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18 Benedicto XVI, nuevo Papa JUEVES 21 4 2005 ABC Joseph Ratzinger Entrevista GIOVANNI MARIA VIAN Catedrático de la Universidad de La Sapienza Su imagen de feroz inquisidor es sólo una burda caricatura Los cardenales no sólo han elegido al gran intelectual, sino también al mejor Pastor afirma el profesor Giovanni Maria Vian. A su juicio, es un hombre que está en disposición de avanzar en la senda del ecumenismo, ampliando el diálogo con las otras confesiones En las fechas anteriores al Cónclave, Giovanni Maria Vian, catedrático de filología patrística en la Universidad de La Sapienza y miembro del Consejo Juan Manuel Pontificio de Ciencias de Prada Históricas, apareció Enviado especial. Roma para guiarme entre el tumulto de pronósticos contradictorios. Para alguien como yo, poco versado en los intríngulis vaticanos, su ayuda y su generosidad han resultado providenciales. Giovanni Maria Vian me auguró desde un principio que el sucesor de Juan Pablo II sería el cardenal Ratzinger; incluso cuando las primeras fumatas negras hacían prever que su candidatura podría haber fracasado, Vian me aconsejó que centrara mis crónicas en el Decano del Sacro Colegio. Hoy, Giovanni Maria Vian, aunque exhausto después de escribir tropecientos artículos para la prensa italiana, es un hombre feliz y convencido de que el Papado de Benedicto XVI será fructífero e iluminador para la Iglesia. Me he acercado hasta su casa, aledaña de la que ha ocupado durante años, para compartir con los lectores de ABC sus reflexiones, tan atinadas como clarividentes. -Al final se cumplieron tus previsiones, Giovanni. -No eran previsiones, amigo Prada, sino certezas. No había otro cardenal de su estatura; sobrepasaba a los demás con mucho, principalmente como intelectual y como teólogo, pero también como hombre espiritual. Desde tiempos de Pío XII no se producía una elección tan rápida. Pero entonces era otro tiempo muy distinto: las nubes de la guerra se estaban cerniendo sobre Europa y Pacelli era un hombre experimentado en la Secretaría de Estado. A Ratzinger lo han elegido porque era el hombre de más prestigio del Colegio, pero también porque los cardenales estaban convencidos de que era el más adecuado para suceder a Pedro. No se equivocaban. Esta misma mañana he tenido que hacer cola en una consulta médica y tuve ocasión de escuchar la conversación de dos mujeres que me precedían, dos señoras que se mostraban muy impactadas por los ojos buenos de Ratzinger. La gente sencilla tiene este don intuitivo. Los cardenales no sólo han elegido al gran intelectual, sino también al mejor Pastor. -Sin embargo, se ha repetido que la experiencia pastoral de Benedicto XVI es más bien escasa. -Es cierto que no ha ejercido mucho esta faceta. Pablo VI lo designó Arzobispo de Munich en marzo de 1977, cuando acababa de cumplir los cincuenta años; a los pocos meses, concretamente el 27 de junio, lo nombró cardenal. Aunque después su vida haya estado muy ligada a Juan Pablo II, nadie podrá negar que el Cónclave ha elegido a una criatura de Pablo VI. intelectuales, como cuerpo han sabido estar a la altura de su responsabilidad. Por lo demás, creo que Benedicto XVI va a causar grandes sorpresas, porque es un hombre capaz de dialogar con todos. Siempre, claro está, desde el rechazo al relativismo imperante hoy. No olvidemos que su lema ha sido Cooperatores veritatis -Sin embargo, se le presenta como un feroz inquisidor. -Esa imagen es una burda caricatura. Nadie que se haya tomado la molestia de leerlo podría afirmar semejante estupidez. Es evidente que es un teólogo muy sólido, que dice las cosas con absoluta claridad, sin miedo a las reacciones adversas. Pero al mismo tiempo es un hombre que está en disposición de avanzar en la senda del ecumenismo, ampliando el diálogo con las otras confesiones. ¿Crees que establecerá una continuidad con el papado de Juan Pablo II? -La continuidad se mostrará, sobre todo, en los grandes temas. En su homilía de la Capilla Sixtina ante los cardenales ha hablado de comunión colegial, al servicio de la Iglesia y de la unidad en la fe, de la cual depende en notable medida la eficacia de la acción evangelizadora en el mundo contemporáneo. Se le ha criticado que haya elegido un nombre que evoca a Papas anteriores al Concilio, pero en esa misma homilía ha hablado del Concilio Vaticano II como brújula para guiarse, citando las palabras de su predecesor. Ha hablado de diálogo teológico y de purificación de la Iglesia, algo que enlaza con sus severas palabras en el último Vía Crucis. Ha reafirmado, en la estela de su predecesor, su voluntad de ecumenismo. No creo, en cambio, que sea tan viajero como Juan Pablo II. Pero Navarro ya ha anunciado que su primer viaje podría ser a Polonia, lo cual constituye un homenaje de admiración y cariño a Juan Pablo II. Se había dicho que, a pesar de ser mayor que él, Juan Pablo II se consideraba un discípulo del nuevo Papa en el plano teológico. Y, en efecto, Wojtyla era, más que teólogo, un filósofo y un pensador místico, providencial; Ratzinger, en cambio, encarna al profesor alemán, de inteligencia muy bien estructurada, lo cual no quiere decir en absoluto que sea rígido. Ha escrito centenares de artículos que son el fruto de clases, conferencias o debates con laicos e incluso con no católicos; en muchos de Miniaturas medievales -Veo que concedes mucha importancia a este detalle simbólico. -Es que es un maravilloso signo de la continuidad de la Iglesia. Y hay otro detalle que me gustaría resaltar. En el momento en que el nuevo Papa salió al balcón central de la basílica de San Pedro, por primera vez en época reciente, aparecieron en los balcones laterales una gran cantidad de cardenales. La imagen me recordó, por su belleza, ciertas miniaturas medievales. En esa imagen se cifraba la colegialidad de la Sede Romana, que aunque es regida por un solo hombre, no es de un hombre, sino del entero colegio cardenalicio. -Me temo que la noticia de la elección no ha sido acogido con tanto alborozo en círculos progresistas... -Ha habido, en efecto, una información bastante tendenciosa, durante el período de Sede Vacante, dirigida por los progresistas. Tras la homilía del lunes, los progresistas se relamían: Ah- -decían- Ratzinger se ha quitado la máscara; ha mostrado su faz de terrible conservador. No resultará elegido A la postre, sus predicciones se han mostrado vacuas y carentes del más mínimo sentido de la realidad. Los cardenales no se han dejado influir por esta propaganda. A pesar de que individualmente no son grandes esos artículos se ve cómo modifica su postura, en base a lo que ha escuchado. Es hombre de claridad, pero no de rigidez. No es expansivo, sino más bien tímido, pero muy afable e irónico. Muchas veces me lo tropezaba en la plaza de San Pedro; iba vestido como un antiguo curial, con sotana y boina negra y una vieja cartera de cuero. Yo lo saludaba inclinando la cabeza, y él me respondía con otra inclinación, sonriendo. Nueva evangelización de Europa ¿Cuál crees que será la máxima preocupación de su Papado? -Ratzinger desea una nueva evangelización de Europa; desea que se vuelva a predicar el Evangelio en un continente que se está descristianizando a una velocidad de vértigo. La elección del nombre es simbólica: es el hombre bendito. Viene a nuestra mente Benedicto XV, el Papa de la paz y de las misiones. Benedicto XVI no puede ser una mala copia de Juan Pablo II y quiere comunicarlo con un nombre sencillo. En su obra más importante, Introducción al cristianismo el nuevo Papa hace un comentario al Símbolo Apostólico, una fórmula de fe muy antigua, más antigua que el Credo de Nicea. Repensar los fundamentos de la fe, ese será su principal caballo de batalla. -Se ha dicho también que es un hombre pesimista. -Escribió su tesis sobre San Agustín, de quien puede haber heredado cierto pesimismo antropológico, aunque de raíz cristiana, por supuesto; y compensado, además, por su magnífico estudio de San Buenaventura, que tiene una visión de la historia más armónica que San Agustín. Pero un hombre de fe no Benedicto XVI va a causar grandes sorpresas, porque es un hombre capaz de dialogar con todos. Siempre, claro está, desde el rechazo al relativismo imperante hoy