a El Escorial por disposición de Fernando VII, que tuvo que sobreponerse a grandes presiones. Así, después de un tira y afloja, el prior Un mecenas para 60.000 euros En estos tiempos que corren, en lugar del pago con la reserva sacramental y la otrora ansiada tranquilidad del alma, la operación de devolución ha venido avalada por el pago de los ya mencionados 60.000 euros, a los que se ha llegado tras una dura negociación entre Juan Carlos de la Mata, director de Actuaciones Histórico- artísticas de Patrimonio Nacional, y el librero de Barcelona, que sella sus labios con el dinero aportado por la Fundación Pryconsa, que preside José Luis Colomer. Y por qué no, como decía el padre Quevedo, y se apresuró a rememorar Del Valle, que no lo hubieran devuelto si el bibliotecario no hubiera inspirado confianza o el establecimiento no se hubiera encontrado bien servido Gracias a lo cual hemos podido volver a ver las noventa hojas de pergamino, en 4 encuadernadas en piel española color carmesí, y gofrada sobre la cubierta, la inconfundible parrilla, supralibros de la Biblioteca escurialense. E impecable, se nos presentó el tesoro recuperado, al lado de la recompuesta esfera armilar, y al abrigo de los muros de la sala principal donde se lee: Ay excomunion de el PP. Greg. XIII reservada a su Santidad para no sacar libros ni otra cosa de esta librería. Dada en Roma, en XV de octubre, de MDLXXII El aviso de un librero de Barcelona ha permitido recuperar la obra, de la que se cree que fue parte del botín francés tras la guerra de Independencia