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ABC MARTES 19 4 2005 Internacional 31 Un crucero de Barroso en Grecia abre otro frente de desgaste para la Comisión La sucesión de escándalos y la parálisis operativa minan su prestigio ENRIQUE SERBETO. CORRESPONSAL BRUSELAS. ¿Puede irse de vacaciones con sus amigos el presidente de la Comisión? La respuesta depende de quien sean esos amigos y quien pague los gastos del crucero. Al presidente José Manuel Barroso le ha vuelto a abrir un frente escandaloso a propósito de una semana pasada a bordo del yate de un millonario griego que desembocó ayer en una estruendosa rueda de prensa en Bruselas en la que se llegó a preguntar si los miembros del Ejecutivo comunitario podían ir en busca de servicios de las profesionales del sexo, usando el coche oficial. El código de conducta de los miembros de la Comisión Europea, aprobado en 1999 y revisado el año pasado, establece que no pueden aceptar ningún tipo de regalo que sobrepase la cantidad de 300 euros. El diario alemán Die Welt asegura que el valor del crucero que disfrutaron Barroso y su esposa en Grecia el pasado verano fue de unos 20.000 euros y sugiere que el anfitrión es una persona tan poderosa que podría tener intereses directos en asuntos que haya de tratar la Comisión Europea. La portavoz de Barroso, Françoise Le Bail, dijo que el presidente tiene derecho a tener amigos y una vida privada y que lo único que sucedió es que el señor Barroso pasó unos días a finales de agosto en familia en el barco del señor Spiro Latsis, un amigo de hace 25 años Para acabar de complicar el escenario, también se ha sabido que en el mismo crucero estaba Dusan Sidjanski, el antiguo profesor de Barroso en la universidad de Ginebra y ahora consejero especial del presidente de la Comisión. pechas que también se airearon ayer de que el comisario de Comercio, Peter Mandelson, hubiera sido invitado a otros vacaciones en Jamaica, o a la difusión de inciertos rumores sobre el paso de otro miembro del Ejecutivo comunitario no identificado por un local de alterne en Bruselas, sobre quien ayer se llegó a discutir en público si era o no relevante que la prestación de servicios hubiera tenido lugar en el interior del coche privado u oficial. El verdadero problema es que la Comisión que preside José Manuel Barroso solo se muestra relevante en los escándalos que le afectan, mientras que por ahora el balance de su trabajo es prácticamente insignificante. José Manuel Durao Barroso AP Una historia europea El Ejecutivo comunitario se ha visto obligado a emitir un comunicado diciendo que considera que en la medida en que los signos de hospitalidad tienen lugar fuera del marco de las funciones oficiales, constituyen aspectos normales de la vida privada, afectando por consecuencia al principio de respeto a la esfera privada de cada comisario individual y sus invitados La historia ha sido revelada en un diario alemán, había sido inspirada por los eurodiputados británicos contrarios a la Unión Europea y ha estallado en el peor momento teniendo en cuenta las encuestas que preceden al referéndum en Francia sobre la Constitución. Si se añade que Barroso es portugués y el anfitrión un multimillonario griego, una de las sesenta mayores fortunas del mundo y poseedor de un importante grupo petrolero, al menos se puede decir que se trata de un escándalo verdaderamente europeo. Pero no es este el tipo de ejemplo europeísta que esperan los ciudadanos de la Unión. Los observadores no vaticinan un largo recorrido a este mini escándalo, ni aún sumándole las sos-