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20 Benedicto XVI, nuevo Papa MIÉRCOLES 20 4 2005 ABC Joseph Ratzinger Júbilo en San Pedro Es un espectáculo incalculablemente hermoso sumarse a esta plegaria efervescente que se rompe en el alambre de un grito: Habemus Papam La littera canina Por la mañana, en la Plaza de San Pedro, varios lectores de ABC me asaltan, solicitándome que refiera menos sucintamente los orígenes de la tradición roJuan Manuel mana a la que aludía en de Prada mi crónica de hace un Enviado especial. Roma par de días, según la cual la letra R ejercería una influencia invencible sobre la elección papal, pues es la que más veces se repite en los apellidos de los pontífices. De dicha tradición tuve noticia leyendo Adriano VII la novela del Barón Corvo que ya hemos comentado; posteriormente, he llegado a recolectar algunos datos chocantes o superferolíticos que a continuación les expongo. Al parecer, la vigencia de dicha superstición se remonta a la Edad Media, aunque ha sido durante los siglos XIX y XX cuando ha congregado más credulidades; naturalmente, los vaticanistas más probos no le reconocen mayor veracidad que a las fábulas de las viejas (anicularum lucubrationes) pero lo cierto es que, si analizamos los apellidos de los cardenales que accedieron al Papado más recientemente descubrimos que la letra R se presenta en Pontífices alternativos: Ferretti (Pío IX) Pecci (León XIII) Sarto (Pío X) Della Chiesa (Benedicto XV) Ratti (Pío XI) Pacelli (Pío XII) Roncalli (Juan XXIII) y Montini (Pablo VI) La secuencia se interrumpió, sin embargo, con el malhadado y brevísimo Juan Pablo I; los más furibundos adeptos de estas álgebras del azar postulan que el infortunio que perseguía a Luciani podría estar originado, precisamente, en que su elección contrariaba el misterioso influjo de la letra R. A Luciani le siguió otro cardenal sin R, Wojtyla, que ahora debería ceder el testigo a un cardenal ladrador esto es, a alguien en cuyo primer apellido figure la que los antiguos designaban littera canina, porque su sonido imita el gruñido de un perro. El influjo de la R sobre las elecciones papales no se detiene ahí, sin embargo. La superstición especifica que los cardenales cuyo apellido se inaugura con la littera canina tienen aún más posibilidades de resultar agraciados en turnos alternos que los que simplemente la incluyen, más o menos agazapada, entre otras letras de fonética menos rasposa; así, por ejemplo, Ratzinger, Ruini o Rodríguez Maradiaga contarían con más boletos en esta rifa alfabética que Lustigier, Schoenborn o Bergoglio. Pero lo que convierte a un cardenal en papable máximo (y, lo que, en cierto modo, compensaría la ruptura de la tradición perpetrada con la elección de Luciani) es la confluencia de dos circunstancias casi imposibles: que su apellido se inicie y se concluya con la littera canina. Aplicado este rocambolesco sistema de escrutinio al actual Sacro Colegio- -explico a mis cordiales oyentes- el único cardenal con opciones a ocupar la silla de Pedro sería su Decano, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, monseñor Joseph Ratzinger. Angelote bueno Pero aún hay más. Para que la littera canina pueda ejercer su influjo sobre la decisión final del Sacro Colegio es preciso que se establezca un reparto de fuerzas en el Sacro Colegio, de tal modo que el número de los cardenales ladradores excedan en al menos uno al de cardenales maulladores (que así designa la tradición a quienes no incluyen la letra R en su apellido) Analizado el actual catastro cardenalicio, se comprueba que en él figuran hasta cincuenta y ocho Ladradores, frente a cincuenta y siete Maulladores. Expongo estas teorías abstrusas o meramente desquiciadas en presencia de las muchachas milanesas con las que ya me tropecé ayer, partidarias acérrimas de Tettamanzi, su angelote bueno, y en general promotoras del género autóctono, como reza la leyenda de sus camisetas, Italians do IT better Para mi perplejidad, no conceden verosimilitud alguna al influjo de la letra R sobre la elección; por el contrario, me responden con otra superstición no menos considerable, según la cual la alternancia entre Papas no la ordenaría la littera canina, sino el grosor de su talle: así, al orondo Pío IX habría sucedido el magro León XIII; al robusto Pío X, el enjuto Benedicto XV; al rechoncho Pío XI, el cenceño Pío XII; al chaparro Juan XXIII, el flaco Pablo VI; al blandito Juan Pablo I, el atlético Juan Pablo II. Así que, querido amiguito- -me dice Marina, la más pizpireta del grupo, en un tono burlón- si la alternancia continúa, ahora nos toca un Papa barrigoncete. ¿Y quién más barrigoncete que nuestro adorado Tettamanzi? La fumata negra del mediodía parece aliarse con las milanesas; entre los concurrencia empieza a circular la creencia de que, a cada votación infructuosa, las posibilidades de Ratzinger, el cardenal de la doble R, decrecen y se agostan. Sólo los Ratzinger Boys se aferran al clavo ardiente de mis cábalas; Her- Varios sacerdotes y fieles celebran la elección de Benedicto XVI El humo blanco salió de la chimenea de la Capilla Sixtina a las 17.50 mann, el más convencido del grupo, barre para casa sin rebozo: ¿Quién ha dicho que Ratzinger sea delgado? No me atrevería a sostener que sea el paradigma de la obesidad, pero desde luego no tiene la figura atlética de Juan Pablo II. Y, desde luego, la tradición de la littera canina se me antoja mucho más poética que la alternancia de gordos y flacos Pero la fe de los Ratzinger Boys se empieza a quedar sola, entre las deserciones circundantes. Ayer todo el mundo interpretaba la homilía del Decano del Sacro Colegio como una exposición programática de su Papado; hoy empieza a circular la teoría de que quizá Ratzinger eligió un tono excesivamente apocalíptico y contrariado ante la proliferación de ismos que asedian la fe cristiana- -marxismo y liberalismo, colectivis- AP Ayer todo el mundo interpretaba la homilía del decano del Sacro Colegio como una exposición programática de su Papado mo e individualismo, ateísmo y vago misticismo, agnosticismo y sincretism- -con el secreto propósito de mostrarse como un riguroso martillo de heterodoxias y así disuadir a quienes tuvieran pensado votarle. Quizá Ratzinger no haya tenido voluntad suficiente para aceptar el cáliz que se le tiende propone un escéptico; afirmación que enseguida suscita las iras de Inga, la universitaria de Ratisbona que habla con un español metalúrgico: Quien diga eso es porque no conoce el material del que está hecho nuestro cardenal El cielo se ha puesto borrascoso cuando, inopinadamente, la chimenea del tejadillo de la Capilla Sixtina empieza a humear. Es un humo al principio un poco chaquetero, que no acaba de decantar su color; pero la hora in-