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ABC LUNES 18 4 2005 71 Toros FERIA DE ABRIL La madurez de El Fundi y una desilusionante miurada Real Maestranza de Sevilla. Domingo, 17 de abril de 2005. Última corrida. Lleno. Toros de Miura, desiguales de presentación, dentro de la seriedad miureña, y juego escaso; un sobrero de Conde de la Maza (2 bis) manso y violento; destacaron 1 y 4 aunque terminaron rajados. El Fundi, de nazareno y oro. Dos pinchazos, media tendida y descabello. Aviso (silencio) En el cuarto, dos pinchazos y media estocada delantera. Aviso (saludó desde el tercio) Juan José Padilla, de butano y plata. Media estocada trasera y tendida (silencio) En el quinto, metisaca y estocada corta rinconera (silencio) Jesús Millán, de rosa palo y plata. Pinchazo bajo (silencio) En el sexto, media estocada (palmas) El vendaval Cartagena, por la Puerta del Príncipe F. CARRASCO SEVILLA. Fue un vendaval. Un ciclón de principio a fin. Andy Cartagena, que sabe y conoce a la perfección los secretos para atraer al respetable, usó sus mejores armas ayer por la mañana en la Maestranza y abrió la Puerta del Príncipe. Y eso que tuvo el peor astado de la buena corrida de Fermín Bohórquez. Trabajo ímprobo el de Cartagena, quien realizó una meritoria labor. No era fácil la batalla con un toro aculado. Pero tiene en sus manos las llaves de esa espectacularidad que, además, conlleva el dominio de la cuadra y la certeza del sentirse seguro. Éste fue el balance: Bohórquez, ovación; Antonio Domecq, vuelta tras petición; Cartagena, dos orejas; Diego Ventura, oreja y petición; José Luis Cañaveral, vuelta, y Joao Moura Caetano, oreja. ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. A estas alturas de la Feria, otros años, deseábamos con fervor que la corrida de Miura nos sacase de la cueva del aburrimiento y el fracaso. Sin embargo, la sensación positiva de la presente edición aparcó el abatimiento pesimista. Ha embestido un número altísimo de toros, que han posibilitado notables triunfos, algunas derrotas y, en los últimos días, un éxtasis triunfalista que no debe confundir: la Feria ha sido buena por sí misma aunque la mano se haya abierto con excesiva generosidad en los últimos asaltos para abultar y redondear el balance definitivo. A mitad de la miurada, las buenas vibraciones del reciente pasado se nublaban en la decepción. Habían devuelto al inválido segundo y el manso tercero se defendía sin fuerza ni poder. Sólo el que abrió plaza, largo, alto y noble, había permitido el lucimiento de El Fundi con el capote a la verónica y un trasteo templado que se midió con cierta frialdad. La cosa acabó con el toro rajado, momento que tuvo que haber aprovechado antes el veterano torero de Fuenlabrada en lugar de insistir: El Fundi tuvo una actuación muy templada y torera quizá se hubiese evitado los problemas posteriores para cuadrar al miureño. Padilla reventó por bajo al violento y manso sustituto del Conde, que, derrotado, se paró y cesó de embestir. Por su parte, Jesús Millán muleteó con voluntad opaca al desfondado y desbravado miura que lidió como primero de su lote. La tonalidad grisácea de la tarde cambió en manos de El Fundi con el hondo y salpicado cuarto, al que banderilleó con valentía y no pocos apuros, con recursos de madurez más que brillantez. Bien de verdad anduvo Fundi con la muleta para hallar el eco en los tendidos que no encontró antes. Entendió a la perfección al miura y trazó derechazos muy largos, con el engaño siempre un tanto retrasado para no atacar. Los naturales siguieron el mismo curso, y la variedad en adornos y remates elevó la temperatura ambiente. Esta vez sí que no se alargó cuando J. M. SERRANO el toro pidió árnica y tablas. La oreja se presentía con justicia. Pero pinchó y se diluyó. La ovación que recogió en el tercio premió su cabeza torera y una estética madura más depurada de lo habitual. Sin terminar de descolgar y pese a rendirse, fue el toro que más nota sumó. Juan José Padilla, tan eléctrico como su terno naranja butano y plata con cabos negros y chaleco azabache perdió ayer tino en su especialidad banderillera. Apechó con un toro blando muy protestado. El personal se enfadó con argumentos. Hasta ahí la razón. Desde ahí las voces siguieron en el tercio de muerte ya de forma absurda. El jerezano no pasó de afanoso. El vibrante arranque de rodillas de la faena de Jesús Millán al sexto, un tráiler, se perdió con el defensivo comportamiento del morlaco en un metraje demasiado prolongado. MONUMENTAL DE LAS VENTAS Tarde desvaída con sólo un novillo de Sánchez- Arjona como referencia JOSÉ LUIS SUÁREZ- GUANES MADRID. Un minuto de silencio, tras el paseíllo, en recuerdo a Fernando Jardón, empresario que fue de esta plaza en el periodo 1975 a 1978 e hijo de uno de los principales socios fundadores de Nueva Plaza de Madrid. Hombre afable y caballeroso. Desde aquí nuestra oración. César Manrique, sobrino del que fue matador de toros Jorge, se encontró, en primer lugar, con un novillo que empezó a flojear enseguida. Manrique lo cuidó en la muleta y dejó muestras de buen gusto, pero sin cuajar. Se lució al veroniquear al cuarto. Lo hizo con rit- mo y quietud. Llegó reservón su rival al trance final y el vallisoletano realizó una faena voluntariosa, pero monótona y reiterativa. Mató arriba y bien. Flojísimo el segundo de la tarde, Juan Andrés González se limitó a cumplir con el percal. Apuntó estilo, pero sin poder cristalizar. Se entregó de verdad en la estocada final. Perdió el capote en el quinto, un novillo de Sánchez- Arjona con casta y fiereza, que tomó tres varas. Derribó al piquero de turno, al que el subalterno Tomás Pallín hizo un buen quite. El astado, con poder y fuerza, trajo de cabeza al salmantino de primeras, que luego se serenó más, aunque sin brillantez. Al que- Monumental de Las Ventas. Domingo, 17 de abril de 2005. Menos de un cuarto de entrada. Novillos de Hermanos Torres Gallego, flojos los dos primeros y descucido el resto. El 5 de Sánchez- Arjona, encastado y con genio. César Manrique, de canela y plata. Dos pinchazos y estocada (silencio) En el cuarto, estocada (silencio) Juan Andrés González, de verde botella y oro. Estocada (palmas) En el quinto, estocada (silencio) Carlos Doyague, de grana y oro. Pinchazo, media y descabello. Aviso (silencio) En el sexto, estocada y descabello (silencio) rer apuntillarlo arrolló al peón. Un novillo de los que ya no se ven. Carlos Doyague se lució al veroniquear al tercero. Empezó con maneras al torear sobre la derecha para difuminarse enseguida. Rápido y eléctrico lanceó al último. Toreó sobre la izquierda, pero siempre discontinuo, a cuentagotas y sin ligar.