Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
66 Tribuna SÁBADO 23 4 2005 ABC UANDO José Luis Rodríguez Zapatero estaba en la oposición, recordó en el Congreso que había que ir preparando el cuarto centenario de la primera edición de Don Quijote de la Mancha Fue un brindis novedoso y esperanzador por la cultura y el idioma. Pero, una vez en el gobierno, él y su gabinete han entrado en el diccionario como elefantes en una cacharrería, quizá porque son víctimas de sus compromisos electoralistas con algunas minorías. Empezó el ministro de Trabajo dando carta de naturaleza a la mal llamada violencia de género que no se sabe qué significa, pero satisface al ultrafeminismo. La condición orgánica que distingue al macho de la hembra (en animales y plantas) es el sexo, no el género, término gramatical que es incapaz de liarse a mamporros con su génera La auténtica violencia de género es la que practicamos en mi pueblo de la Manchuela cuando nos invitamos a cervezos cuidamos de los gallinos y de los ovejos y vamos de caza con el escopeto La Real Academia Española aconsejó la expresión violencia doméstica en vez del mal calco del inglés gender El gobierno, en principio, aceptó el dictamen, pero luego se sometió a la dictadura del feminismo rampante y llamó a su proyecto Ley... contra la violencia de género Se trataba de legislar contra la violencia machista o doméstica, adjetivos que indicaban con claridad quién era el violento (el macho) y el ámbito de las agresiones (el hogar de la pareja) El ministro prefirió calificar de género a esta violencia, que es como no decir nada pues- -aunque género equivaliera a sexo- -no se dice cuál es el género maltratador y cuál el maltratado. Así que un sector del llamado bello sexo (que no género impuso el género tonto. Las feministas radicales parecen encantadas con este triunfo de su verbalismo hueco. Resulta que están indignadas, con razón y como todos, con el macho violento; pero luego prefieren que la ley no exprese en su título quién es el maltratador. ¡Vaya un síndrome! Es un brindis contradictorio a la palabra huera, en aras, quizá, de la satisfacción de saberse dominadoras del lenguaje oficial, como diciendo: Hemos impuesto el vocablo (aunque éste sea una melonada) Una lacra tan terrible como la violencia machista no tenía por qué abordarse violentando también el idioma, que es patrimonio de todos, no sólo de las feministas y del señor ministro. Hay políticos que no saben afrontar un problema sin crear otro, innecesario. A la patada idiomática del ministro Caldera le siguieron la vicepresidenta del Gobierno y el presidente de la Junta de Anda- C MAL AÑO PARA DON QUIJOTE LUIS MANUEL DUYOS Escritor lucía. Fernández de la Vega comentó que el laicismo era un mandato constitucional. Falso. Confunde un estado no confesional- -el español- con un estado laico. Y Chaves dijo que la Iglesia debe acostumbrarse a vivir en un estado laico ¿Por qué los cristianos españoles tenemos que acostumbrarnos a vivir en un estado laico si España no lo es? Resulta preocupante que tan altos cargos de nuestra política desconozcan la Constitución o confundan dos adjetivos tan unívocos como laico y aconfesional, que configuran enfoques muy diversos de la religión en la sociedad. El artículo 16 de la Constitución- -que garantiza la libertad religiosa y de culto, y su manifestación- -no podría figurar en un estado laico. Y éste es de dudosa justicia democrática pues viola el artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y convierte a los creyentes en ciudadanos de segunda. Rodríguez Zapatero ya dio un resbalón en campaña electoral al propugnar una sociedad laica La sociedad española será, respecto de sus creencias, lo que quiera ser, no lo que decidan las autoridades. ¿Quiénes son los políticos para decidir si la sociedad es creyente, atea o agnóstica? Teniendo libertad religiosa, lo normal es que la sociedad sea mixta pues siempre estará constituida por creyentes y no creyentes. Quizás el señor Zapatero quiso decir otra cosa y no dio con las palabras adecuadas. Porque lo que dijo sonaba a imposición fascista: tan antidemocrático es imponer la religión como prohibirla o coartar su libertad. El remate de la agresión gubernamental contra el idioma lo han perpetrado con la mascarada del matrimonio entre homosexuales. Muchos medios de comunicación allanaron el camino desenfocando la polémica; así se planteaba como un debate entre creyentes y no creyentes o entre conservadores y progresistas. El desenfoque consistía en confundir la negativa a que se regulara la unión de homosexuales- -negativa inexistente- -con la oposición a que ese enlace se identificara con el matrimonio- -que era el meollo de la polémica, pero se ha ocultado. Matrimonio no es el nombre genérico de toda unión de pareja, sino el específico de la unión de hombre y mujer Así lo reconocía hasta el ex presidente González en un plató de televisión. La formación de la voz matrimonio la convierte en una palabra unívoca, sólo aplicable a la unión heterosexual. Matrimonio (del latín, munere matrem implica la existencia de una mujer, fecundable por el otro componente de la pareja. Los homosexuales pueden emparejarse; pero sólo la mujer y el hombre pueden aparearse, juntarse para engendrar. Una institución y su nombre no marginan a nadie, sino que acotan parte de la realidad. La de- finición de matrimonio (unión de hombre y mujer) de- limita su naturaleza, marca su linde con cualquier otra entidad. Pero el gobierno arguyó en falso que los homosexuales estaban discriminados legalmente ante la institución matrimonial, cuando la única carencia era que su unión no estaba regulada, no