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ABC SÁBADO 23 4 2005 57 Cultura y espectáculos Ayer falleció Eduardo Paolozzi, escultor y uno de los fundadores del pop art británico El Círculo de Bellas Artes fue ese lugar de La Mancha en el que se desarrolló una edición más, y van nueve, de la lectura continuada del Quijote Cervantes consiguió lo que pocos: unir al pueblo y a los políticos, con el presidente Zapatero a la cabeza El candidato de la triste figura TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Hay muchos lugares en La Mancha, pero ayer el primero, y de cuyo nombre, el Círculo de Bellas Artes, es bien fácil acordarse, fue la avanzada entre todos. Allí, una vez más, el Quijote fue puesto en boca de muchos (más de la mitad, políticos) y sus palabras se desgranan por turno, pidiendo la vez, página a página, hoja a hoja, como la más bella flor, la más bella margarita de la lengua castellana. Nobles y pebleyos, notables, sobresalientes y hasta algún suspenso (qué menguadas las mesnadas lectoras de la oposición) desfilaron por el estrado algo vencido ya el mediodía y casi atardeciendo en Sri Lanka, desde cuya capital, Colombo, y su Universidad, empezó la lectura, ya saben: En un lugar de La Mancha... Desde el otro lado del mundo, el caballero de la triste figura comenzaba una vez más su cabalgada anual, repleta, como siempre, de venturas, desventuras, palos por aquí, palos por allá, molinos por aquí, gigantes por allá. Antes, María Kodama, viuda y otrora Dulcinea de plata en las sienes de ese caballero andante de las esquinas rosadas que fue Borges había leído su Pierre Menard, autor del Quijote donde el argentino que quiso ser inglés desparramó su memoriosa sabiduría. Vueltos de Sri Lanka (Ceilán, en los viejos libros de caballería reino de Taprobana, y que Don Quijote quería conquistar porque en él abundaban como guijarros las perlas y los diamantes comenzó el desfile con orden y concierto (un aplauso para los que adoban organizativamente este complicado guiso) Ana González Arnáiz, la niña ganadora del concurso de lectura de 2004 demostró el porqué de su galardón, antes de que la socialista Carmé Chacón fuera la primera en rendirse an- te los encantos del quimérico manchego. Tras ella, una obviedad, la comparecencia de César Antonio Molina, director del Instituto Cervantes. También hubo que ponerse casi en posición de firmes cuando José Antonio García González, jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, leyó marcando perfectamente el paso y el ritmo de sus palabras las frases de su ilustrísimo y antiguo compañero de armas, aunque más parece que Cervantes fuese marine, perdón, infante de marina, allá en Lepanto. Voten a don Quijote Y luego, muchos políticos, aunque hay que señalar que es bien lógico que entre los invitados ilustres abunden, porque lo suyo no es leer, realmente, sino vender, porque un político siempre está en campaña electoral, aquí o en la mismísima ínsula Barataria. Y es que tras leer su párrafo, a la mayoría sólo les falta decir: Vótenlo, Don Quijote es el mejor Por eso, Rafael Simancas se empleó tan a fondo, como si enfrente tuviese a doña Esperanza o al mismísimo doctor Lamela, un chorro de voz y de energía el del político socialista madrileño: Mi descanso el pelear finalizó. El ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, se lo tomó con menos ardor, aunque una de sus frases podría dar lugar a algunas espe- culaciones en Ferraz: Pero tiempo vendrá en que las vuestras señorías me manden y yo obedezca Al cirujano Llamazares, que repartía carnés de identidad de Utopía antes de entrar en la Sala de Columnas del Círculo, por esas cosas de los turnos le tocó meter el bisturí en ese pasaje que culmina, precisamente, con Sancho harto de mítines y con el enfado que don Quijote le causaba con su arenga Después de comer pasaba por allí Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, mientras desde las páginas don Quijote nos ponía el corazón en un puño con sus sesenta ayes y ciento veinte suspiros A esas horas, también el pueblo, vestido de domingo, en líneas generales, y hasta con alguna bolsa del híper, tomaba la palabra. Y, al pie de la letra, se lo pasaba en grande. Leían y luego comentaban la jugada con sus compañeros de aventura. La edad de la inocencia No faltaron los niños, tampoco, que se acercan al archifamoso lugar de La Mancha con una ilusión y una sencillez admirables, como habría soñado don Miguel. Al fin y al cabo, qué es la caballería, sino la edad de la inocencia inacabada. También, desde el Centro Penitenciario número 5, otro lugar de La Mancha, pero en el que no suelen ser posibles las quimeras, un recluso de dulcísimo acento suramericano contribuyó emocionadamente a la causa del hidalgo, e igualmente una muchacha sordomuda, Paloma, que le puso sus mejores manos (y gestos) a la obra, o dos invidentes que leyeron en braille y, sobre todo, con el corazón. Tras este atracón fue necesaria la ingesta de una buena dosis del bálsamos de Fierabrás, sin que hasta el momento se tenga noticia de ninguna urgencia intestinal. Pero a eso de las seis de la tarde, y a fuer de ser sinceros, y con tres escudePasa a la página siguiente Un invidente, con su perro lazarillo, declama las palabras de Cervantes Simancas se empleó a fondo, como frente a doña Esperanza o al mismísimo consejero Lamela El Gobierno recluta a los Lunnis En una declaración oficial hecha pública ayer, el Gobierno ratifica que la cultura y la educación son una de sus primeras prioridades. Manifiesta su voluntad de extender y de ampliar el número de lectores y propone una medida para favorecer el hábito lector desde la más tierna infancia. Para que cada vez haya más niños lectores en este último ámbito, el de la familia en unos pocos días, en los programas de televisión que se despiden de los niños hasta el día siguiente, se invitará a los pequeños y a sus padres y madres a leer antes de dormir. Los niños también alzaron su voz desde el atril FOTOS: JULIÁN DE DOMINGO