Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 20 4 2005 Benedicto XVI, nuevo Papa 15 Su biografía Joseph Ratzinger TEMBLOR DE HUESOS JORGE TRÍAS Periodista y escritor A finales de 1932, en su etapa escolar, en una imagen tomada en Aschau am Inn AFP Su vida Nació el 16 de abril de 1927 en Marktl am Inn, en la diócesis de Passau, muy cerca de la frontera con Austria. Estudió en la Escuela Superior de Filosofía, en Freising, y en la Universidad de Múnich, donde se doctoró en Teología. Fue ordenado sacerdote en 1951, continuando sus estudios hasta el año siguiente. Enseñó en la Escuela Superior de Filosofía y Teología de Freising (1952- 1959) en las universidades de Bonn (1959- 1963) y de Münster (1963- 1969) en la de Tubinga (1966- 1969) y Ratisbona (1969- 1977) Actuó de perito en el Concilio Vaticano II, de 1962 a 1965. El 27 de junio de 1977 fue creado cardenal presbítero. En agosto y octubre de 1978 participó en los dos cónclaves anteriores al que le ha elegido Papa. En 1982, Juan Pablo II lo llamó a Roma, a dirigir la Congregación para la Doctrina de la Fe Hitler, en 1943, con sólo 15 años, para desertar en la primavera de 1945 y volver a los muros del seminario. Tomó los hábitos en 1951 y se doctoró en Tubinga, empleándose en las décadas siguientes como profesor universitario hasta su elevación a arzobispo de Múnich y Freising, en 1977, y poco después a cardenal en la capital bávara. En 1982, Juan Pablo II lo llamaría a Roma, a dirigir la Congregación para la Doctrina de la Fe. Vacaciones en el monasterio El hasta ahora decano del Colegio Cardenalicio, que ha venido manteniendo una relación desigual con distintos dirigentes de la Iglesia en Alemania, ha regresado periódicamente al seminario de Traunstein, en Franconia, y en compañía de su hermano Georg pasa anualmente un período de vacaciones en el señorial monasterio de San Miguel, en el austero apartamento del Imagen tomada durante su tiempo de profesor en la Universidad de Regensburg. Corría el año 1965 obispo junto a la iglesia, y acude a saludar a los viejos vecinos. Georg y otros que lo conocen aseguran que su hermano es un diestro pianista, apasionado de Mozart, y en sus estancias suele deleitar a los presentes en el gran piano de cola de la sala principal del seminario. REUTERS En su pueblo natal en Baviera, cerca de la frontera con Austria, miembros de la comunidad siguieron con pasión y orgullo el desarrollo del cónclave en Roma y celebraron la elección con petardos y música en las calles. El hijo de María, la cocinera, y Joseph, el policía, es desde ayer el Papa Benedicto XVI. A persona quizás más próxima al General de los jesuitas me explicaba que cuando salió elegido el Papa Paulo IV en 1555, un napolitano que gobernó la Iglesia durante cuatro años, dos meses y veintisiete días, a Ignacio de Loyola, según él mismo contó, le entró un temblor de huesos irresistible. Y era tanta su desazón que tuvo la única idea posible en esa circunstancia para poner remedio a su atribulado ánimo: entró en una capilla, se arrodilló y oró durante diez minutos. Luego, salió sereno y reconfortado. He aquí el milagro de la fe, el poder del misterio. Durante siglos, los sucesores de Ignacio esparcieron esa fe por todo el mundo, hasta que llegaron los malos tiempos. Yo no tengo otra cosa que agradecimiento por la educación y el cariño que recibí de los jesuitas. Fue, desde el punto de vista humanístico y personal, lo que podría llamarse una buena educación. Pero la fe, que aellos probablemente también lesdebió de flaquear, se me fue adormeciendo en sus aulas hasta quedar totalmente anestesiada. Al cabo de los años, le oí decir a un Papa polaco, víctima del nacionalsocialismo y del comunismo, eso de ¡no tengáis miedo! y me paré a escucharle. Y entendí que su mensaje nos ofrecía algo que antes no habíamos conocido. Y, al menos, como les ocurrió a tantos otros, Juan Pablo II consiguió que se despertase en nosotros, otra vez, esa fe que teníamosaletargada o que se nos había metamorfoseado. Nos ofrecía una Iglesia segura y cierta de sí misma, al tiempo que una Iglesia abierta al espíritu crítico de los tiempos. Nos ofrecía, además, no sólo protección, sino la posibilidad de pertenecera un espacio sagrado en el que sentirnos cómodos y seguros, fuese cual fuese nuestra procedencia y nuestro destino. Hoy han elegido a un místico como Papa, a un hombre de Dios, afortunadamente no como Paulo IV. Por eso, quizás, algunos son los que tiemblan ahora. La Iglesia, desde luego, no es de Pedro ni de Pablo, ni de Juan ni de Juan Pablo. Es probable que hoy a algunos o a muchos, no sé, les entre ese temblor que le dio a san Ignacio, aunque por circunstancias bien distintas. Quizás a aquellos viejos y santos jesuitas, tan enfrascados en enseñarnos las ciencias humanas, se les olvidó recordarnos el poder de la oración, como recordaba siempresu fundador. La fe, desde luego, no se pierde o se gana porque el Papa sea éste o aquél, aunque puede ayudar bastante. Pero la fe- -y esto Ratzinger, el discípulo de Rahner, lo sabe como nadie- -también consiste en la fidelidad a la Iglesia. Y ser fiel a la Iglesia es ser fiel al Papa que la dirige. Un poco de humildad, en estos grandes momentos, no les vendría mal a algunos. L