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22 Benedicto XVI, nuevo Papa MIÉRCOLES 20 4 2005 ABC Joseph Ratzinger Júbilo en San Pedro Decenas de miles de fieles abarrotaron la Plaza de San Pedro para escuchar el ¡Habemus Papam! y recibir al nuevo Pontífice en una ceremonia plena de emoción ...Y Roma volvió a encontrarse con la historia JESÚS BASTANTE, ENVIADO ESPECIAL ROMA. 17.50 horas. El tiempo se detiene en San Pedro. Y en todo el mundo. De la fallona chimenea situada sobre la Capilla Sixtina (que ya por la mañana había dibujado un panorama incierto, por dos veces, sobre el resultado de las votaciones) comienza a salir humo blanco. Inmediatamente, los aledaños de la basílica se llenan de gente. Durante cinco minutos, dudas, carreras, llamadas, gritos... se suceden sin parar entre los periodistas, los fieles y los propios servicios de seguridad. Niños, ancianos, hombres y mujeres de distintos países, hablando distintas lenguas, en una suerte de torre de Babel que busca una respuesta: ¿Qué es lo que ha pasado? ¿De qué color es el humo? Pocos minutos antes de las seis, no queda ninguna duda, y el humo salía intensamente blanco por el tejado de la Sixtina: Habemus Papam! Confirmación y estallido A las 18.02, llega la confirmación en forma de repique intenso de campanas. Banderas de más de una treintena de países se alzan al viento de Roma, varias pancartas se despliegan ¡No tengáis miedo! primer grito del Pontificado de Juan Pablo II y premonición de un Papa que continuará con la misión llevada a cabo por el Papa polaco; y Polonia, siempre fiel son las más destacadas) y varios grupos de jóvenes comienzan a aplaudir. Una decena de religiosos entona un canon, mientras que, desde el fondo, comienzan a avanzar los sonidos de guitarras, tambores y cornetas. Tras el pesar por la muerte de Wojtyla, por fin, la plaza de San Pedro volvió a sentirse viva, alegre, dichosa: el mundo tenía un nuevo Papa. 18.25, el público estalla. Una cabeza parece asomarse al balcón central de la basílica, desde donde, minutos después, el elegido será presentado a la ciudad y al mundo. A las 18: 35 la gente no puede más y comienza a aplaudir de modo frenético, rítmicamente, reclamando ¡que salga de una vez! Se empiezan a escuchar los primeros ¡Viva el Papa! y todos los allí congregados musitan diversos nombres. ¿Quién será el elegido? La marea de brazos es absolutamente indescriptible. Muchos de ellos llevan allí toda la mañana, y pasaron íntegra la tarde del lunes, en la que hasta última hora no se supo que el humo había sido negro. A las 18.43, se abren las ventanas del balcón de las bendiciones. Cuando el cardenal protodiácono, el chileno Jorge Arturo Medina Estévez, sale al balcón y anuncia, por primera vez en la historia, la elección del nuevo Papa en italiano, español, francés, inglés y alemán, la plaza de San Pedro estalla en una estremecedora ovación. Pero lo mejor está por llegar: Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam! Eminentissimus ac Reverendisimum Dominum, Dominum Joseph y cien mil almas, esta vez sí, rompen el nublado cielo de Roma. ¡Ratzinger, Ratzinger, Ratzinger! Una solitaria bandera alemana se agita, briosa, mientras acapara todas las miradas, hasta la del cardenal chileno, visiblemente emocionado. Sibi nomem imposuit Benedictum XVI Joseph Ratzinger, al salir al balcón a saludar a los fieles ¡Benedetto! ¡Benedicto! ¡Benedetto! ¡Benedicto! Italianos y españoles son, sin duda, los más ruidosos, mientras que el grupo de religiosos que anteriormente entonaba su canon se ha arrodillado y reza, en silencio, ajeno al enorme bullicio que aumenta por momentos alrededor. San Benedicto fue uno de los grandes reformadores de las órdenes religiosas en el medievo, y uno de los referentes a la hora de construir la civilización europea recuerda un teólogo y periodista alemán, todavía impactado por la noticia del nombramiento del ya ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Un Papa del Viejo Continente era necesario en estos momentos de construcción de la Unión Europea 18.48 horas. El Colegio de cardenales se asoma a los balcones laterales de San Pedro. La multitud agita banderas, manos, paraguas, sombreros... Desde el centro de la plaza se tiene la sensación de encontrarse en el centro de la Tierra, y de algún modo es cierto. Todo el mundo mira a Roma, a ese balcón donde ya cuelga el escudo vaticano y donde, segundos después, aparece Joseph Ratzinger, ya y para siempre Benedicto XVI. Absolutamente radiante, y ya vestido como Santo Padre, el Papa número 265 17.50 horas. El tiempo se detiene en San Pedro. De la chimenea empieza a salir humo blanco A las 18: 58, apenas diez minutos después de haber salido al balcón, el Papa se retira El júbilo presidió las reacciones de los fieles de la historia de la Iglesia, alza las manos una y otra vez y las une en señal de agradecimiento. Desde tan privilegiada atalaya, observa a decenas de miles de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, religiosos, sacerdotes y sobre todo seglares, imagen de la Iglesia cuyas riendas ayer por la tarde aceptó llevar. El fiel acompañante de Juan Pablo II trata de hablar, pero los gritos y aplausos se lo impiden durante varios minutos. Finalmente, lo- AFP gra pronunciar un Queridos hermanos y hermanas y toda la ciudad, todo el orbe, cae en un profundo silencio. Incluso, por un instante, parecen desaparecer los flashes y vuelve a escucharse el sonido de las fuentes en San Pedro. Sus primeras palabras, de reconocimiento al gran Papa Juan Pablo II resucitan al pueblo romano, que confirma que, con el nuevo Pontífice, la beatificación del Papa polaco será una realidad