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76 Tribuna DOMINGO 17 4 2005 ABC M ÁS de un lector, al hilo de estas tres palabras, podría pensar que sí, que la que tuvo- -o tiene- -merecedora es de tal calificativo, pues toda mujer, cuando se le sublevan los sentimientos, es capaz de procurar harto daño, felina brava. Por eso me apresuro a aclarar que no es una mujer la amante a la que aludo, sino nuestro satélite lunar. La Luna es una cruel amante tituló una de sus novelas cime ras Robert A. Heinlein, ese norteamericano de Missouri que tiene sitio cierto en el campo de la ciencia- ficción. Heinlein (1907- 1988) que había dado ya a la luz obras como Ciudadano de la Galaxia (1957) Tropas del espacio (1959) o Forastero en tierra extraña (1961) publicó en 1966 la arriba citada (la edición española data de 1974) cuando el hombre no había puesto aún el pie en la Luna. Pero él situó en sólo un siglo por delante- -año 2076- -los hechos conformadores de su relato; una Luna convertida en colonia penitenciaria la primera prisión abierta de la historia; sin barrotes, ni guardianes, ni reglamentos... ni necesidad de ellos en la que conviven los reclusos con los descendientes de los exconvictos, libres por tanto, si sujetos a las férreas normas impuestas por la autoridad implacable de tierra y sus naciones federadas. Lo que Heinlein cuenta con su habitual minuciosidad es la revuelta de los lunáticos para zafarse del yugo de ESA CRUEL AMANTE CARLOS MURCIANO Escritor sus opresores, espejo a su modo de la que el pueblo norteamericano llevó a cabo respecto de Inglaterra. Sus protagonistas son Manuel O Kelly, técnico en computadoras, manco, pero con trece brazos izquierdos intercambiables, el profesor Bernardo de la Paz, ideólogo político, anarquista moderado, y Mike una computadora gigantesca, controladora del tráfico robótico, el sistema telefónico, las comunicaciones Luna- Tierra, el aire, el agua, la temperatura, la humedad de las ciudades subterráneas y muchas otras cosas, cuyo apoyo resulta decisivo para el éxito de la rebelión. Metido un día en política y Siempre he pensado que el atractivo título de esta novela, The Moon is a harsh mistress no está bien traducido a nuestra lengua fracasado, Heinlein aprovecha a sus personajes, y en especial al profesor de la Paz, para dejar constancia de sus propias ideas en esta materia, cosa que ya había hecho en Tropas del espacio si no tan decididamente. La victoria del más débil sobre el poderoso y el concepto de libertad, son elementos clave en el hacer de este narrador, que no se cansa de gritar en estos cinco centenares de páginas ¡Luna libre! y acaba sacrificando en el empeño a sus protagonistas. Heinlein, que intentó en un principio encauzar y encajar su producción en una Historia del Futuro no vaciló en procurarse una cronología- -inspirada en el maestro del género Olaf Stapledon- -que abarcaba desde 1950 a 2600, y que por supuesto resultó aplicable a sólo una pequeña parte de su obra. Y este, y otros pasos similares, hicieron de él un autor imprescindible, pero controvertido, a lo que también contribuyó algún título fallido, como No temeré ningún mal (1970) No sorprende, pues, que Alexei Panshin, v. g. le llame narrador nato y Brian Aldiss, narrador no especialmente bueno Siempre he pensado que el atractivo título de esta novela, The Moon is a harsh mistress no está bien traducido a nuestra lengua. Porque cruel en inglés, es sencillamente cruel en tanto que harsh es agria áspera acerba dura y también ingrata y esta es la palabra que, a mi juicio, define mejor lo que la obra encierra, vista desde el talante de un terráqueo decepcionado por su rebeldía: La Luna es una amante ingrata Si he vuelto sobre ella, y la he sacado de su olvido, ha sido porque se fijó para enero de 2005 el momento en que la pequeña nave de la Agencia Espacial Europea, bautizada como SMART- 1 y lanzada el 27 de septiembre de 2003, comenzaría a obtener imágenes detalladas de la superficie lunar, mediría su composición química y buscaría agua helada en los más sombríos y hondos cráteres. Y hacia 2020, se pretende instalar en esa castigada superficie una pequeña base semi- permanente que sirva como entrenamiento para futuras expediciones marcianas Considerando que Heinlein fue capaz de extender su cronología hasta el año 2600, debió llevar bastante más allá de 2076 la selénica aventura que narró en su novela. Porque para que los terráqueos se instalen allí y sobrevivan y progresen, un siglo es un soplo de tiempo. Y lograrlo requeriría, a mi entender, todo un huracán.