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96 Los sábados de ABC SÁBADO 16 4 2005 ABC ENTREVISTA LUIS ROJAS MARCOS Psiquiatra Hay una base genética para el optimismo, pero también puede aprenderse Uno punto débil de los llamados libros de autoayuda es que no siempre conoces a los autores, y no puedes saber si, como en el divertido gag de Los amigos de Peter aquella película de Keneth Brannagh, el fulano que te aconseja sobre lo divino y lo humano acaba de suicidarse. No es este el caso de La fuerza del optimismo del psiquiatra Luis Rojas Marcos, quien ha acreditado a lo largo de 35 años de profesión, numerosos artículos y unos cuantos libros cómo es posible enfrentarse al dolor de la vida sin ¿Optimistas en ocho capítulos? Rojas Marcos diría que no, pero su último libro ofrece el trasfondo y las estrategias para un optimismo razonable TEXTO: M. HERMIDA FOTOS: CHEMA BARROSO arriar la bandera de la esperanza. Hay otra prueba del nueve para la coherencia de Rojas Marcos: vivió en primera persona el 11- S y salió de aquella experiencia atroz afirmado en sus creencias sobre las posibilidades y la fuerza del ser humano, aunque, eso sí, más consciente de su enorme vulnerabilidad. ¿El optimista nace, se hace, se deshace... -Se ha comprobado, y lo explico en el libro, que hay una base genética, especialmente para el pesimismo. Pero esa base, que no puede cambiarse, representa un 30 por ciento de la actitud ante la vida. Sobre ella actúan la educación, las experiencias de los primeros quince años, los acontecimientos y cómo los maneje la persona. Pero siempre podemos aprender a ser optimistas. Existe una conexión entre las partes del cerebro que controlan el estado de ánimo y el pensamiento. Si analizas y controlas tus pensamientos automáticos, a menudo negativos, que influyen en nuestras valoraciones, si contextualizas, si te aferras y valoras las pequeñas cosas, se va generando una actitud positiva. ¿Cómo? Un ejemplo simple: una niña de cuatro años dibuja algo y no le sale. Su padre le dice: Bueno, no te ha salido como querías porque hoy estás cansada Esa es una interpretación optimista: para la ni- ña, lo que le sucede es circunstancial, superable. Refuerza su confianza en sus posibilidades de sortear las dificultades de la vida. Otra opción: su padre le dice: Claro, es que no vales para dibujar... -Convivir con un pesimista es difícil... -Convivir con un depresivo es demoledor. Con un pesimista normal puede ser un fastidio, pero lo que no hay que hacer es intentar cambiar su forma de pensar. Es más práctico aprovechar lo que le gusta o lo que no ve tan negro para reforzar esas parcelas positivas, y de ahí pueden venir otras cosas... -Usted habla de dos enemigos mortales del optimismo: la depresión y la indefensión crónica. La depresión es terrible, pero una enfermedad puede combatirse. Hable de la indefensión crónica. Es difícil imaginar lo que debe sentirse en conflictos permanentes... O pienso en el terrorismo, en el superviviente al que atormenta seguir vivo, o se siente traidor a la memoria de alguien por empezar a ser un poco feliz... -No hay mucha diferencia entre la herida que te provoca un cirujano y la herida de una puñalada, pero creo que Título: La fuerza del optimismo Autor: Luis Rojas Marcos Editorial: Aguilar Páginas: 237 Precio: 16,50 todos conocemos la diferencia emocional entre esas cicatrices. No es lo peor el hecho de la indefensión, aunque no debe minimizarse, pero hasta en los peores momentos una situación puede percibirse de muchas formas. Ahora bien, el veneno está en la palabra crónica Cuando algo es o se percibe como continuo y sin salida, se produce una verdadera devastación. La persona ya no intenta nada, se deja ir, aunque se le presente alguna solución. Siempre hay que aferrarse a las pequeñas ráfagas de luz, a las intermitencias de esperanza. -Es interesante su reflexión sobre salud y optimismo. Algunos libros acusan de enfermar al triste -Yo lo llamo la tiranía del optimismo. Qué duda cabe de que el optimismo es saludable y nos impulsa a luchar, sea en un tratamiento médico o en un proyecto vital. Pero hay que tener cuidado. En sociedades individualistas somos responsables de nuestros éxitos y de nuestros fracasos, y ahora, por ampliación, de nuestra salud y de nuestra enfermedad. Me he encontrado con pacientes abrumados porque eran pesimistas y no sabían cómo cambiar para curarse... Esto no es tan sencillo. Lo interesante siempre es entenderse uno mismo, saber cómo pensamos, limitar el sentido de culpa, la negatividad... -El caso es que el optimismo es de gente mal informada, sencillita, vamos... -Tiene mala fama entre muchos intelectuales, es cierto. Pero nuestra especie no hubiera sobrevivido ni conseguido tantos logros sin optimismo. De todas formas, le voy a hacer una pregunta: ¿cuál es su índice de satisfacción vital, entre 0 y 10? (Se dirige también al fotógrafo. Ambos descubrirmos que es mejor no mentir ni farfullar) ¿Lo ve? En general, nos sentimos razonablemente satisfechos. Incluso quienes tienen problemas. Pero cuando preguntas cómo se valora la vida de los demás o la situación en general, la puntuación cae en picado. Es una curiosa contradicción que explica muchas visiones pesimistas.