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ABC JUEVES 21 4 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Para el PNV y para el País Vasco, el plan Ibarreche y el lendakari son un problema que seguramente requiere cirugía. Agur, Ibarreche AGUR, IBARRECHE A DARÍO VALCÁRCEL No se debe disparar desde las páginas de los periódicos contra los servicios de inteligencia. Hemos visto con estupor como en España se practica este raro deporte, propio del Tercer Mundo, nocivo y gratuito ASUNTOS INTOCABLES O se debe disparar desde las páginas de los periódicos contra los servicios de inteligencia. Hemos visto con estupor como en España se practica este raro deporte nocivo y gratuito, propio del Tercer Mundo. Nocivo por el daño que ciertas revelaciones periodísticas, arbitrarias, pueden causar a la seguridad general. Gratuito porque es gratis disparar a lo que se mueve, sin percatarse antes de quien sea el sujeto en movimiento. En la España democrática, como en Gran Bretaña, Francia o Alemania, los servicios de inteligencia están sometidos a un triple control: parlamentario, del poder ejecutivo y del judicial. En España un magistrado del Tribunal Supremo debe aprobar previamente toda actividad de los servicios que roce el artículo 18 de la Constitución, donde se establecen las garantías de inviolabilidad de domicilio, derecho al honor, secreto de las comunicaciones. La Comisión Delegada del Gobierno para asuntos de inteligencia es responsable del seguimiento político mientras que una comisión parlamentaria, restringida y reservada, sigue día a día las actividades de los servicios, sus planes y gastos reservados. Como contrapartida de este sistema de garantías existe una ley no escrita, pero cumplida a rajatabla en Londres y en París, en Washington y en Otawa, en Berlín y Madrid: no se dispara contra los servicios desde los periódicos ni desde otros medios. Entre otras razones porque los servicios no pueden defenderse. Y es feo atacar a quien no se puede defender. Los países del Tercer Mundo no tienen servicios, o los tienen tan ineficaces y corrompidos que puede darse el caso de que trabajen incluso contra el Estado que los paga, recuérdese lo ocurrido a Rafael Leónidas Trujillo antes de su visita a Madrid y su entrevista con Franco. Las democracias serias- -europeas, americanas, ja- N ponesa u otras- -trabajan sobre la base de un entendimiento con sus periódicos y medios de comunicación de modo que no haya juego sucio. Las fuentes utilizadas por los servicios se consideran inviolables. La indiscreción calculada de la Casa Blanca hace dos años, al revelar el nombre de una colaboradora sometiéndola a grave peligro dejó muy mal recuerdo en la comunidad de inteligencia, además de dañar gravemente la imagen de George W. Bush. Se trataba de la mujer de un diplomático a la que la CIA mantenía contratada. La agente había revelado la falsedad de las pruebas supuestamente halladas en Níger contra Sadam Husein y sus proyectos de fabricar armas nucleares. El trabajo de los servicios debe ser respetado, más todavía en los tiempos que corren. Aunque los fallos de los servicios españoles, cometidos durante la transición, se lavaran drásticamente en los periódicos. Eso se puede hacer una sola vez, excepcionalísimamente. No hay democracias modernas si no son defendidas por sus servicios de inteligencia. Algunos episodios sucedidos en España, en los que se mezcla a Allekema Lamari, muerto en el asalto a Leganés, marca el grado de gravedad de algunas filtraciones difundidas. Lamari era quizá el primer cerebro de los atentados del 11 de marzo de 2004. El CNI advirtió de sus planes el 6 de marzo. Por razones que no analizaremos aquí, otras fuerzas de seguridad no creyeron en esa advertencia, trágicamente demostrada poco después. Todo puede echarse a rodar por la superficialidad de un reportero que se cree Dios. O por la indolencia de la dirección de un diario, sin suficientes mecanismos de control y verificación. Ese proceder puede poner en peligro la captura de un comando. Si España quiere mantenerse en el puesto que ha llegado a alcanzar en los últimos veinte años, debe aprender a callar. Sólo en este asunto. Pero callar. HORA, que ya habemus papam, vamos a ver si habemus lendakari. No parece acontecimiento de fácil previsión ni se puede aventurar un nombre seguro. Oscuro e incierto se presenta el reinado de Witiza y Witiza, aquí y ahora, se llama Juan José Ibarreche. El lendakari del famoso plan que lleva su nombre es el gran derrotado en las elecciones autonómicas. Cuando escuché en televisión su discurso histérico, casi frenético, durante la noche del recuento de votos, comprendí que aquel sujeto era consciente de que las urnas lo habían machacado. Las urnas, ya se sabe, juegan estas malas pasadas. A veces, los escrutinios son como un paredón político donde quedan fusilados algunos prestigios democráticos, allí tendidos y desangrados. Será problemático que, tras perder cuatro escaños y ciento cuarenta mil votos, Ibarreche se mantenga en la presidencia del Gobierno del País Vasco. No es suceso para que yo lo lamente. Ibarreche no se considera español y no quiere serlo, y cuando ya no tenga relación alguna con España, como extranjero no me producirá la menor curiosidad. El personaje queda retratado con tanta fidelidad como inmisericordia en estos trazos que José Antonio Zarzalejos inscribe en su imprescindible libro Contra la secesión vasca: En realidad, Ibarreche es el resultado, en cuanto biotipo político, del nuevo PNV que ha abandonado las referencias históricas- -especialmente las de los años cincuenta y sesenta- que ha sido conducido durante los últimos veinte años por un Xavier Arzalluz tremendista unas veces, pactista otras, pero que, sobre todo, ha convivido con inmoral naturalidad con el terrorismo de ETA El plan Ibarreche ha naufragado en un remolino de votos. El soberanismo secesionista de Ibarreche no ha recibido lasbendiciones delnacionalismo que el lendakari esperaba en forma de referéndum disfrazado. Eso se llama fracaso, y es el fracaso, no ya de una jugada más de la partida, sino de un órdago que él quiso lanzar con solemnidad de reto definitivo. Trajo a Madrid el parto histórico y lo dejó en el Congreso de los Diputados como la expresión sagrada de la voluntad soberana del pueblo vasco. Y la voluntad del pueblo vasco le ha pinchado el globo en las electorales narices. Ahora se ve que de las urnas ha salido un rompecabezas de difícil ajuste. Tres opciones se le presentan al fracasado lendakari: gobernar aliado con los socialistas, abrazarse a los representantes políticos de la banda etarra: el Partido Comunista de las Tierras Vascas, o intentar gobernar desde la minoría. Los socialistas no le quieren de lendakari. La alianza con los criados del terrorismo supondría la muerte política del PNV como nacionalismo pacífico. Y gobernar en minoría es pretensión imposible para Ibarreche porque tendría que contar unas veces con los socialistas, que no están por la labor, y otras veces con los proetarras arrostrando las indeseables consecuencias de su ayuda. Para el PNV y para el País Vasco, el plan Ibarreche y el lendakari que lo parió se han convertido en un problema que seguramente requiere la intervención quirúrgica de su partido. Agur, Ibarreche.