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ABC DOMINGO 24 4 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY En la guerra con el Vaticano por las bodas homosexuales, el funcionario tendrá que optar: o casar a Zerolo o ser entregado a Zerolo ARREGLANDO EL MUNDO L parecer, el Zapaterito leré les ha regalado a los ministros, ministras y así un libro titulado Cómo arreglar el mundo y ya ha comentado alguno o alguna que qué regalo tan raro. Por de pronto, la ministra María Antonia Trujillo Marie Antoine para Maragall) ya ha arreglado su despacho. Ha mandado construir una estancia de 77 metros cuadrados y amueblarla con maderas preciosas, y los populares, que a veces gastan mala milk, ya le han preguntado que cuántos minipisos caben en el despacho. Si los celtíberos estuviésemos preparados para habitar en esas conejeras que se llevan mucho en Europa, lo menos saldrían tres soluciones habitacionales para otras tantas parejas, ahora sin techo y que andan por ahí fornicando a la intemperie. Monsiú Pasquale Maragall, petit fils del poète, ha cogido en brazos a toute la Catalogne, ha saltado les Pirinées a pies juntillas y la ha metido de coupe en la francofoníe del país voisine. Allí lo han recibido con el mismo cachondé que si lo mantearan, le han condecorado con la Legión de Honeur, le han puesto la escarapela de les trois couleurs y le han nombrado gilipollois plus grande de la Francofonie Superieur. Monsiú Maragall est aterrisé en la Place de la Concorde con autres gilipolloises plus petits a coscoletes, por ejemplo, Carod- Rovire et autres fleurs de la Republique Catalaunique, que ya han aprendido a decir ¿parle vous le francaise, monamí? Lo primero que ha hecho el famoso precursor Pedro Zerolo, la cola por el colo, es estampar un beso espectacular en el rostro del señor Fernández Aguilar, eximio ministro de Justicia en el Gobierno del Zapaterito. Le ha besado con entusiasmo, como si fuera esa noche la última vez, para agradecerle así, sin lugar a dudas, la ley del matrimonio entre maricones. Y aprovecho para aclarar que yo uso la palabra maricón sin ninguna intención de molestar. Lo mismo podría decir sarasa, mariquita, adelaida o monflorita, pero es que me niego rotundamente a usar ese gay porque es un anglicanismo que podría encalabrinar a la ministra de Cultura. Con esta ministra que domina el lenguaje de manera tan perfecta, hay que andarse con ojo. Aquí, siempre hay que andarse con ojo, ya sean los de la cara o el ojo ciego, que decía don Luis de Góngora y Argote, cuyo consonante evidente les ahorraré hoy a mis lectores, pero que se le ocurre a uno enseguida. No sabemos cómo va a arreglar María Teresa, la prima umbraliana de Shirley Temple, las querellas con el Vaticano por el asunto de la boda de Pedro Zerolo, si ahí te pillo, ahí te molo. El asunto de las bodas homosexuales ha soliviantado a ese cardenal colombiano que, mire usted por dónde, se llama Trujillo, como la ministra del despacho de los tres o cuatro minipisos y como la patria de Pizarro, y emplaza a los funcionarios celtíberos a que no casen a esas especies y que aleguen objeción de conciencia. María Teresa se ha puesto tiesa y amenaza con la ley, que por algo es jueza aunque no haya puesto una sentencia en toda su vida. El funcionario se verá en la necesidad de optar. Una de dos: o casar a Zerolo o ser entregado a Zerolo. A EL RECUADRO ANTONIO BURGOS En cuanto a lo que se puede esperar de un Papa con gato, León XIII llevó a San Pedro a su gato Micetto, que le acompañaba en las audiencias. Gracias al ejemplo de libertad de su gato pudo luego promulgar la Rerum novarum con la justicia social como bandera EL ROTWEILER ES UN GATITO O descubrí gracias a un cernudiano, liberal escritor de periódicos. En su glosa a la figura humana de Benedicto