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ABC DOMINGO 17 4 2005 La Tercera LA DEMOCRACIA CLAUDICANTE ANTE LAS ELECCIONES VASCAS N paisano mío, movido por la curiosidad de conocer los límites de los disparates, se personó en un Juzgado de Granada y presentó una demanda de procedimiento declarativo de mayor cuantía en la que solicitaba la propiedad de la Giralda de Sevilla. El juez rechazó semejante pretensión, mediante una resolución fundada en lo que establece el artículo 11.2 de la Ley Orgánica del Poder Judicial: no se admitirán las peticiones que se formulen con manifiesto abuso de derecho o que entrañen un fraude de ley. El juez recordó también lo que había aprendido en las clases de derecho civil, con los comentarios profesionales al artículo 6.4 del Código: los actos realizados al amparo del texto de una norma que persigan un resultado contrario al ordenamiento jurídico se considerarán ejecutados en fraude de ley. En los ambientes jurídicos no se cuestionaba esta manera rotunda de resolver las pretensiones extravagantes hasta que llegó el Plan Ibarretxe. Nadie puso en duda que contenía varias propuestas inconstitucionales, con fraudes de ley que saltaban a la vista, como ha apreciado finalmente el Congreso de los Diputados. Sin embargo, el Plan se admitió a trámite y durante más de un año se ha beneficiado de la publicidad de los debates en instituciones importantes del Estado. ¡Peor suerte la de mi amigo en su pretensión de la Giralda! ¡Escaso respeto por la doctrina jurídica dominante, según la cual son inadmisibles y deben ser consideradas nulas aquellas iniciativas que afecten a la esfera nuclear del ordenamiento constitucional, o sea la tesis tantas veces repetida por Maünz- Dürig y V. Mangoldt- Klein! Fue alegado, en algún momento de la tramitación del Plan Ibarretxe, que nuestra democracia, a diferencia de otras de las existentes en Europa, no era una democracia militante. Quería decirse que en el ordenamiento español todos los preceptos constitucionales son susceptibles de revisión, mientras que en el sistema francés, por ejemplo, no se puede reconsiderar la forma republicana de Gobierno, o en el alemán hay cláusulas de intangibilidad que cubren los principios constitucionales que dan fundamento a un orden, tan sólidamente implantado que si alguien intentase derribarlo les asiste a todos los alemanes el derecho de resistencia cuando no fuere posible otro recurso (artículo 20, según la reforma de 1968) Frente a estas democracias militantes, en las que se defienden unos postulados básicos, están las democracias configuradas por normas de procedimiento, donde todo puede debatirse. Tanto lo que es lógico, o sea conforme a las reglas del sistema constitucional, como lo que es ilógico; tanto lo que afecta a los cimientos del edificio como lo que sólo aspira a modificar elementos secundarios. La democracia española, en opinión de algunos, se incluiría en U este grupo de democracias carentes de principios intocables. Podría admitirse la calificación de democracia militante o no militante, aplicada a la española, si no temiésemos que se transformase en una democracia claudicante. Las elecciones en el País Vasco son una prueba de fuego. Unos y otros demostrarán lo que son y a lo que aspiran. Sería claudicante el que fallase por flaqueza moral en la observancia de los principios que dice aceptar y defender. Sería claudicante la democracia que permitiere su destrucción por quienes de ella se han beneficiado. Claudicar, en nuestro caso, es aceptar que la vigente Constitución no se fundamenta en la Claudicar, en nuestro caso, es aceptar que la vigente Constitución no se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. Claudicar es quebrar la solidaridad entre los españoles y las distintas zonas territoriales en que vivimos indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. Claudicar es quebrar la solidaridad entre los españoles y las distintas zonas territoriales en que vivimos. Claudicar es negar al Estado la competencia exclusiva para regular las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos y en el cumplimiento de los deberes constitucionales. Los alemanes son partidarios de la democracia militante porque recuerdan la reducción a cenizas de la República de Weimar por los extremismos de izquierda y de derecha. Fue el suicidio de la democracia en 1933. Como puntualiza Klaus Stern, en una obra muy difundida en las universidades españolas, el aprovechamiento de todas las libertades democráticas para combatir la Constitución de 1919 condujo a la destrucción de ésta desde dentro. Esta experiencia ha encontrado reflejo en todas las medidas de la actual defensa de la Constitución Se defiende la Constitución en Alemania con mandatos concretos. Se estipula así que la libertad de enseñanza no exime de la fidelidad a la Constitución (art. 5.3) o que los partidos políticos que por sus fines o por actitud de sus adherentes tiendan a desvirtuar o destruir el régimen fundamental de libertad y democracia, o a poner en peligro la existencia de la República Federal de Alemania, son inconstitucionales (art. 21.2) Y hay otras precauciones importantes para defender la Constitución. El profesor Pedro de Vega lo explica bien: La defensa de la Constitución pasará a entenderse no como defensa abstracta de la norma, sino como defensa de los valores cuya realización establece la norma. Lo cual significa que si en el primer momento del constitucionalismo moderno lo que se propicia en Europa es una defensa de la legalidad constitucional con medios políticos, lo que se va a propiciar ahora es una defensa de los valores políticos por medios y mecanismos jurídicos Nuestra Constitución reconoce y protege valores políticos supremos. No cabe claudicar en la observancia de estos principios básicos. Si esto supone que la democracia española está configurada por algo más que por un conjunto de normas de procedimiento, y esto nos lleva a considerarla democracia militante, nada hay que objetar. Lo que en cambio no resulta procedente es que en un debate parlamentario se invoque de forma incompleta la Sentencia del Tribunal Constitucional número 48 del año 2003, la relativa a la Ley de Partidos Políticos. Se omitió en la cita el siguiente párrafo: Nuestra Constitución proclama principios, debidamente acogidos en su articulado, que dan fundamento y razón de ser a sus normas concretas. Son los principios constitucionales que vinculan y obligan, como la Constitución entera, a los ciudadanos y a los poderes públicos (art. 9.1 CE) incluso cuando se postule su reforma o revisión y hasta tanto ésta no se verifique con éxito a través de los procedimientos establecidos en su título X He aquí una norma, la que exige reformar la Constitución siguiendo el camino marcado al efecto, que algunos pretenden olvidar ahora con unas propuestas de revisión de los Estatutos que afectarían finalmente a la Constitución. Se trata de un procedimiento inaceptable, inconstitucional. Es la bandera del PNV con su Plan Ibarretxe como programa electoral. Frente a esto no cabe la claudicación. El triste final de la República de Weimar fue una experiencia que gravitó sobre los constituyentes alemanes en 1949 y que sigue presente en los juristas de aquel país. La protección frente a actuaciones dirigidas a minar y socavar la Constitución exige permanecer alertas. No se olvida la marcha a través de las instituciones más funesta en su día que la marcha sobre Roma Ni se olvidan estos sucesos políticos allí ni deben olvidarse en España. No queremos una democracia claudicante. MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas