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18 Nacional TRAS LAS ELECCIONES VASCAS MARTES 19 4 2005 ABC Los miembros de una mesa electoral de Vitoria proceden al recuento de votos, el domingo por la noche EFE Ibarretxe solicitaba a los electores vascos un clamor en favor de su estrategia separatista y, en menor medida, de su gobierno, pero no ha habido plebiscito a sus planes soberanistas ni apoyo para reforzar su posición negociadora en Madrid Cambio de ciclo en Euskadi Por FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO, catedrático de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco. Director del Euskobarómetro BILBAO. Como sucede siempre que hay unas elecciones, el día después es el de la lectura de los datos y la obtención de conclusiones. Para unos, serán analíticas o explicativas de lo sucedido. Para otros, serán políticas o estratégicas. Unas y otras están vinculadas, pero son diferenciables. Además, las mismas conclusiones de los actores públicos de referencia forman parte del propio resultado, en la medida en que también ellas van a condicionar la agenda y las tomas de posición políticas, respectivas. Por otra parte, como sucede en las elecciones autonómicas vascas del domingo 17 de abril, no es lo mismo interpretarlas en perspectiva local, la más determinante, que hacerlo en el horizonte nacional, en cuanto a las consecuencias evidentes para la propia dinámica política de nuestra democracia. Convergencia excluyente Estas elecciones se producen al final de la segunda legislatura de un ciclo, caracterizado por la estrategia de convergencia nacionalista excluyente iniciada en Lizarra y por el consecuente frentismo político, que se deriva de la radicalización soberanista del conjunto del nacionalismo. El resultado de la misma es el propio plan Ibarretxe de ruptura constitucional y del consenso siguiendo un guión de secesión unilateral. La escinificación del choque, primero, de comunidades en el Parla- mento Vasco y, luego, de legitimidades en el Congreso de los Diputados, constituyeron la excusa para poner fin a la legislatura y hacerlo convocando las elecciones en clave plebiscitaria. En efecto, Ibarretxe solicitaba a los electores vascos un clamor en favor de su estrategia y, en menor medida, de su gobierno, tratando de unificar en el apoyo de su propuesta a toda la comunidad nacionalista a base de guiños y concesiones al radicalismo violento. Aunque, de por sí, esta apelación plebiscitaria y rupturista ya era un elemento de polarización, la división entre las fuerzas políticas autonomistas y el giro estratégico socialista no contribuían al frentismo de alternancia que había definido el final de la legislatura anterior y las elecciones de 2001. El cambio de ciclo en España, caracterizado por la alternancia gubernamental, habían hecho del PSE- EE el principal referente de oposición autonomista al nacionalismo, pero él mismo se había esforzado en tomar distancia del PP y en sacudirse cualquier tipo de adherencia, interna (redondismo) o externa (Basta Ya) que pudiese hacer evocar a sus electores potenciales la anterior unidad de acción liderada por Mayor Oreja. Por si fuera poco esto, y buscando pescar en los caladeros autonomistas del electorado nacionalista, promocionan en el último tramo de la legislatura una propuesta de reforma estatuta- ria (etiquetada como plan Guevara y el acompañamiento del movimiento cívico Aldaketa (encabezado por Joseba Arregi) ambos exconsejeros nacionalistas. El PP, por su parte, prefirió enrocarse en la estrategia constitucionalista anterior, que tan buenos resultados le había dado cuatro años atrás, pero con un liderazgo nuevo y atrayente como el de Maria San Gil. EB IU con Madrazo al frente buscaba la continuidad de su acomodo gubernamental en el tripartito, situando el nivel de la crítica a la posiciones de Ibarretxe en el límite justo de no hipotecar tal posición. Finalmente, quedaba una descolocada Batasuna, ya excluida de Ayuntamientos, Instituciones Forales, Parlamento Europeo y Cortes Generales, que buscaba, por todos los medios, un resquicio para colarse en el Parlamento Vasco o, al menos, el necesario protagonismo para cuestionar la legitimidad democrática de las elecciones. Batasuna ocupó la campaña Paradójicamente, casi todo lo anterior pasó a segundo plano, para que el tema de Batasuna, primero, Aukera Guztiak, más tarde, y EHAK PCTV, al final, ocupase la atención mediática de la campaña, en tanto en cuanto que las expectativas electorales de todos pasaban por las opciones que los violentos y sus amigos antisistema tuviesen para obtener representación y, por tanto, capacidad de chantaje en la formación de mayorías. Desde el primer momento, la coalición PNV- EA, acompañada por EB IU, hizo de la descalificación de la ilegalización un elemento de competición para desgastar a sus adversarios constitucionalistas, sobre todo al PSEEE, al tiempo que hacía una opa amable a sus parientes radicales, buscando la concentración de un voto nacionalista, que le garantizase a su coalición o, al menos, al tripartito la mayoría absoluta necesaria para seguir en su estrategia soberanista. En el extremo contrario, el PP hizo de la presión sobre el gobierno socialista en este tema un argumento continuo de desgaste, hasta el punto de de- El cambio de ciclo en el Gobierno de España ha hecho del PSE- EE el principal referente de oposición autonomista al nacionalismo El PP repitió estrategia constitucionalista, pero con un liderazgo nuevo y atrayente como el de María San Gil