Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
12 Benedicto XVI, nuevo Papa MIÉRCOLES 20 4 2005 ABC Joseph Ratzinger La mano derecha de Juan Pablo II De Panzerkardinal a alter ego de Karol Wojtyla Mientras ascendía en el Vaticano, soñaba en vano con regresar a Baviera b Fue el complemento ideal de Juan Pablo II. Juntos, prepararon la petición de perdón por las culpas de la Iglesia, a la que se oponían casi todos los cardenales JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. Aunque parezca mentira, algunos de los primeros libros de Joseph Ratzinger causaban recelos en el Vaticano y el joven teólogo alemán se vio obligado a dar explicaciones. Pasados los años, los papeles cambiaron, y el severo prefecto de la Doctrina de la Fe, hijo de un comisario de Baviera, tuvo que llamar al orden a antiguos compañeros de claustro académico como Hans Küng e incluso acabar moderando algunas ideas arriesgadas del cardenal al que ayudó a ser elegido Papa en 1978. La extraordinaria aventura vital e intelectual de Joseph Ratzinger es casi tan rica en paradojas como la de su mentor. Aunque aprecian a Santo Tomás, ninguno es filosóficamente tomista. Empezaron a sintonizar intercambiándose libros cuando eran profeso- res universitarios y trabajaron en el Concilio Vaticano II, pero sin llegar a encontrarse en aquella multitud de prelados y de comisiones. Se conocieron, por fin, en el primer Conclave de 1978, en que ambos obtuvieron votos y descubrieron su afinidad de puntos de vista. En el segundo, trabajaron en sintonía y, cuando resultó elegido, Juan Pablo II inició una labor de zapa: Tendremos que traerle a Roma Ratzinger dio evasivas, regresó a Munich y pensó que había pasado el peligro. Se equivocaba. Igual que en 1943 y 1944 fue soldado a la fuerza en la artillería antiaérea, el vigoroso Papa polaco le llamó para un nuevo trabajo de artillería frente a la confusión teológica de los años 80. Ratzinger puso la pega de que deseaba seguir investigando y escribiendo libros de teología bajo su propia firma, tarea que parecía incompatible con la de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. No se preocupe, continúe publicando le respondió Karol Wojtyla, dejándole finalmente sin excusas. Renovación científica En noviembre de 1981, el tímido Joseph Ratzinger se convertía en el defensor de la ortodoxia y, a la vez, en promotor del desarrollo teológico como presidente de la Pontificia Comisión Teológica Internacional y de la Pontificia Comisión Bíblica, donde ha impulsado una renovación científica de la exégesis cuyo alcance todavía es poco conocido, aunque saldrá a la luz ahora. La labor de choque de los años ochenta le valió el titulo de Panzerkardinal Juan Pablo II libraba su batalla contra la teología de la liberación, y el joven teólogo liberal, convertido en prefecto, era el ariete adecuado. Ratzinger tuvo que llegar al cuerpo a cuerpo y proceder al triste expediente de la sanción con personajes como Jac- En noviembre de 1981, el tímido Joseph Ratzinger se convertía en el defensor de la ortodoxia y en promotor del desarrollo teológico ques Dupuis, una leyenda de Universidad Gregoriana, Leonardo Boff o Hans Küng. Lo hacía a disgusto pues, contrariamente al cliché, no le gusta dar porrazos ni actuar desde posiciones institucionales. En 1996, ya más libre, escribiría que las grandes Iglesias tradicionales quizás se sofocan por su exceso de institucionalización y su exceso de poder Ratzinger prefiere una Iglesia más pobre, más de fermento y menos de poder. Y debatir de igual a igual con