Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 20 4 2005 Benedicto XVI, nuevo Papa 11 SUS PRIMERAS PALABRAS Queridos hermanos y hermanas, después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela que el Señor sepa trabajar con instrumentos insuficientes y me entrego a vuestras oraciones. En la alegría del Señor y con su ayuda permanente trabajaremos, y con María, su madre, que está de nuestra parte Benedicto XVI impartió la bendición Urbi et Orbi a los fieles EPA ña del Señor que sabe actuar y trabajar con instrumentos insuficientes y solicitó las oraciones de todos. Si su homilía del lunes, antes del Cónclave, terminaba invitando a llevar a todos el don de la fe y la amistad con Cristo ayer se la aplicó inmediatamente: en la alegría del Señor resucitado, y confiando en su continua ayuda, caminamos adelante. El Señor nos ayudará Ese modesto caminamos adelante es ya un esbozo de su Pontificado. Joseph Ratzinger estaba, como siempre, sereno. Seguía llevando su camisa negra y seguía presidiendo a sus hermanos cardenales con la sencillez que le caracteriza desde que fue elegido Decano el 30 de noviembre de 2002. Era un Apóstol más entre los sucesores de los Apóstoles. Rouco Varela (centro) junto a otros cardenales, viendo la alegría de los fieles EPA El relevo de Juan Pablo El Grande Para quienes le han visto trabajar generosamente durante años, caminar a pie con su cartera por las calles de Roma, o responder con infinita paciencia y claridad en las conferencias de prensa, resultaba un poco difícil comenzar a llamarle Benedicto XVI. Ratzinger llevaba años intentando que Juan Pablo II, su amigo desde los tiempos del Concilio Vaticano II, le permitiese retirarse para abordar con más calma la reflexión teológica y la enseñanza. Ahora le han vuelto a retener los cardenales. Seguramente, también Pedro de Betsaida hubiese preferido pasar los años de su vejez en Galilea, junto al mar que amaba, pero los concluyó en Roma y en el martirio. La historia se repite. El cardenal Ratzinger pilotó magistralmente la transición de la Iglesia católica a lo largo de 17 días. Y el Papa Benedicto XVI, en quien se transformó ayer a media tarde, asumirá muy bien el relevo de Juan Pablo el Grande Roma volverá a ser un hervidero de entusiasmo a medida que se acerca la misa de Inauguración el próximo domingo a las 10 de la mañana, aunque no faltará alguna pancarta de protesta. Muy pronto, el predominio de banderas alemanas tomará el relevo de las polacas. En espera de la cita festiva del domingo, las sucesivas audiencias a los cardenales y al cuerpo diplomático El más indicado para la reforma interna de la Curia romana Al cabo de 23 años como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger es el que mejor conoce la casa, y el más indicado para la reforma interna de la Curia romana que se consideraba asignatura pendiente de Juan Pablo II. Con un Papa alemán, la prudencia aconseja un secretario de Estado italiano pero que no sea ni burócrata ni enredador. Ratzinger conoce perfectamente a todos los candidatos y, después de una transición a cargo de Angelo Sodano, que tiene ya 78 años, pondrá las palancas de la Curia romana en manos de un cardenal mucho más joven y dinámico. A diferencia de algunos obispos que viven replegados en su catedral o su despacho, Ratzinger mantenía frecuentes debates públicos en la mejor tradición académica con pensadores laicos, desde el periodista Ernesto Galli della Loggia al presidente del Senado Italiano Marcello Pera, discípulo del Karl Popper. Autor de más de 700 textos teológicos entre libros y artículos científicos, Ratzinger mantenía el ritmo de un libro cada dos años, a veces recurriendo al sistema de entrevistas. Uno de los más significativos para conocerle es La sal de la tierra de 1996. Dejando a un lado su cargo, el teólogo alemán lamenta el exceso de riqueza y de burocratismo en la Iglesia, confiesa la debilidad humana de los sacerdotes y reconoce que parte de la culpa de la descristianización es nuestra. No encontramos un lenguaje que permita comunicar con la conciencia contemporánea. Hay que plantearse el modo en que la Iglesia gestiona su imagen pública en lugar de limitarse a reprender a los medios de comunicación REUTERS zación. Tomando el nombre de Benedicto, asumido por última vez entre 1914 y 1922 por un Papa que se batió contra la Primera Guerra Mundial, Joseph Ratzinger muestra su voluntad de dejar brillar la estrella de Juan Pablo II, cuyo emblema escogió para adornar el balcón de la basílica de San Pedro en su primera bendición Urbi et Orbi Humilde trabajador El clima de novedades afloró ya cuando el cardenal chileno Medina Estévez, que debería limitarse a un anuncio en latín comenzó con un queridos hermanos y hermanas en italiano, español, francés, alemán e inglés. Estaba llegando un Papa políglota, que ayer se limitó a saludar en italiano, pero que podía haberlo hecho perfectamente en media docena de idiomas. Como no necesitaba presentación, el nuevo Pontífice dedicó sus primeras palabras al gran Papa Juan Pablo II se definió humilde trabajador de la vi- darán ya enseguida el tono del nuevo Pontificado. Las primeras manifestaciones de entusiasmo juvenil serán preludio de una gran fiesta que se prepara del 18 al 21 de agosto en Colonia durante la Jor- nada Mundial de la Juventud, a la que asistirán más de un millón de jóvenes. Ese viaje a Alemania será como el primero de Juan Pablo II a Polonia. Y la señal de que el muro del relativismo empieza a cuartearse.