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ABC JUEVES 21 4 2005 Benedicto XVI, nuevo Papa 15 Pensamientos Joseph Ratzinger La búsqueda de la verdad es su pasión. Se ha de estar siempre dispuesto a explicar por qué se cree. La fe no es puro decisionismo escribió el nuevo Papa Un pensador original, profundo y abierto JOSÉ GRAU EPA do en aquellas tierras germánicas emergió con fuerza la figura del ahora Benedicto XVI. El profesor Ratzinger advirtió en toda su radicalidad que la creciente secularización que se extendía en la cultura de Occidente- -y cuyas raíces ideológicas él mismo ha contribuido de manera egregia a identificar y describir- pretendía apoyarse, paradójicamente, en las propuestas renovadoras del Concilio. No todos fueron conscientes de esta realidad, o no tuvieron el valor de decirlo. Otros estaban, sencillamente, dentro del oleaje. La cuestión que estaba en el fondo del drama era, en efecto, la interpretación del Concilio, sobre todo a la hora de comprender la posición del cristiano en la historia y las relaciones entre la Iglesia y el mundo. A Ratzinger el tema se le presentaba con la máxima gravedad precisamente por haber sido él uno de los propugnadores más constantes de la necesidad de una profunda renovación de la teología católica: lo que en el lenguaje de la época se llamaba un teólogo de van- guardia Y lo era. Es esa radical vanguardia de la fe la que lleva al teólogo a arrostrar la impopularidad de no plegarse a lo políticamente correcto El teólogo que trabaja humildemente desde la fe de la Iglesia y se deja embargar por ella, está siempre en la avanzada. Por eso, si hay algo que en estos días que siguen a la muerte de Juan Pablo II me ha sorprendido especialmente es el oír calificar al cardenal Ratzinger, una vez y otra, de teólogo inquisidor y reaccionario. Sólo puede hablarse así desde la fuerte caída del pensamiento que se observa de manera creciente en muchos sectores de la cultura hegemónica; pero sobre todo, desde un olvido o desconocimiento de los parámetros en que se mueve la fe cristiana. No es difícil intuir que, en su pontificado, Benedicto XVI hará a la Iglesia y al mundo una propuesta de escandalosa novedad: el Evangelio de Jesucristo. Espero que no sea un Papa, por decirlo con el lenguaje al uso, ni conservador ni progresista, sino todo lo contrario: radical. A Joseph Ratzinger se le vienen colgando una serie de sambenitos sorprendentes: inquisidor, inflexible, retrógrado, azote de teólogos innovadores... ¡hasta cierta debilidad por lo nazi! En pocas personas como sobre el nuevo Papa se dan errores de juicio tan clamorosos. Cualquiera que se haya tomado la molestia de leer sus libros, cualquiera que haya tenido la oportunidad de hablar con él, cualquiera, en definitiva, que le conozca mínimamente, se convence enseguida de que es una mente abierta como pocas, de que es, probablemente, una de las mentes auténticamente privilegiadas de nuestro tiempo. Tengo sobre la mesa 15 libros de Ratzinger, la mayoría en alemán. Todos los he leído y aun releído con enorme placer. Lo conocí en Viena. Nunca olvidaré su manera tranquila, sumamente educada de tratar a los periodistas. Ni su forma de hablar y argumentar, sencillamente impecables. Pero mejor entremos en materia. Uno: ¿se puede afirmar con fundamento que hay un Ratzinger al borde de la herejía antes del Concilio Vaticano II, en una cuestión como el purgatorio, por ejemplo, y un Ratzinger que evoluciona hacia posturas clásicas más adelante? Dos: ¿es inflexible o más bien, como los grandes teólogos, antes de señalar lo malo o lo erróneo descubre lo positivo que pueda haber, por ejemplo, en una doctrina como la Teología de la Liberación? Finalmente: ¿cabe sostener que Ratzinger no era tomista y que con el paso del tiempo ha tenido que ir haciéndose tomista? Ratzinger siempre ha sido un teólogo muy competente y avanzado, pero nunca ha rozado la heterodoxia. Como muy bien ha señalado el profesor Alejandro Llano, adelantó tesis que, en su momento, sonaban un tanto extrañas, pero que después, en la mayoría de los casos, han sido pacíficamente aceptadas por el magisterio En sus obras, como Iglesia, ecumenismo y política se descubre enseguida su postura sincera y flexible En escatología, sobre el purgatorio por ejemplo, adelantó tesis que en su momento sonaron extrañas de la Iglesia. En la medida en que fue preciso, él mismo rectificó Las posturas suyas que a ciertas personas les parecieron inquietantes se encuentran en el campo de la escatología (conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida de ultratumba) Para Ratzinger, ni el cielo, ni el infierno, ni el purgatorio son lugares, sino más bien estados o situaciones. Pero esto es algo que ya ha penetrado en la conciencia católica y no tiene nada de heterodoxo. O sea, que para teológicamente moderno Ratzinger. Vayamos a la segunda pregunta. Basta leer grandes obras suyas, como Introducción al cristianismo Iglesia, ecumenismo y política o Esencia y tarea de la teología para cerciorarse enseguida de que su postura es abierta y positiva. Como hacía Santo Tomás de Aquino, como hacen las mentes verdaderamente admirables, antes de desechar un raciocinio, trata de estimar lo que hay en él de admisible o lo que supone alguna aportación. Ratzinger se ha empeñado como pocos en comprender la Teología de la Liberación. Sabe que en la tradición bíblica a la salvación se le llama liberación no sólo del pecado, sino también de los poderes temporales del mal. Si el mal, especialmente la injusticia, es tan permanente y generalizado, hay motivo- -según la Teología de la Liberación- -para pensar que no depende sólo de las personas, sino sobre todo de las estructuras sociales, que se convierten en estructuras de pecado. Ratzinger da la razón en ese punto a los teólogos de la liberación. Pero ellos dan un paso más, y mantienen que la liberación sólo podrá venir por la actividad política de signo revolucionario, de acuerdo con los planteamientos científicos del marxismo. Y aquí es donde discrepa Ratzinger, y cualquier católico bien formado. O sea, que para flexibilidad, diálogo y apertura de mente, Ratzinger. En Mi vida el ahora Benedicto XVI escribe: Tuve más bien dificultades en el acceso al pensamiento de Tomás de Aquino, cuya lógica cristalina me parecía demasiado cerrada en sí misma, demasiado impersonal y preconfeccionada Tuvo dificultad, pero accedió. Y de paso estudió profundamente a San Buenaventura, San Agustín, la patrística y la teología medieval. Ha estado siempre abierto a la metafísica realista y se ha opuesto al relativismo ético. Domina la fenomenología, la hermenéutica y el personalismo. ¿Se puede ser más completo?