que se les prohibiera el matrimonio, enlace heterosexual que libremente rechazaban. Porque una cosa es la igualdad ante la ley y otra los requisitos para incorporarse a una institución. Los casados no son desiguales ante la ley porque no tengan acceso a un club de solteros. Un músico no está discriminado legalmente si no le dejan ingresar en el Colegio de Médicos. Por lo mismo, la pareja homosexual no ha sido desigual ante la ley al no poder incorporarse al matrimonio- la unión de un hombre y una mujer un enlace muy distinto por sus componentes y por su posibilidad de trasmitir la vida, perpetuando la especie. Pero el ministro, para justificar la equiparación de ambas uniones, usó en el Congreso la falacia de que la nueva ley concedía a los homosexuales un derecho del que carecían, argumento falso pues, como queda dicho, nadie les prohibía matrimoniar, pero preferían otra relación. El gobierno hace algo muy diferente de lo que cuenta: con la absurda excusa de la igualdad ante la ley, trasforma la naturaleza de la institución matrimonial para embutir en ella a un tipo de pareja bien distinto. Tan es así que la Real Academia Española ha anunciado que, si se equiparan legalmente ambas uniones, tendrá que definir el matrimonio de otra forma. Quizá fuera más coherente y práctico que desechara la palabra matrimonio, por inservible para su nuevo concepto, y creara un neologismo, un nombre genérico que designe con propiedad cualquier unión de pareja. Re- sulta ridículo que la unión de dos hombres se vaya a denominar con una palabra que envuelve, y hasta delata al pronunciarse, la existencia de una madre. Esa redefinición obligada de la voz matrimonio demuestra que la institución no orillaba a nadie, sino que delimitaba su realidad; y por lo tanto no había ni derechos conculcados ni ninguna desigualdad que reparar con la nueva ley. Esta ley es pura y llanamente el cambio innecesario de la institución matrimonial, disimulado con los falsos argumentos de una mala conciencia pseudoprogre Es una atropello cultural al dictado de una minoría, ajena libremente al matrimonio, pero con un chocante prurito de equiparación. ¿Han consultado a los matrimonios- -una mayoría de ciudadanos- -si aceptan que la institución a la que pertenecen se convierta en otra cosa? (no sería prudente argumentar sin matices con la voluntad de las urnas olvidando que, si decenas de miles de abstencionistas decidieron la víspera electoral ejercer su derecho al voto, no fue por una adhesión total y repentina al programa socialista) El gobierno tenía todo a su favor para haber regulado la unión homosexual como lo que es: una nueva institución de pareja. Así se lo brindaban el bagaje cultural que se les supone a los ministros, el sentido común y las recomendaciones de las más altas instituciones consultivas de la nación. Pero ha optado por resolver el asunto de la forma más inculta, polémica y absurda. Porque, en definitiva, la voz matrimonio no aporta nada a los derechos que puedan corresponder a la unión homosexual. Y, además, ¿qué queda del orgullo gay con esta obsesión igualitaria? No sé si hay precedentes de que un gobierno y un parlamento cambien el significado de una palabra- -que ya no servirá, por disparatada- mudando por ley la naturaleza de una institución, sin contar con sus integrantes y desoyendo a todos los órganos consultivos estatales. ¿Tienen gobierno y parlamento tantas competencias como para modificar hasta el lenguaje? Nuestro idioma parece que está a merced de unas minorías, quizá acomplejadas. Y el Gobierno, a su vez, es presa de estos fundamentalismos y anda a mamporros con la lengua de Cervantes. Mal año para festejar su Don Quijote Quizá sería más realista y oportuno empezar a preparar el centenario (2007) del estreno de Los intereses creados de Benavente, y que algún Crispín del gabinete ministerial salga a justificar en rueda de prensa estas gratuitas violencias gubernativas contra el idioma: Hemos creado muchos intereses y es interés de todos salvarnos Y, en efecto, creen que van a salvarse haciendo estallar el nombre de las cosas. ODERA tu lenguaje y no seas tan duro con ese vecino tuyo del quinto segunda- -le aconsejo esta mañana a Ramón- El hecho de que ese muchacho se pase las noches aporreando la guitarra electrónica sin escuchar las quejas de los vecinos no significa que sea un mal chico. Yo creo que también él es víctima de una civilización mal entendida que entroniza no solamente a los listillos de turno, es decir, no sólo a los corruptos, prevaricadores y oportunistas, sino también al cultivadores del simple estruendo, es decir, a los practi- M ERRORES EMBRIONARIOS JAVIER TOMEO Escritor cantes del ruido mondo y lirondo, que los manipuladores de turno tienen la desfachatez de considerarlo como una de las bellas artes. -Eso lo dices porque no duermes en mi casa- -suspira Ramón, tras un descomunal bostezo. -Desde hace semanas me paso las noches sin pegar un ojo. Creo que ese chico acabará volviéndome loco. -Es mejor que te serenes- -sigo aconsejándole. -No olvides lo que nos dejó escrito el gran escritor inglés Aldous Huxley, el de Un mundo feliz la pasión y la neurastenia llevan a la inestabilidad y la inestabilidad, al fin de la civilización. Mi amigo afirma con un movimiento de cabeza, aunque estoy seguro de que no ha comprendido ni una sola palabra de lo que acabo de decirle. -He denunciado el caso a la guardia urbana pero maldito el caso que me hacen- -dice, lanzando una recelosa mirada circular- Yo creo que ese chico tiene sobornados a todos los municipales. Así empiezan, por lo general, todos los complejos de persecución, que llevan tanta gente a los manicomios.