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ABC LUNES 18 4 2005 65 La mexicana María Elena García Rivera gana el XI Concurso de Canto Fundación Guerrero José Antonio, director del Ballet Nacional, se presenta en sociedad esta semana en el teatro de la Zarzuela Cronopios y famas en la prisión del tiempo Evocó Antonio Muñoz Molina en su intervención a Saul Bellow, el gran patriarca de las letras estadounidenses, recientemente desaparecido, quien acaso con Las aventuras de Augie March hizo un maravilloso homenaje al Quijote en tierras de Chicago. Muñoz Molina recordó la división del mundo bellowniana: entre los que son y los que buscan llegar a ser, que tal vez sea otra variante taxonómica de lo que Cortázar trazó entre famas y cronopios. Mientras que los que son hacen todo lo posible para permanecer eternamente como son, contentos con sus vidas y sus nombres, los que tratan de llegar a ser, de convertirse en otro alguien, siempre se sienten fuera de lugar, y lo que aman no es la certeza de ser, sino la aventura de llegar a ser. Para ellos la identidad personal no es su hogar, sino su cárcel El autor de Sefarad puso a don Quijote en la estela de esos que siempre están buscando quiénes son y trajo a su estela a Rimbaud, para quien la vida siempre está en otra parte Para quienes no se conforman con someterse a una identidad prefijada, don Quijote es una figura relevante: Sobre todo para los que no estamos dispuestos a someternos a ninguna establecida ley de la identidad: ésa es la principal razón por la que nos gusta leer novelas, y a algunos escribirlas, en un intento de romper las fronteras que se supone que no debemos traspasar, escapar más allá de los lindes del ser, las fronteras del espacio, y lo que Nabokov llamó la prisión del tiempo Paul Auster leyó un fragmento de su Trilogía de Nueva York en la que se habla sobre el Quijote Salman Rushdie aventuró que el libro de Cervantes era una fusión de las literaturas de Oriente y Occidente habría pasado a los árabes, de éstos a España, de la Península a Europa, de la vieja dama a Iberoamérica y de allí a García Márquez, antes de dar paso a la larga hilera de quijotistas Laura Restrepo, colombiana como el Nobel, fue la primera en intentar atrapar uno de los anillos quijotescos, y trazó un ambicioso arco de paralelismos entre don Quijote y Hamlet: Ambos estaban locos, o al menos pretendían estarlo antes de plantear que el hidalgo manchego sería el primer hombre moderno al ligarse en él simbólicamente modernidad y locura. Joseph O Connor novela la epopeya irlandesa en la tierra prometida Con su thriller El crimen del Estrella del mar ha vendido más de un millón de ejemplares b El escritor irlandés embarca en su relato muchos secretos, algún misterio y un asesino ávido por consumar una venganza antes de concluir la travesía ANTONIO ASTORGA MADRID. Joseph O Connor traza en El crimen del Estrella del mar (Seix Barral) la odisea de los ciudadanos irlandeses que en 1847 cruzaron el océano buscando recuperar el tiempo perdido y la tierra prometida: Nueva York. Detrás quedaba una Irlanda desgarrada por la hambruna y la injusticia. En esta obra de pura ficción (documentada históricamente a la perfección) se entrecruzan historias de amor, de asesinato y de pasión. ¿Qué perseguían los irlandeses en la tierra prometida americana? Huir de Irlanda fundamentalmente responde O Connor, hermano de la cantante Sinead O Connor. Unos buscaban un lugar donde sobrevivir; otros, un espacio donde empezar, frescos, de nuevo; algunos, la fortuna, y los menos, un lugar donde no pudieran ser vistos como criminales. Había una gran mezcla O Connor adereza los capítulos con extractos de cartas reales de la época. Uno de esos testimonios le llamó poderosamente la atención: Un emigrante se baja del barco y sube a un pequeño vehículo para ir a buscar empleo ya en la ciudad de Nueva York. Cuando está delante de la persona que le va a apuntar en la lista de espera, el irlandés se quita el sombrero y su empleador le espeta: ¡Vuelva a ponerse el sombrero. Nosotros aquí no nos quitamos el sombrero para pedir empleo! Eso es lo que los irlandeses buscaban: un lugar donde no tuvieran que quitarse el sombrero Un canto al poder del deseo El italiano Claudio