Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 22 4 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Ahora, el ingenio parlamentario se lo comió el gato, y sus señorías, hoy, reproducen peleas de taberna. Y claro, ambos tienen razón EL RIFIRRAFE L debate en el Congreso de los Diputados sobre el tratamiento de benevolencia y permisividad al Partido Comunista de las Tierras Vascas ha provocado un rifirrafe parlamentario. Los representantes de ETA han sido salvados por Zapatero de la aplicación de la Ley de Partidos y han terminado por ocupar nueve escaños en el Parlamento vasco. Para justificar esa lenidad injustificable, Zapatero ha afirmado repetidamente esa zapaterina de la ilegalización preventiva y ha ocultado a las fuerzas políticas y a la opinión pública los informes decisivamente elocuentes de la Policía y la Guardia Civil. Claro está que ese es un argumento destinado por su propia naturaleza a calentar los ánimos de los diputados, mucho más porque la respuesta de Zapatero parecía pergeñada con un puñado de afirmaciones gratuitas y de opiniones jurídicas tan frívolas como engañosas. Al final, tras el primer cruce de preguntas y respuestas, entre los bancos de la derecha y los bancos de la izquierda se ha declarado un cruce de improperios, de vocablos fuertes, vamos, una animada batalla de flores De escaño a escaño volaban los denuestos y cuentan los testigos que estallaron en el aire parlamentario del templo de las leyes las palabras malsonantes. Los cronistas que he leído no reproducen tales palabras, pero ese silencio puede ser suplido fácilmente por la imaginación del lector. Los señores diputados se piropearían con entusiasmo a base de ponerse los unos a los otros de cabrones para arriba. Espectáculo bochornoso, claro. Si yo hubiese asistido a la escena como cronista parlamentario, que lo fui en los debates constitucionales, tal vez habría recordado aquella divertida sentencia de un juez asturiano, que hacía justicia por igual a las dos partes de un pleito. Juzgaba el magistrado en cuestión la marimorena organizada en un burdel de la ciudad, que comenzó en una pelea entre dos pupilas que se llamaban repetidamente puta la una a la otra, y que terminó en una trifulca en la que intervinieron pupilas, criadas, rufianes y clientes. Al considerar los hechos y llegar a los insultos cruzados, el buen juez concluía: En cuanto a lo de putas ambas tienen razón Más de una vez, en el Parlamento de esta democracia se ha echado en falta el ingenio que en otras épocas esmaltaba la esgrima dialéctica entre diputados. Parece que aquí nadie ha leído El arte de injuriar de Jorge Luis Borges, ni las crónicas parlamentarias de las Cortes de la Monarquía y del Parlamento republicano antes de que los debates y los insultos desembocaran en aquel su señoría morirá con los zapatos puestos y otras amenazas semejantes, desgraciadamente cumplidas. A don Juan de la Cierva le espetó en un debate don José Sánchez Guerra: ¿Pero qué se puede esperar de su señoría si es diputado por Mula? Efectivamente, La Cierva salía diputado por aquella circunscripción murciana. Don Juan respondió enseguida: Pues anda que de su señoría, que lo es por Cabra Porque Sánchez Guerra era egabrense y salía diputado por aquella ciudad. Ahora, el ingenio se lo comió el gato, y sus señorías reproducen peleas de taberna. Y claro, ambos tienen razón. E CARLOS HERRERA ¿Qué pasaría si propusiésemos que el alemán fuese idioma oficial en la Costa Brava habida cuenta de los muchos centroeuropeos que viven permanentemente en aquellos bellos parajes? Además de francófona, Cataluña debería ser germanófila DE DISPARATE EN DISPARATE OINCIDIENDO con la extraña peripecia de ERC en el Congreso a cuenta de la votación en contra de su propia enmienda a la Ley de televisiones digitales que está poniendo en marcha el Gobierno para obedecer las órdenes de su principal mentor mediático, hemos sabido que Maragall, por una parte, quiere que Cataluña sea francófona y que los de Esquerra, por otra, quieren que el árabe sea oficial en Ceuta y Melilla. Por tocar las narices, supongo. Lo de la televisión no deja de formar parte de ese espectacular sentido del mercadeo que tienen las formaciones pequeñas y nacionalistas cuando agarran a un grupo mayoritario por los cataplines del voto: los independentistas catalanes no tienen convicciones, tienen intereses, y en función de ellos montan o desmontan su parecer sobre aspectos concretos del devenir político. Si les hace falta presionar al Gobierno para conseguir, qué sé yo, papeles de Salamanca para los ayuntamientos catalanes, pues le meten una enmienda donde más les duele y juegan con apoyarla o retirarla según convenga. Así trabajan. Pero no es tal el objeto que me ocupa. La paranoia idiomática les lleva a utilizar las lenguas como objeto de afrenta, como elemento de insulto, de separación cultural, de diferenciación étnica. La ocurrencia estúpida de Maragall de meter a Cataluña en el área de colonias francófonas es tal desconsideración con su propia ciudadanía que huelgan más comentarios. Ni Cataluña es un Estado ni es francófona, pero da igual: todo sea con tal de no emparentarse con quien lleva años emparentado. Todo sea con tal de marcar diferencias, con tal de no ser lo que se es. Quiero imaginarme la cara de perplejidad del francés de turno al que Pascual El Integrador le haya espetado que él y los suyos quieren ser como Camerún o como cualquier otra colonia de las que forman esa comunidad de intereses: ¿Y usted qué pinta aquí? le habrá dicho. ¡Qué futuro más espléndido para Cataluña! Pero la perversión llega aún más allá cuando ERC ha C logrado que se debata en comisión uno de estos días su propuesta de que el árabe sea idioma oficial en lo que esta formación considera colonias africanas El bello y variadísimo idioma árabe no forma parte de las lenguas reconocidas por la Constitución española, que se sepa, pero a pesar de ello, los independentistas catalanes quieren que sea obligatorio en un territorio al que desprecian profundamente y por el que no moverían ni un solo dedo si mañana viniese el moro a prenderlo con sus huestes invasoras. Desmembrar España por donde sea es siempre un buen método para conseguir lo que se pretende como estación término. ¿Qué pasaría si propusiésemos que el alemán fuese idioma oficial en la Costa Brava habida cuenta de los muchos centroeuropeos que viven permanentemente en aquellos bellos parajes? Además de francófona, Cataluña debería ser germanófila. En Mallorca, sin ir más lejos, hay más alemanes que magrebíes en Ceuta o en Melilla: fíjense que oportunidad para pedir cooficialidades. El disparate forma parte biológica de la actividad de todos estos ejemplares de la política. Se nos antoja la pregunta de cuál es el papel que Maragall guarda para el castellano en este nuevo ordenamiento escénico de la enseñanza en Cataluña. Si la entrada virtual en este selecto club que anteayer fue objeto de negociación con el ministro de Exteriores francés supone reinstaurar la preeminencia del francés en los planes de estudio- -no digo yo que esté mal- ¿en qué lugar quedaría la enseñanza del español? ¿Volveríamos al viejo sueño pujolista de que los niños estudiasen ese idioma viendo los telediarios de Antena 3 o de TVE y dejasen espacio libre para lenguas más propias Pocos consuelos quedan después de tanta tontería. Entre unos y otros van a acabar consiguiendo que desechemos la idea de que tenemos algo que ver. Puede que sea eso lo que pretenden, claro. www. carlosherrera. com