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ABC MARTES 19 4 2005 Sociedad LA SUCESIÓN DE JUAN PABLO II 49 La elección, paso a paso Los 115 cardenales electores dieron comienzo ayer por la tarde al Cónclave que elegirá al nuevo Papa. Tras proceder al juramento y llevarse a cabo el extra omnes se procedió a la primera votación, también llamada de sondeo. Horario de las votaciones: desde hoy, y hasta que haya fumata blanca se realizarán dos votaciones por la mañana (la primera, a las nueve y media, y la segunda, alrededor de las once) y otras dos por la tarde (a las cuatro y media y a las seis) Cada cardenal llevará su propia papeleta, doblada dos veces, en las que escribirá, con letra inteligible, el nombre de su candidato tras la expresión Eligo per Sumum Pontificem El humo de la chimenea instalada en el tejado de la Sixtina saldrá dos veces por día: a las doce de la mañana y a las siete de la tarde. Si no se obtienen los 77 votos necesarios (dos tercios más uno de los electores) habrá fumata negra Si por el contrario hay nuevo Papa, los fieles verán la fumata blanca e inmediatamente sonarán las campanas de la basílica. Al finalizar la undécima votación, si no se han alcanzado los dos tercios, se procederá a una suspensión de las votaciones durante al menos un día. Durante la misma, el cardenal protodiácono realizará una reflexión ante los electores. Si no hay Papa tras la vigésima votación, se vuelve a suspender el proceso de elección por un máximo de 24 horas. En este período, será el mayor de los cardenales presbíteros quien formule la reflexión. El 27 de abril, en caso de que tras la votación número 27 no se hallara sucesor del Pontífice, se volvería a suspender la sesión. Durante el día de receso, será el mayor de los cardenales obispos quien presida la exhortación. La mayoría de dos tercios podría ser cambiada por mayoría absoluta tras la votación número 34, que tendría lugar al final de la tarde del 30 de abril. Tras una nueva pausa, los cardenales podrían decidir este cambio en el modelo de votación. A partir de este momento, sólo haría falta el voto de la mitad más uno de los cardenales electores para designar al sucesor 264 de Pedro. Momento en el que los cardenales entran en la Capilla Sixtina FOTOS: REUTERS RATZINGER JORGE TRÍAS Abogado y escritor La fórmula de juramento La Constitución Apostólica Universidominici gregis de 1996, consagra una fórmula de compromiso que fue aceptada ayer por los 115 electores. Todos ellos aceptaron que quien por disposición divina, sea elegido Romano Pontífice, se comprometerá a desempeñar fielmente el munus petrinum de Pastor de la Iglesia universal y no dejará de afirmar y defender denodadamente los derechos espirituales y temporales, así como la libertad de la Santa Sede Los cardenales electores prometieron y juraron observar con la máxima fidelidad y con todos, tanto clérigos como laicos, el secreto sobre todo lo relacionado de algún modo con la elección del Romano Pontífice y sobre lo que ocurre en el lugar de la elección La única posibilidad para revelarlos pasa, obligatoriamente, por que sea dada autorización explícita por el mismo Pontífice Al mismo tiempo, los porpurados se comprometieron a no apoyar o favorecer ninguna interferencia, oposición o cualquier otra forma de intervención con la cual autoridades seculares de cualquier orden o grado, o cualquier grupo de personas o individuos quisieran inmiscuirse en la elección A continuación, cada cardenal elector, según el orden de precedencia, prestó juramento con la fórmula siguiente: Y yo, (nombre de pila) cardenal (apellido) prometo, me obligo y juro Y poniendo la mano sobre los Evangelios, añadieron: Así Dios me ayude y estos Santos Evangelios que toco con mi mano ios ya lo sabe. Y esto no es un chascarrillo. Es la certeza de la fe. Todo lo demás son conjeturas más o menos ingeniosas, más o menos fundamentadas. Pero esta mañana, al escuchar la homilía que dirigió al Colegio Cardenalicio y al pueblo que abarrotaba la basílica de San Pedro, al tener la fortuna de ver tan cercano su rostro místico y sereno, su verbo fuerte y convincente, al ver a los cardenales que le rodeaban, pensé y tuve la convicción de que me encontraba ante el nuevo sucesor de Pedro, del pescador que vino de Galilea cuyos restos se veneran bajo el altar mayor que protege la cúpula de Miguel Ángel. La historia, la fe, la religión, la humanidad, el aliento del espíritu, en suma, parecía flotar en la misa por la elección del Romano Pontífice e inicio del Cónclave en Roma. Hoy, Ratzinger ha ocupado la centralidad de la Iglesia católica. Lo que será pasado mañana sólo el Espíritu lo sabe. Hay quien sostiene que el cardenal muniqués es una figura demasiado fuerte; que la Iglesia, ahora, después del tirón de Juan Pablo II, necesita un poco de relajación. Parece como si el Evangelio lo leyésemos al revés. Hoy, como siempre, lo único que mueve al ser humano es la certeza y el poder de la convicción. No se trata de imponer, desde luego, sino de sugerir. Pero quien sugiere debe estar seguro de lo que dice. He aquí un programa para los próximos años: Hemos conocido muchos vendavales doctrinales en los últimos decenios, muchas corrientes ideológicas, muchas formas de pensar. La barcaza del pensamiento de muchos cristianos ha estado agitada por esas ondas, zarandeada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo... se ha ido construyendo una nueva dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que tiene como última medida de todo el propio yo y la propia voluntad Ratzinger dixit. Al atardecer, desde un balcón vaticano de la Vía delle Fondamente, veía a los cardenales salir de Santa Marta y encaminarse hacia la Capilla Sixtina. Un verdadero privilegio. Que Dios les ilumine le oigo decir a un monseñor. Y yo, desde luego, tengo la convicción de que así será. D