Magris, que en su Danubio destiló voces y literaturas del Este y el Oeste europeos, evocó las palabras de agradecimiento de Dostoyevski a Cervantes, quien gracias a su Quijote redime a toda la humanidad ante Dios. Mientras la argelina Assia Djebar lanzó una curiosa y plúmbea tesis sobre la condición de Cervantes como la fugitiva árabe Zoraida, y el rumano Norman Manea mezcló los totalitarismos nazi y estalinista para confiar en que gracias al libro de Cervantes no todo esté perdido, la canadiense Margaret Atwood sirvió una entusiasmada reseña de la ópera que Cristóbal Halffter dedicó a don Quijote. Para los hispanistas argentinos Lía e Isaías Lerner, el acto tuvo un significado especial: Darle al español por fin en Nueva York la presencia que se merece Copatrocinado por la Junta de Castilla- La Mancha y el Instituto Cervantes, fue su director en Nueva York, Muñoz Molina, quien resumió espléndidamente el sentido del evento y del libro: En su canto al poder del deseo y de los placeres de la ficción yace una grave advertencia sobre los límites de la autoinvención y de la autodesilusión. Habiendo sido un fracasado él mismo durante la mayor parte de su vida, Cervantes sabía qué es lo estaba escribiendo. Pero las apariencias engañan, como los lectores de las aventuras del Quijote saben muy bien. El éxito y el fracaso pueden resultar tan engañosos como los molinos de viento y los gigantes. Si Cervantes fuera sólo oscuro escritor español, un dramaturgo fracasado, un veterano minusválido, un superviviente de la pobreza y la mala fortuna, ¿qué es lo que nos ha traído a tantos aquí esta noche para recordar su nombre y rendir homenaje a su obra maestra? Joseph O Connor EFE llano se lo dieron al bachiller Sansón Carrasco, quien lo tradujo al árabe. Cervantes encontró la traducción, mandó pasarla de nuevo al castellano, y luego publicó el libro Cuerdo, el detective le pregunta al ensayista por qué se tomaron Sancho y los otros tantas molestias: Curar a don Quijote de su locura La idea era poner un espejo delante de la locura de don Quijote, registrar cada uno de sus absurdos y ridículos delirios, de tal modo que cuando finalmente leyese el libro viera lo erróneo de su conducta Mientras Rushdie aventuró que el Quijote era una fusión de las literaturas de Oriente y Occidente y que la historia de la literatura del mundo viene de esta particular novela dijo que la estructura de la primera parte del Quijote recordaba a la de Las mil y una noches con cuentos intercalados y encadenados, de lo que dedujo que quizá su verdadero origen habría que rastrearlo en su India natal, de donde Preocupado por su salud mental O Connor ha aprendido a amar el mar, la mar, a medida que escribía la obra. Consultó una carta de navegación para ser fiel a la latitud y a la longitud de la epopeya. Mi mujer llegó a preo- cuparse de que yo pudiera perder mi salud mental, ya que también he recogido la temperatura exacta que había en cada punto de la navegación. Descubrí que existe una boya que recoge la temperatura real del Atlántico. Mi mujer se asustó de que también pudiera ser devorado por el mundo marino al caer en sus redes. Las ilustraciones y gran parte del material del libro lo he conseguido a través de Internet. Por eso, lo que gané por royalties lo destinaré a pagar las facturas telefónicas Lo que he aprendido en mi carrera como escritor, en los dos o tres libros que he escrito- -concede O Connor- es que a los lectores nada les enfada más que el que utilices los datos mal. Parte de las reglas del juego a la hora de escribir ficción es hacer creer al lector que esa gente existió de verdad y que una situación así también pudo existir. La documentación debe ser exacta Escribiendo sobre un asunto tan serio como es El crimen del Estrella del mar Joseph O Connor ha descubierto que sólo se necesita un diez por ciento de esfuerzo adicional para documentarte y poder colocar los andamios de tu obra. Ahí es donde el escritor tiene una responsabilidad moral: ambientar correctamente la historia para hacer creíbles a los personajes El cine ha echado sus redes sobre la epopeya de O Connor: En estos momentos se realiza el guión de la película, pero yo no estoy participando, algo que por otra parte me hace muy feliz