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ABC MIÉRCOLES 20 4 2005 Benedicto XVI, nuevo Papa 13 La mano derecha de Juan Pablo II Joseph Ratzinger Todos los cardenales acompañan a Benedicto XVI al salir a saludar a los fieles que esperaban en la plaza de San Pedro teólogos o filósofos, incluyendo pesos pesados como Jürgen Habermas. Le gustaba que cada uno expusiese sus ideas para después separarse amigablemente. Las reglas del Vaticano no lo permiten, y Ratzinger terminaba en sanción lo que hubiera preferido dejar en simple desacuerdo. Juan Pablo II, el Papa filósofo y místico, se dio cuenta de que, como teólogo, era su complemento ideal. Wojtyla era más aventurero, y sondeaba sus AFP Ratzinger tuvo que llegar al cuerpo a cuerpo y proceder a la sanción de personajes como Jacques Dupuis, una leyenda de Universidad Gregoriana, Leonardo Boff o Hans Küng ideas con el cardenal alemán, que moderaba las aristas sospechosas. Juntos prepararon la petición de perdón por las culpas de la Iglesia, a la que se oponían casi todos los cardenales o la revelación del secreto de Fátima. Ambos comparten una visión antropológica- cristológica, y la pasión por el sabor original del Evangelio en Galilea o en el Cenáculo en lugar de los organigramas curiales. Durante 23 años han hablado mu- chas horas cada semana en alemán. La audiencia de calendario al prefecto de la Doctrina tiene lugar los viernes, pero muchísimos martes, que era su día libre Juan Pablo II le invitaba a comer para hablar informalmente de teología. Sin darse cuenta, el Panzerkardinal de constitución frágil se convertía en la mano derecha de Juan Pablo II, en su alter ego y en uno de las columnas de la Curia romana. Hasta convertirse en su heredero.