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62 Cultura EL DÍA GRANDE DE LOS LIBROS SÁBADO 23 4 2005 ABC JUAN ANTONIO FRAGO Catedrático de la Universidad de Zaragoza y experto cervantista El autor del Quijote apócrifo de Avellaneda no es otro que Jerónimo de Pasamonte -En su libro El Quijote apócrifo y Pasamonte (Gredos) usted documenta que la persona que se esconde tras Alonso Fernández de Avellaneda como autor del Quijote apócrifo publicado en 1614 es Jerónimo de Pasamonte, soldado aragonés. ¿Qué supone para el cervantismo? -La identificación de quien se ocultó bajo este seudónimo importa mucho en esta ocasión conmemorativa de la gran novela de Cervantes, por dos razones fundamentales. Precisamente porque el llamado enigma de Avellaneda ha hecho correr ríos de tinta, con atribuciones tan dispares de autoría para el Quijote apócrifo como las de Cristóbal Suárez de Figueroa, Tirso de Molina, Lope de Vega o el propio Cervantes. El Quijote de 1605 contiene al enigmático personaje de Ginés de Pasamonte, que reaparecerá en la segunda parte de 1615 con frecuentes menciones y personificado en la figura de maese Pedro. A mí no me cabe ninguna duda de que Jerónimo de Pasamonte es el autor del Quijote apócrifo aparecido en 1614. Cervantes lo sugiere con el episodio de los galeotes en 1605 y al rescatar a su protagonista en 1615, representado además en un maese Pedro que ya está connotado de aragonés. Y desde luego Cervantes sabía que el hurto literario había sido cometido por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas. La naturaleza aragonesa de quien con deseos de desquite, por interés cultural, y quizá hasta económico, se fingió castellano estaba clara para el autor del Quijote auténtico, a pesar de que algunos estudiosos pretendan saber más que Cervantes de sus cosas. ¿Qué datos aporta usted? -La comparación textual me permite establecer la plausible hipótesis de que Jerónimo de Pasamonte participó en algún certamen zaragozano mientras componía su novela, así como hallar relaciones argumentales entre su autobiografía y el Quijote apócrifo, por ejemplo en el caso del cocinero cojo, o en cuestiones de terminología militar. El análisis lingüístico de la Vida de Pasamonte y del Avellaneda revela también inequívocas concomitancias, las propias de alguien que ha vivido muchos años en Italia y es un aragonés de extracción rural y mediana formación escolar. Por otro lado, la documentación de archivo descubre que la aventura del melonar de Ateca corresponde a un suceso histórico acaecido en el valle del Jalón, que Pasamonte novelará, y que Antonio de Bracamonte no es fruto de la pura ficción literaria, sino un soldado que sirvió en Aragón en los años en que Pasamonte hizo su novela. -Jerónimo fue soldado en Lepanto, como Cervantes. ¿Se conocieron? ¿Qué opinaba el uno del otro? -Hay cervantistas que aseguran ese La ofensa gratuita que le propinó Cervantes a Pasamonte (le había retratado en el Quijote de 1605 como Ginés de Pasamonte Ginesillo de Parapilla movió a Jerónimo a usurpar el argumento del Quijote en 1614 TEXTO: ANTONIO ASTORGA Los celos cervantinos Cervantes y Jerónimo de Pasamonte combatieron en Lepanto, pero en compañías y galeras distintas, en medio de una turbamulta, ambos por entonces sin relevancia personal alguna. Las descalificaciones con que ambos se obsequian acontecen de este modo: en Pasamonte, por haber sido injustamente tratado de galeote criminal, y en Cervantes, por la usurpación literaria que sufrió en 1614 por Jerónimo. El maltrato que le propina el autor del Quijote al creador del Quijote apócrifo mediante su personaje de Ginés de Pasamonte seguramente fue acción no meditada, quizá causada por los celos cervantinos al enterarse de que un soldado, también antiguo combatiente de Lepanto y que había padecido 18 de esclavitud, deambuló por Madrid con su Vida o Papeles de Turquía en busca de un premio de la Corona, que nunca llegó a obtener. Juan Antonio Frago mutuo conocimiento y otros que sólo lo juzgan probable. Ni en la Vida de Pasamonte ni en el Avellaneda hay nada que avale tal supuesto. Si se lee atentamente el Quijote de 1615 más bien parece todo lo contrario, pues maese Pedro, identificado con Ginés por su autor, se ve descrito con la mejilla izquierda y el ojo del mismo lado cubiertos por una venda. Siendo que Pasamonte había perdido la visión del ojo derecho, lo lógico es pensar que Cervantes hablaba aquí de oídas. -Jerónimo usurpó la obra del genio de Alcalá molesto por haber sido ridiculizado por Cervantes en un personaje ruin como el del galeote Ginesillo de Parapilla. ¿Por qué Cervantes lo acuchilla sin piedad? -Desde luego la ofensa que gratuitamente le había inferido Cervantes pudo mover a Pasamonte a apropiarse de su argumento literario, aprovechando la tardanza del contrario en dar continuidad a su novela. Pero Cervantes en 1615 parece arrepentirse de haber dado ocasión al atropello literario de Pasamonte. Al soldado aragonés poco le pudo gustar verse retratado en un infame Ginés de Pasamonte, por sus delitos condenado a galeras, siendo que Jerónimo de Pasamonte había remado en las naos turcas forzado, durante su larga y penosa esclavitud, que padeció por servir al Rey. ¿La apropiación literaria de Pasamonte movió a Cervantes a adelantar la segunda parte del Quijote? -Es lo que creen muchos cervantistas. Quizá había comenzado ya Cervantes la redacción de la segunda parte de su Quijote, y posiblemente la tenía ya muy adelantada, pero la aparición del apócrifo en 1614 sin duda lo obligó a terminarla cuanto antes. ¿Y espoleó al manco de Lepanto? -Indudablemente, entre otras cosas porque hubo de cambiar su línea narrativa para evitar la prevista entrada de don Quijote en Zaragoza, y quién sabe si los episodios de la ínsula Barataria y de la estancia del caballero andante y de Sancho en el palacio ducal. ¿No parte usted de una tesis de Martín de Riquer, que ya sospechó que Ginés era el soldado aragonés? -Martín de Riquer publicó en 1988 un libro para mí fundamental, en el cual se establecen con gran agudeza semejanzas idiomáticas y argumentales entre la Vida de Pasamonte y el Quijote de Avellaneda, y donde razonablemente se establece la identidad de este pseudónimo en el soldado aragonés, pero honestamente creo que en su obra faltan elementos de juicio que tiene la mía. El gran filólogo catalán prudentemente se atuvo a la aparición de nuevas pruebas.