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ABC DOMINGO 24 4 2005 La Entrevista 11 Los nacionalistas no quieren un cambio en la Constitución sino un cambio de Constitución; una ruptura profundamente abrupta el plano constituyente, uno se puede inventar todos los conceptos que quiera, aunque para eso no hace falta idear un término tan equívoco y ambiguo. -Luego el término nación no es discutible... -Lo que quiero decir es que el articulo 2 es muy claro: hay una única nación, la española, en la que descansa la unidad política del Estado; y las nacionalidades y regiones son una composición de esa nación española dentro de la pluralidad que la Constitución reconoce, pero que alude más a la identidad histórica, cultural e incluso jurídica que tienen algunas Comunidades Autónomas. Aquí estamos manejando conceptos jurídico- políticos que están plasmados en la Constitución. Por lo tanto, no se puede decir que el concepto de nación, que recoge el artículo 2, es discutido y discutible. Es un concepto jurídico que se podrá cambiar, y legítimamente se puede iniciar una reforma constitucional para ello, pero no se puede alterar, contradecir o relativizar si no es mediante la reforma de la Constitución misma. ¿Ha llegado el momento de reformar el artículo 2? -Creo que no. El artículo 2 es, junto con el Título VIII, la clave del arco sobre el que se ha hecho ese gran pacto histórico que ha conducido al Estado de las Autonomías, que es la fórmula más abierta, más flexible, y la que mejor puede dar respuesta a las tensiones territoriales y a las cuestiones que siempre han venido entorpeciendo la historia política de España desde el antiguo régimen. Y en este sentido, nosotros creímos que esa solución de la Constitución del 78, ese gran pacto que permitió alumbrar esa nueva organización territorial del Estado para vertebrar sobre ella la unidad nacional, la unidad de la nación de España, es la fórmula en la que pueden tener mejor cabida todas las tensiones que los nacionalismos periféricos generan. Y no creo que vayamos a encontrar una fór- mula que dé mayor apertura y flexibilidad a la expresión política de la pluralidad constitutiva de España (desde luego, en modo alguno el Estado federal, en el que no encontraremos una descentralización mayor que la que posibilita el Estado de las Autonomías) a no ser que lo que se pretenda sea otra cosa. Y muchos sabemos muy bien que lo que algunos partidos nacionalistas pretenden no es una reforma de la Constitución sino una ruptura de la Constitución, porque lo que quieren es la independencia. Pero eso no es ya un cambio en la Constitución, es un cambio de Constitución, una ruptura profundamente abrupta del orden constitucional y del pacto constitucional. ¿Se avecina un cambio propiciado por la presión de los compromisos parlamentarios del Gobierno? -No exactamente. Probablemente el tema de la reforma territorial, de los estatutos y de la Constitución se planteó por las elites dirigentes de algunos partidos políticos nacionalistas e incluso de otros partidos políticos que no se llaman nacionalistas pero que lo son (me refiero concretamente al PSC, que tiene más de nacionalista que de socialista) Esas jóvenes elites dirigentes que han perdido la memoria histórica del gran pacto del 78, por puros criterios de oportunidad política han decidido poner encima de la mesa como un elemento más de su programa político la reforma territorial del Estado. Y todo ello sin que exista una demanda ciudadana y bajo el paradigma de que esta Constitución y estos estatutos ya no nos sirven. Son una elite política que, sin atender a la memoria histórica, a lo que ha costado poner en pie este Estado constitucional, han decidido hacer tabla rasa de todo eso bajo el paradigma de que las constituciones se cambian porque las generaciones se suceden, con lo cual estaremos en un proceso permanentemente constituyente. Y han decidido abrir este proceso de reforma territorial de una manera a mi modo de ver irresponsable. El presidente del Gobierno ha decidido que efectivamente ha llegado el momento de llevar a cabo una segunda transición; que la que se hizo de forma modélica y ejemplar y que ha dado un fruto espectacular desde el punto de vista de la Historia de España no sirve; que hay que hacer una segunda transición política para hacer acaso ahora la ruptura que no se quiso hacer en 1978 porque se tenía una conciencia muy clara y una memoria muy presente de lo que había sido la Historia de España. Y precisamente porque se tenía una memoria histórica muy viva de lo que había representado la Guerra Civil, se pensó que eso había que superarlo con un pacto constitucional que diera estabilidad a nuestro país para un futuro muy largo. Pues ese futuro muy largo es el que algunas personas quieren ahora poner en cuestión. Lo que me parece sobre todo un error estratégico es haber admitido como punto de partida que esta Constitución del 78 no sirve y que hay que sustituirla por otra. ¿Aconseja el actual clima político iniciar la reforma constitucional? -No existen hoy las condiciones ni están los mimbres para hacer el pacto (Pasa a la página siguiente)