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ABC DOMINGO 24 4 2005 Internacional 29 Vivir anclado en el recuerdo e impotente ante la muerte Beslán huele a muerte afirma Alam mientras enciende un cigarrillo. Este joven de 28 años perdió a sus dos hermanos en la masacre. Desde el ataque aquí ya no confiamos en nadie. Hoy por hoy, somos nosotros los que nos defendemos y cuidamos de nuestra gente Alam es miembro de una milicia urbana formada por vecinos de la localidad. Todos los días a las siete de la tarde vigilan que no entre ningún comando de Inghusetia. Vengaremos la muerte y lo pagarán caro afirma. Lo que tamnién murió fue la alegría. Irina trabaja para una ONG local y asegura que la población vive en una profunda depresión desde el atentado, y a nadie le importa que estas personas sigan viviendo rehenes del recuerdo Valentina y su nieto Tamik en la escuela de la tragedia de su salón cómo los familiares de las víctimas acuden a la escuela para honrar a sus seres queridos. Ella no ha podido ir. Ha escuchado la radio, pero la imagen de los niños quemándose vivos en el interior del gimnasio aún está demasiado reciente en su cabeza Yo estuve ahí dentro las 52 horas que duró el secuestro. Fui de las últimas personas en salir. Recuerdo cómo entraron los agentes de los Grupos Alfa... Les decía que no entraran al gimnasio, que yo había sido de las últimas en salir de ahí y que sólo encontrarían muertos... Centenares de cuerpos de niños quemándose entre las llamas Vivir en deuda Desde aquel día, Tamara no ha vuelto a dormir bien y prácticamente no sale a la calle. Sólo salgo de casa el día 5 de cada mes, ya que lo que ocurrió ahí dentro no se olvida. Esa masacre, esa sangre, esos gritos, la gente que pedía ayuda... Todos alzaban sus manos para que les ayudara mientras yo intentaba escapar. Ellos se estaban quemando y yo no les pude ayudar, por eso el día 5 de cada mes voy al cementerio y pido perdón por no haberles ayudado Tamara salvó su vida, pero perdió en el atentado terrorista a uno de sus nietos y al marido de su hija, Ruslam Fraed, que al parecer fue el primer rehén ejecutado por los terroristas suicidas al negarse a colocar las bombas en el interior del gimnasio, tal y como se lo ordenaron sus verdugos. Desde el pasado septiembre Beslán ya no es la misma, esta alegre y hospitalaria localidad de Osetia del Norte se ha convertido en una ciudad que vive inmersa en la desconfianza, el odio y la sed de venganza, y cuyo día a día gira más en torno al pasado de sus muertos que al presente de sus vivos.