XVI, Carlos Colón decía en su artículo diario: Hacía años que este anciano de conocida vocación intelectual, frugalidad, modestia y carencia de ambiciones personales deseaba retirarse a su Baviera natal con sus libros, su música y sus gatos Sí, sus gatos. No un solo gato como el que esperaba a Serrat en los alambres del patio a la salida del colegio, sino todos los gatos de la felina Roma: los gatos del Capitolio, los gatos de Largo Argentina, los gatos del Foro, los albertianos gatos del Trastevere. Desde el rigor, Colón daba bolilla a la demagogia del rotweiler, cuya carlanca han colocado a un Papa al que presentan como agresivo mastín de majada más que apacible pastor de almas. Imagen bastante ramplona: rotweiler le decía Lady Di a Camila Parker. He intentado sin éxito documentarme sobre los gatos de Benedicto XVI. ¿Cuántos son, cómo se llaman? ¿Dóciles gatos caseros de pelo largo, desvalidos callejeros acaso, recogidos como en una reescritura con michus de la parábola del buen samaritano? Poco he hallado sobre el Animal Farm de la realidad, en que el rotweiler falso es un gato verdadero. He encontrado un relato hermosísimo de cuando el Papa iba andando desde su casa en una plazoleta del Borgo hasta el Vaticano: El cardenal Ratzinger acostumbraba a ir al trabajo con la sotana negra y la boina también negra que le tapaba las canas, por lo que pocos le reconocían. Saludaba a Islam, vendedor ambulante del Bangladesh; deseaba buenos días a dos cardenales vecinos suyos, y hasta hablaba con los gatos callejeros. El Papa que hablaba con los gatos. Con la libertad. La mejor estatua de la Libertad no está en Nueva York: es cada uno de los libres, orondos, venerados gatos callejeros de Roma. El Papa hablaba con los gatos porque dialogaba con la libertad. No puede haber maldad ni autoritarismo en quien ama a los animales, en quien, como reconoció Juan Pablo II, sabe que algún ti- L po de alma tiene una criatura de Dios capaz de sufrir y de alegrarse. Los gatos de Roma, bastante más libres que cuantos repiten la demagogia del rotweiler, conocían a Benedicto XVI. Lo seguían desde el Borgo. Cuentan los alabarderos de la Guardia Suiza que el cardenal llegó una mañana a las puertas del Vaticano con diez gatos siguiéndole. Bromearon: ¡Atención, Eminencia, que los gatos atacan a la Santa Sede! No son precisamente los armónicos, relajantes, apacibles, libres, independientes gatos los que atacan a la Santa Sede, sino los que sacan a pasear la demagogia del rotweiler. El Papa se sentirá doblemente compañero de sus gatos: sufre sus mismas calumnias de ariscos, de odiosos. Los gatos llevan siglos sobreviviendo a su mala fama. Este Papa que pidió perdón por los errores históricos del Vaticano quizá presente excusas a sus queridos gatos porque la Iglesia los hiciera en la Edad Media agentes del demonio y de las brujas. Benedicto XVI no sólo es escritor, sino escritor con gatos, como Hemingway, como María Zambrano. Espero que Juan Manuel de Prada y Juan Vicente Boo lo cuenten mañana. Espero que igual que vimos al perro Odin pasando protocolariamente por delante de todos en el entierro de Rainiero III, admiremos hoy a los gatos de Benedicto XVI cuando sean solemnemente entronizados en el Vaticano. ¿Cuántos son, cómo se llaman los gatos de Benedicto XVI? Ningún cardenal recorrerá las estancias vaticanas con mayor solemnidad que ellos con su peluda, elegante armonía. En cuanto a lo que se puede esperar de un Papa con gato, piénsese que los del Benedicto XVI no serán los primeros gatos pontificios. León XIII llevó a San Pedro a su gato Micetto, que hasta le acompañaba en las audiencias, jugueteando bajo su sotana. Gracias al ejemplo de libertad de su gato Micetto pudo luego promulgar la Rerum novarum con la justicia social como bandera.