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52 Sociedad LA SUCESIÓN DE JUAN PABLO II MARTES 19 4 2005 ABC Si ha habido un nombre que se haya repetido en estos días hasta el hartazgo (sobre todo por sus enemigos, deseosos de quemar su candidatura) ha sido, sin duda, el del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe Ratzinger boys Llegó, por fin, el día señalado para el inicio del Cónclave, tan anhelado por la Cristiandad como temido por los enviados especiales, que no podrán hacer otra Juan Manuel cosa- -según vaticinade Prada ba el Barón Corbo con Enviado especial. Roma su malicia característica- -que maldecir en voz baja y para sí mismos, diciéndose que nada ocurre porque no pueden ver lo que está ocurriendo, y escribir descripciones sarcásticas de la multitud y las fumatas en la plaza de San Pedro Si en las jornadas previas el enviado especial al menos se podía aferrar al subterfugio bizantino de las cábalas, mareando la perdiz con combinaciones que le susurraban soplones más o menos fantasmagóricos, ahora no le resta otra salida que entregarse al vuelo sin motor de la divagación. Ningún cardenal ha asumido en estos días de Sede Vacante tanto protagonismo como Joseph Ratzinger: en su calidad de Decano del Sacro Colegio, ha pronunciado sendas homilías en el funeral de Juan Pablo II y en la misa Pro Eligendo Pontifice; además, ha cumplido años- -setenta y ocho- -y promovido el pacto de silencio que ha convertido a sus colegas en sombras de huidizo hermetismo. A él corresponderá también requerir solemnemente la aceptación del cardenal en quien concurra la preceptiva mayoría de dos tercios, salvo que... sea el propio Ratzinger el elegido. Pues si ha habido un nombre que se haya repetido en estos días hasta el hartazgo (sobre todo por sus enemigos, deseosos de quemar su candidatura) ha sido, sin duda, el del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Algunos vaticanistas no han vacilado en encumbrarlo como favorito indiscutible; otros, en cambio, han preferido erigirlo en el árbitro que, ante la imposibilidad de reunir el quórum requerido, propondrá al delfín que venza la resistencia de sus detractores. voz desesperado que eligen los más gritones. Sobre la candidatura del cardenal Ratzinger pesan algunos lastres: el primero y más incontestable lo constituye su edad, acompañada además de un cortejo de achaques, que auguraría un papado más bien corto (pero corto fue también el de Juan XXIII, circunstancia que no le impidió revolucionar la Iglesia) tampoco contribuye a su apoteosis el papel que Ratzinger ha desempeñado- -o que la opinión pública le ha endosado- -en los últimos años. Lo explica Hermann, un muniqués de aspecto atildado que disfruta (o padece) de una beca Erasmus en Roma y ostenta con orgullo su condición de Ratzinger Boy: Inevitablemente, su proximidad a Juan Pablo II ha facilitado una asignación de roles bastante gratuita o disparatada, pero en cualquier caso eficaz y muy manoseada por los repartidores de etiquetas- -afirma, algo soliviantado- el Papa encarnaba al poli bueno Ratzinger al poli malo al mastín de Dios dispuesto a morder en el cuello a cualquier oveja que osara abandonar el redil. Pero esta imagen no se corresponde ni de lejos con la realidad. El cardenal es un hombre afable, incluso te diría que bastante tímido, y desde luego nada envanecido de su sabiduría concluye Hermann, al que se han sumado otros Ratzinger Boys, eruditísimos de su biografía y jaleadores de su ortodoxia. Inga, una estudiante de Filología de la Una mujer aguarda, con un crucifijo en la mano, la elección del nuevo Pontífice Universidad de Ratisbona, la ciudad donde fuera concebido Don Juan de Austria, se entromete con desenvoltura; es una veinteañera desbordada y locuaz, con algo de valkiria y algo de Carlotta Blomberg: El cardenal fue profesor en Ratisbona- -prueba a chapurrear en un español metalúrgico- si consultas los anuarios de la Universidad, descubres su bibliografía apabullante: nadie tiene un currículum académico comparable al suyo Tampoco tantas adhesiones en el colegio cardenalicio; pero quizá no las suficientes para mantener su candidatura. Allegados a Ratzinger han difundido que, si no alcanzara cincuenta votos en la primera votación, se retiraría de la liza; sus partidarios podrían postular entonces al arzobispo de Viena, Christoph Schönborn. Así lo desea íntimamente el padre Nicholas, un dominico recién ordenado que ha viajado desde Cincinatti para asistir a la elección del nuevo Papa. Nicholas es un joven espigado y de apariencia taciturna, como recién salido de un cuadro de Zurbarán; pero cuando le digo que soy de la misma patria que el fundador de su orden, me confía sus preferencias: Aunque soy bostoniano, antepongo la disciplina de Santo Domingo. En cualquier caso, me temo que no saldrá ningún cardenal americano Menos resignadas a su suerte se muestra un grupo de muchachas milanesas, que apuestan por Tettamanzi o Martini o, en su defecto, por cualquier cardenal italiano; para reafirmar sus preferencias se han hecho estampar en sus camisetas una leyenda que popularizara la cantante Madonna, años atrás: Italians do It Better El pronombre aludía a su destreza en las lides de alcoba, pero estas milanesas extienden las bondades del género autóctono a asuntos menos profanos: Está demostrado que los cardenales italianos son los que mejor saben manejar a la curia- -me dicen- quizá sean menos carismáticos, pero no dejan que nadie se les desmande Una de estas milanesas participó en las algaradas antiglobalización organizadas hace ya algunos años en Génova, cuando Tettamanzi Avalancha de adhesiones Si nos guiáramos por la avalancha de adhesiones congregadas en internet, el que fuera Arzobispo de Múnich debería ser el próximo Papa. Un ejército de rendidos tiffosi, autotitulados Ratzinger Boys, ha inundado foros y blogs de mensajes que alternan la plegaria al Espíritu Santo y la arenga bravucona, reclamando para su ídolo el báculo de Pedro. Pero uno nunca sabe si estas efusiones virtuales son espejo de una voluntad mayoritaria o tan solo el alta- Los fieles siguen desde pantallas gigantes el juramento de los cardenales EPA