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ABC MARTES 19 4 2005 Internacional 29 Marla Ruzicka, la joven californiana empeñada en contar y recompensar a los damnificados civiles de Afganistán e Irak, pierde la vida en Bagdad durante un ataque suicida No fue una víctima más TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Hay noticias que no se deberían escribir nunca. Y la muerte de Marla Ruzicka es una de ellas. Esta joven californiana- -empeñada en demostrar ese principio churchiliano de que una sola persona con determinación, idealismo, coraje, tenacidad y optimismo puede cambiar las cosas para mejor- -falleció este sábado en Bagdad en la temible carretera del aeropuerto. Víctima, junto a su conductor iraquí, de un atentado suicida contra un convoy de agentes privados de seguridad. A sus 28 años, esta rubia de sonrisa contagiosa encabezaba su propia Organización No Gubernamental (Campaign for Innocent Victims in Conflict CIVIC) con el empeño de contabilizar y recompensar a las víctimas civiles acumuladas por el uso de la fuerza militar en Afganistán e Irak. En esta cruzada bastante solitaria, Marla Ruzicka había logrado que el Gobierno de Estados Unidos dedicase más de veinte millones de dólares para atender a una parte de los daños colaterales acumulados durante las acciones militares ordenadas por la Casa Blanca tras el 11- S. Impulsada por su fervor humanitario, Marla pasó hace dos años de un rabioso no a la guerra a buscar soluciones prácticas en Washington, Kabul y Bagdad. El senador Patrick Leahy, demócrata del estado de Vermont que ayudó a Marla Ruzicka en su personal campaña de lobby ha recordado que la joven quería hacer algo eminentemente sensato. Desgraciadamente, las cosas que son eminentemente sensatas algunas veces se pierden en la burocracia sin un paladín. Es muy raro que alguien al final de toda una vida consiga lo que ella logró en tan solo dos años Al ser atendida por soldados estadounidenses, la joven con quemaduras en un noventa por ciento de su cuerpo alcanzó a decirle a un sanitario: Estoy viva Marla Ruzicka con una familia iraquí, en una imagen del pasado 14 de abril EPA Una triste ironía Se da la circunstancia de que en una semana la joven tenía previsto regresar a su residencia en Nueva York. Esta vez, Marla había alargado su estancia en Bagdad porque creía haber encontrado la clave para demostrar que el Pentágono, pese a desmentidos oficiales, ha realizado sus propios cálculos de bajas civiles. Como ha explicado una de sus amigas, Medea Benjamín, es una terrible tragedia y una triste ironía que alguien que ha dedicado su vida a ayudar a las víctimas de guerra se haya convertido en una víctima de guerra Durante su último recorrido para visitar a familias iraquíes necesitadas, un ataque suicida pilló de lleno a su vehículo sin blindaje, ya que Marla pensaba que ese tipo de precaución era un lujo demasiado costoso a la vista de las enormes penurias que la rodeaban.