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10 JUEVES 21 4 2005 ABC Benedicto XVI, nuevo Papa Los cardenales Scola y Schönborn lideraron durante el Cónclave la elección de Ratzinger El Concilio Vaticano II y el ecumenismo serán los pilares de su pontificado mano fuerte de Juan Pablo II que estrecha la mía y me dice: No tengas miedo aseguró el Santo Padre en su primer mensaje a los cardenales JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. Aunque todo lo sucedido en el Cónclave sigue siendo secreto, varios participantes en la elección de Benedicto XVI sugirieron que la candidatura de Ratzinger fue la más fuerb Siento la te desde el principio y ganó apoyos con rapidez hasta superar ampliamente los dos tercios de los votos, lo cual supone el respaldo de grandes electores rivales. Purpurados de gran prestigio, como Angelo Scola y Christoph Schönborn, que han sido sus alumnos, y el cardenal Camillo Ruini, que se considera como tal, lideraron la elección de Ratzinger como Papa y lograron impedir, así, que asumiese el papel de gran elector a favor de otro candidato. Ante los frescos del Juicio Final, el primer mensaje de Benedicto XVI al término ayer de la misa en la Capilla Sixtina confirmó a los cardenales que habían acertado plenamente eligiéndolo el martes por un consenso abrumador. El nuevo Papa señaló el Concilio Vaticano II y la unión de los cristianos como banderas de un pontificado que inicia en clave de humildad. Por la mañana, acudió a saludar a sus antiguos colaboradores en la Congregación para la Doctrina de la Fe y quitó los sellos al apartamento del Papa, aunque, de momento, seguirá residiendo con los cardenales en la Casa Santa Marta. Por la tarde se fue a su antigua casa, cerca del Vaticano, a recoger sus libros y efectos personales. Puerta por puerta, fue saludando a sus antiguos vecinos, en su mayoría cardenales, incluido el colombiano Darío Castrillón, que relata: Me lo encontré cuando yo bajaba en el ascensor y él subía las escaleras Los 78 años de Benedicto XVI le impedirán viajar tanto como su predecesor, pero ayer dejó claro que no va a quedarse encerrado en el Vaticano. La sencillez de un gran purpurado Cada gesto, pequeño o grande, en la primera jornada de trabajo del nuevo Papa confirmaba la sencillez y, al mismo tiempo, la grandeza del purpurado elegido en menos de 24 horas para suceder al gigantesco Juan Pablo II. El cardenal Christoph Schönborn comentó que a las siete y media de la mañana, cuando estábamos desayunando en el comedor, nos sorprendió verlo llegar, por primera vez, vestido sólo de blanco. Nos fue saludando uno por uno y se puso a desayunar con nosotros Benedicto XVI les invitó a concelebrar la misa en la Capilla Sixtina, en los mismos lugares utilizados durante las votaciones. Como es tradicional, en lugar de la homilía, el nuevo Papa leyó en latín, al final de la misa, su primer mensaje a los fieles católicos y al mundo. Sus llamativas ojeras revelaban el enorme peso que asumió con el sentimiento de no estar a la altura de esta responsabilidad pero, al mismo tiempo, con profundo agradecimiento a Dios y la certeza de que Juan Pablo II le ayuda desde el cielo. Me parece sentir- -dijo- -su mano fuerte que aprieta la mía. Me parece que veo sus ojos sonrientes y escucho sus palabras, que en este momento me dicen: No tengas miedo Joseph Ratzinger había entrado en el Cónclave confiando en que elegirían a otro, pero sorprendiendo todas mis previsiones, la Providencia divina, a través del voto de los venerados cardenales, me ha llamado a suceder a este gran Papa tarea que asume con humilde abandono en manos de la Providencia y suplicando la oración de todos los fieles. El mensaje, emotivo y espiritual, presentó como línea maestra del pontificado la aplicación del Concilio Vaticano II, que su predecesor había definido como brújula del Tercer Milenio Propuso también realzar este Año de la Eucaristía dedicando una mayor solemnidad a la fiesta del Corpus Christi y dando mayor relieve eucarístico a la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia, en agosto, y al Sínodo de Obispos, en octubre. Trabajo sin descanso En tono grave, Benedicto XVI asumió como empeño primario, el de trabajar sin descanso para reconstituir la plena y visible unidad entre todos los seguidores de Cristo, sabiendo que no basta con manifestar buenos sentimientos. Son necesarios gestos concretos que lleguen a las almas y muevan las conciencias Hace falta diálogo teológico y Benedicto XVI celebró ayer una misa en la Capilla Sixtina POOL