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ABC MIÉRCOLES 20 4 2005 Opinión 5 EPA Relevo en Roma. Sólo veintiséis horas duró el cónclave del que ayer resultó elegido Papa el cardenal alemán Joseph Ratzinger, que adoptó el nombre de Benedicto XVI. Estrecho colaborador de Juan Pablo II, con el que aparece en la imagen, Ratzinger destaca como uno de los teólogos e intelectuales más sólidos de la Iglesia. Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde 1981 y defensor de la ortodoxia católica durante el último pontificado, Ratzinger no ha dudado en actuar con firmeza para preservar la identidad católica frente a amenazas como el relativismo que el pasado lunes denunció en su última homilía como cardenal. BENEDICTO XVI, EL PODER Y LA GLORIA VALENTÍ PUIG la magnitud agustiniana de la inteligencia de Joseph Ratzinger le ha correspondido iluminar la senda de un nuevo pontificado en la estela tan potente dejada por Karol Wojtyla. Hace unos meses, el cardenal Ratzinger asistía a un coloquio y dijo que, si bien el poder del hombre ha crecido hasta un límite inimaginable hace unos años, incluso siendo capaz de producir un hombre en un laboratorio, esta capacidad de producir no ha significado que aumentase igualmente su capacidad moral. Por eso el relativismo que se transforma en un absoluto se convierte en contradictorio, destruye el actuar humano y acaba mutilando- -dice Ratzinger- -la razón. Este punto nuclear del pensamiento de Benedicto A XVI conecta sin fisuras con la experiencia del pontificado de Juan Pablo II: la convicción de que el hombre es transparente y puede sentir en sí mismo la voz de la razón fundadora del mundo. Después del Papa que escribía bellos poemas metafísicos, el Papa teólogo va a proceder a las reformas que sean necesarias en la Curia y pasará la mano por el mapamundi para captar las asperezas y las resistencias que el cristianismo tiene por delante. Para quien fuera arzobispo de Múnich y Freising, la constatación de que las catedrales de Europa están casi vacías determinará gran parte de su pontificado. A todo trance, recuperar Europa para la cultura católica, la Europa que su antecesor prefiguró al caer el muro de Berlín y que debiera irse formulando como una metapolítica del espíritu. Wojtyla decía que la libertad que vale la pena tiene una estructura moral. Siendo cardenal, el Papa Benedicto XVI observó alguna vez que la fe resurge entre los jóvenes de todos los continentes, pero que quizá se deban abandonar las ideas de iglesia nacional o de masas: tiene ahora ese reto titánico ante sí, como líder del cristianismo en una época de la historia de la Iglesia que será muy diferente, en la que se volvería a ver una cristiandad semejante a aquel grano de mostaza Esa es la geoestrategia del nuevo Después del Papa que escribía bellos poemas metafísicos, el Papa teólogo va a proceder a las reformas que sean necesarias en la Curia pontificado en busca de una ilustración cotidiana e histórica de la magnanimidad. Vastas porciones del planeta esperan su magisterio, en la Iberoamérica en la que penetran las iglesias evangélicas, en esa África que a veces parece irrecuperable, en un mundo asiático que hará oscilar los ejes del nuevo siglo. A Benedicto XVI le corresponde precisar el diálogo posible con el islam. Buscar método inquisitorial o inercia dogmática en la intensa mirada de inteligencia y comprensión- -de alegría, también- -del nuevo Papa es propio de las simplificaciones mediáticas de nuestro tiempo. Nuevas categorías del mal no le faltarán para aplicar su magisterio. ¿Progresista o conservador? ¿Continuista o renovador? ¿Restauracionista u hombre de visión? Todas esas cosas las fue Karol Wojtyla a la vez, como puede serlas Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI. Va a ver la irrupción de los robots, tantos desafíos bioéticos, la vida en el espacio, al tiempo que no poca verdad permanece insuperada en los episodios de Nazaret y el Gólgota.