Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 19 4 2005 Nacional 15 TRAS LAS ELECCIONES VASCAS Josep Piqué Presidente del PP de Cataluña Ahora es muy importante la reacción del presidente Zapatero. Espero que sea fiel al Pacto Antiterrorista y a la Ley de Partidos Josep Lluís Carod- Rovira Presidente de ERC Existe una mayoría soberanista que cuenta casi con el 60 por ciento de los votos, y el PSE ha subido por su estrategia diferenciada del PP Francisco Vázquez Alcalde de La Coruña y presidente de la FEMP Los socialistas tienen la llave para cualquier acuerdo. El PNV no puede plantear soluciones sin el PSOE, que además gobierna en España Lo que dice el Reglamento Las Juntas proclamarán a los electos entre el 24 de abril y el 9 de mayo. 15 días después, se constituye el parlamento, que designará presidente, vicepresidentes y secretarios de la Mesa. El presidente establecerá la fecha del pleno de investidura del lendakari. Si transcurren 60 días sin elección, Ibarretxe declarará disuelto el parlamento y convocará nuevas elecciones. Se elegirá el candidato que obtenga mayoría absoluta. Si no, segunda votación en 24 horas y será elegido el que logre mayoría simple. Si hay empate, se repetirá la votación en 24 horas, y si persiste, se sucederán hasta resolverlo. El PNV debe mostrar sus cartas en un mes para no perder la presidencia del Parlamento Necesitará los votos de EHAK si quiere mantener el mando de la Cámara b Un previsible empate a 33 escaños entre populares y socialistas, por un lado, y el tripartito y Aralar, por otro, complicará los primeros pasos de la nueva Cámara ANA ANTOLÍN VITORIA. La presidencia del Parlamento vasco, que ahora ocupa Juan María Atutxa, está en el aire con el actual reparto de escaños. El candidato del PNV- EA, Juan José Ibarretxe, deberá forzar el ritmo y llegar a acuerdos antes de un mes para no perder esta institución, donde el tripartito suma un escaño menos que el PSE y el PP. La Ley no fija plazos para la designación del lendakari, pero sí para la composición del Parlamento vasco. El reglamento establece que tan pronto como se acredite, tras la proclamación de electos por las juntas electorales- -no antes del 26 de abril- una tercera parte de los miembros de la cámara, es decir 25 de 75, deberá procederse a la constitución del parlamento en un plazo no superior a quince días. Es tradición que los grupos retrasen Juan María Atutxa la presentación de credenciales hasta que se perfilan las alianzas postelectorales, pero en un escenario complejo todas las posibilidades están abiertas. El PSE- EE y el PP suman un escaño mas que el actual tripartito vasco, lo que acelerará el ritmo de las negociaciones. Aunque el PSE- EE no ha aclarado si pactará o no con el PNV, difícilmente los socialistas respaldarán a su candidato si se trata, como estaba previsto, de Juan María Atutxa, después de haber pedido su dimisión en la anterior legislatura. El tripartito necesita los votos de EHAK para no perder el mando de esta institución. El apoyo del único escaño de Aralar le serviría para empatar con el PSE y PP a 33 escaños. Un escenario que no contempla el reglamento, pero sí en el de la investidura del lendakari. Respecto a esta designación, es el presidente del parlamento vasco quien, una vez oída la mesa y la junta de portavoces como único requisito, establezca la fecha del pleno de investidura. Todos los grupos pueden presentar candidato siempre que lo comuniquen con una antelación de 72 horas. Si ninguno logra mayoría absoluta, 38 parlamentarios, la sesión se repetirá 24 horas después y resultará elegido el que obtenga el más votos, por mayoría simple. En caso de empate, el reglamento prevé una segunda votación 24 horas después sobre dichos candidatos exclusivamente. Si hay otro empate, se establecería un calendario de reuniones y sucesivas votaciones hasta resolverlo. LA CRIATURA EDURNE URIARTE E L análisis más asombroso que he escuchado tras las elecciones autonómicas vascas es ése que proclama el fin del soberanismo. Y no ha desmerecido en fantasía ese otro mucho más generalizado que ha sentenciado el fin del Plan Ibarretxe. Increíble si tenemos en cuenta que los soberanistas, es decir, los que pretenden ejercitar el derecho de autodeterminación, suman, lamentablemente, 39 escaños, a los que hay que añadir, claro está, los tres de IU. Y de un optimismo desbordante, si nos tomamos la molestia de recordar que el Plan Ibarretxe ha contado con el visto bueno de ETA y, por lo tanto, de sus nuevos representantes parlamentarios. Otra cosa es que la posición de Ibarretxe es mucho más incómoda y complicada y, sobre todo, nada calculada, porque ahora su proyecto soberanista está en manos de ETA cuando era él quien pretendía quedarse con los apoyos de los terroristas. Pero esta sorpre- sa amarga que le ha deparado el destino se debe a su entera responsabilidad. Porque la nueva criatura que ha salido de las filas proetarras ha sido engendrada, alimentada y engordada por los nacionalistas. Durante años, los constitucionalistas han pedido, suplicado y exigido a los nacionalistas vascos colaboración para aislar al brazo político de ETA. Y su respuesta no sólo ha sido la defensa cerrada de Batasuna, en contra de la ley y en contra de los principios democráticos. Aún peor, porque los nacionalistas firmaron el Pacto de Lizarra con los propios terroristas y, desde entonces, su discurso y sus decisiones han coqueteado descaradamente con la órbita radical. Aquello que la ley de partidos lograba los nacionalistas lo deshacían inmediatamente con su cerrada defensa de los derechos de los asesinos y de sus cómplices. Se ha tratado de un concienzudo trabajo para mantener la legitimi- dad social del brazo político de ETA, para protegerlo de la ley y para ofrecerle un cómodo sillón en el centro de la política vasca. Eso sí, sus esfuerzos pretendían quedarse con el voto radical, y el trasvase de voto batasuno a la coalición nacionalista en 2001 pareció avalar esa estrategia. Y tanto siguieron mimando a la criatura, que la criatura se creció y consideró que ya no necesitaba entregar su voto útil a nadie, que ya estaba lo suficientemente fortalecida para condicionar ella solita la política vasca. Falta añadir que ésta es una película de terror y que la criatura es un monstruo, enormemente peligroso para los demócratas que persisten en expresarse en el País Vasco. Pero al nacionalismo le ha dado lo mismo, sobre todo cuando ha necesitado sus votos para continuar en el poder. Y el Estado de derecho ha sufrido una grave afección ocular que le ha impedido ver lo que todos los demás hemos distinguido nítidamente en la pantalla. En estos momentos de la película, la criatura se ríe a grandes carcajadas de todos, incluidos los indefensos y atribulados espectadores.