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ABC LUNES 18 4 2005 Sociedad SEDE VACANTE EN EL VATICANO 59 Los periódicos italianos también juegan a un Cónclave abierto y barajan quinielas con todas las posibilidades De Ratzinger a Ouellet TEXTO: NIEVES SAN MARTÍN ROMA. En el Cónclave no sólo hay papables sino kingmakers grandes electores. Es proverbial la estrategia de un primer tanteo para luego retirarse los que crean tendencia, en este caso según todas las quinielas, Ratzinger- Martini, y desvelar al tapado o la solución de consenso. Así sucedió con Wojtyla. Cuando aumentaban sus votos, el guatemalteco Casariego preguntaba: ¿Quién es este Botiglia (Botella) Luego, el polaco, cuando lo abrazó, le dijo con sorna: ¡Ahora ya sabe quién es Botella! El gran elector, dicen, es el Espíritu Santo, que ha dado no pocas sorpresas. Si en el funeral de Juan Pablo II hubo un viento juguetón, visto como signo, ayer usaba los otros dos lenguajes de Pentecostés: el fuego (rayos) y el trueno. Esta lluvia atormentada lava las quincallas de la Urbe católica, que aparece limpia para el día en que el humo blanco y las campanas anuncien al Elegido. Según los periódicos italianos, Ratzinger parte favorito pero raspa los 35 votos. No aceptará ser punta de lanza con menos de 58 votos, que podrían llevarle luego a los dos tercios. Al niño que soñaba ser cardenal, eterno rival de Küng en Tubinga, podrían no bastarle- -ni los apoyos, ni los fans- -pronunciar las homilías más decisivas. Los cardenales parecen inclinarse a no votar mañana por la tarde, o al menos no dar el resultado con fumata. Para hacer un paréntesis de reflexión entre el sermón de Ratzinger, en la misa pro eligendo Romano Pontifice de la mañana, y la urna de la tarde. Martini, jesuita, leído en el mundo entero, como Ratzinger, con parkinson y dimisionario de Milán, encabeza la corriente más profética. Biblista, pide un Concilio Vaticano III a celebrarse en Jerusalén. Marc Ouellet, arzobispo de Quebec AP Sin compromisos Una solución podría ser Tettamanzi, líder de la diócesis más grande del mundo, Milán. Pero sus intervenciones no gustan a los iberoamericanos. Con lenguaje roncalliano querido por sus paisanos lombardos, es diocesano, empeñado en revitalizar las parroquias, sin compromisos con grupos eclesiales como tienen más o menos abiertamente Scola, Hummes, Bertone, Maradiaga, Herranz, Castrillón, Cipriani y un largo etcétera. Los 20 italianos están, como siempre, divididos. La candidatura del vicario de Roma, Ruini, fina inteligencia y gran cultura, se considera aquí muy política. La base eclesial italiana disiente de la campaña de abstención de Ruini en los referendos sobre la ley de procreación asistida del próximo junio. Hasta el ex premier Andreotti, próximo a Comunión y Liberación, se opone en esto. Sodano, número dos de Juan Pablo II, parece demasiado ligado a ese pontificado, como lo es Re, amigo personal de Juan Pablo II. Toma fuerza en las quinielas un jolly el canadiense Ouellet, 60 años, arzobispo de Quebec, seguidor del teólogo suizo von Balthasar. Demasiado joven quizá, como Schönborn, teólogo austriaco. El hondureño Maradiaga, rasgos indios, sonreía ayer desde la Rai, celebrando en la Iglesia de la Esperanza. Palabritas cordiales, nada comprometidas. Sería líder de un cambio importante. De la Universidad Católica, políglota, piloto. Otro iberoamericano, el chileno Errazuriz, podría ser de mediación. Bergoglio, jesuita argentino, puede ver quemada su candidatura si es cierto lo que dice el diario Il Tempo estaría implicado en la prisión, en la tenebrosa Escuela Mecánica de la Armada, de dos misioneros jesuitas, en la época oscura de los desaparecidos Todos ellos son de gran calibre. Hablan varias lenguas, les gusta la comunicación y la tecnología, con buena cultura divina y humana. La Iglesia no es ya reducible a las sacristías. Hummes, franciscano brasileño medio alemán; el nigeriano Arinze, con los arinzeboys sitio web de fans; el indio Ivan Dias; los portugueses Saraiva y Da Cruz; el alemán Kasper, el inglés O Connor; el ex ministro de Exteriores del Papa, Tauran, francés, arrancó aplausos en la última congregación. Y Agnello, brasileño, ordenado obispo el mismo día que moría Pablo VI, podría llamarse Pablo VII. Algunos incluso apuntan a Lustiger, ex arzobispo de París, pero está perdiendo la voz. Debería operarse y no escucha a los médicos. Demasiado cercana la imagen de la impotencia de Juan Pablo al perder la palabra.