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72 Toros LUNES 18 4 2005 ABC MONUMENTAL DE BARCELONA La mentira falaz de Esquerra Republicana José Tomás, El Juli, Antonio Barrera, César Jiménez, Serafín Marín, Cayetano... fueron los toreros que abanderaron al mundo de los toros por una Fiesta herida en Cataluña, que ayer recibió el apoyo de toda una afición. El acto organizado por la Plataforma para la Defensa de la Fiesta llenó el ruedo monumental de gentes pacíficas que reivindicaron su derecho a ser aficionados a los toros en tierras catalanas. Como señaló el presidente de la Plataforma, Luis Corrales, la batalla la vamos a ganar cívicamente, sin mentiras falaces como están lanzando quienes nos atacan En la soleada mañana barcelonesa ninguno de los cientos de aficionados que quisieron pisar la arena como un acto de fe taurina acudió con el mínimo ánimo de revancha. Sólo en defensa de una afición, pero tremendamente dolidos con los argumentos que está empleando Esquerra Republicana en su ataque furibundo a la Fiesta. Nadie se sentía maltratador ni de animales, ni de mujeres, ni de ancianos, ni de niños ni de inmigrantes. José Tomás, El Juli, Antonio Barrera, César Jiménez, Cayetano Rivera y Serafín Marín, ayer en la Monumental de Barcelona EFE La verdad de Serafín Marín ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD BARCELONA. Serafín Marín se la jugó sin cuento en su encerrona en la Monumental. El catalán asumió la responsabilidad de una tarde que era mucho más que una corrida de toros. Marín supo echarse a la espalda la lucha de la afición catalana contra los elementos políticos que quieren cercenar un derecho inalienable y ofreció lo mejor de sí, que fue mucho, a los miles de personas que llenaron a medias el coso barcelonés. Valor y buen toreo a partes iguales. Coraje y responsabilidad en un torero al que alguien con pocos escrúpulos quiso estrellar ante una corrida de tan poco nombre como escasa bravura y nula casta. Los toros de Los Chospes se lo pusieron difícil, algo que no le importó al de Montcada, que al final se fue a hombros de unos aficionados entregados desde el principio, tanto como lo hizo el propio torero. Serafín Marín estuvo siempre por encima de una corrida que en otras manos y con otra predisposición hubiera resultado infumable. Ahí queda un ramillete de medias verónicas, más que apretadas; ahí están ya para los anales de la Monumental naturales templados, despaciosos y eternos; y las series ligadas con la derecha con la muleta barriendo la arena, y los pases de las flores, y tres estocadas que por sí solas valían ya por orejas triunfales. Pero, además, Marín dejó la impronta del valor. Ni una mueca cuando los pitones, que trazaban casi siempre aviesas intenciones, rozaban los bordados de la taleguilla. Verdad, mucha verdad. Su balance: oreja, oreja, vuelta, ovación, ovación y oreja.