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ABC SÁBADO 16 4 2005 Madrid 37 El jurado popular declara culpables a los tres jóvenes acusados de matar al mendigo El tribunal cree que actuaron con alevosía, ensañamiento y discriminación pide 25 años de prisión para uno de los encausados y 22 y medio para los otros dos, así como que no se les aplique la reducción de condena ABC MADRID. Un jurado popular de la Audiencia Provincial declaró ayer por unanimidad culpables a tres jóvenes, de entre 21 y 25 años, acusados de matar a un indigente el 28 de agosto de 2002, al propinarle una paliza en la puerta de un garaje en el paseo de Santa María de la Cabeza de la capital. Formado por siete mujeres y cuatro hombres, el jurado considera probado que los procesados, Rubén H. R. Carlos C. C. y Francisco José A. G. son culpables de haber causado la muerte de Antonio M. La portavoz del jurado destacó en la lectura del veredicto la agravante aplicable a los acusados por ser la víctima mendigo. Al respecto se refirió a la conducta de los acusados como un desprecio de la vida de esta persona en su condición de indigente Tras la vista, Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia- -que ha ejercido la acusación en esta causa- destacó sobre este aspecto del veredicto que es la primera vez que se reconoce un crimen de odio Por ello lo calificó de hecho histórico e insistió en que por primera vez se reconoce que la condición de indigente fue la que les movió a cometer una agresión tan brutal además de subrayar que el jurado ha mandado un mensaje a la sociedad: Que el Estado de Derecho protege a los más débiles El jurado cree que los acusados cometieron asesinato con agravantes de b La fiscal MADRID AL DÍA DONUTS SIN AGUJERO MANUEL DE LA FUENTE E Rubén H. R. uno de los acusados, a su salida de la Audiencia Provincial ensañamiento, alevosía, motivos discriminatorios por ser su víctima indigente y aprovechamiento de las circunstancias por el lugar y la hora del suceso, a las seis de la madrugada. Tras oír el veredicto, la fiscal mantu- EFE vo su petición de que el presidente del tribunal condene a 25 años de cárcel a Francisco y a 22 y medio a cada uno de los otros dos, y que no se les aplique los beneficios de remisión de condena a ninguno de los tres. Detenida una spiderwoman tras escalar un piso para robar CARLOS HIDALGO MADRID. Ni Stan Lee, creador de Spiderman pudo imaginar en sus mejores tiempos un personaje tan singular. Antonia P. R. conocida en Vallecas como Spiderwoman -léase La mujer araña hacía burlas a su deterioro físico a causa de las drogas y, sin pensarlo dos veces, se encaramaba a las fachadas de los pisos que quería robar para poder así pagar su dosis diaria. Lo hizo hasta, al menos, en seis ocasiones. Pero, el pasado 3 de abril, acabó entre rejas. Los hechos ocurrieron en la calle del Puerto de Alazores, en el distrito de Villa de Vallecas. Antonia se había parapetado una vez más al exterior de un edificio y, con más suerte que maña, logró ir ascendiendo hasta el primer piso. Eran las ocho de la mañana de un domingo en el que los moradores de la vivienda ya se encontraban despiertos. Fue entonces, cuando la ladrona comenzaba a hacer suyo todo lo que de valor había en el piso, en el momento en que los dueños se percataron de la presencia de la delincuente, a la que retuvieron mientras llamaban a la Policía. Los agentes llevaban unos meses- -al menos, desde el pasado enero- -tras la pista de tan singular mujer, puesto que se les había puesto en conocimiento de otros robos de la misma índole en el distrito. Así que, cuando llegaron y la detuvieron, se dieron cuenta de que coincidía con la descripción facilitada por otros ciudadanos, quienes pusieron énfasis en su pelo largo con mechas rojas. La mujer siempre actuaba de la misma manera: por la noche- -o al amanecer- escalando con sus propias manos por los edificios hasta las primeras plantas y rompiendo los cristales de las ventanas o los balcones para poder acceder a las viviendas. Antonia P. R. tiene 27 años y cuenta en su haber policial con tres antecedentes por robo con fuerza y violencia, por lo que se trataba de una persona peligrosa. Al parecer, según la Policía, la presunta delincuente pernoctaba en el poblado marginal de Las Barranquillas, donde, además, hacía el trueque de los objetos robados por la droga que consumía (heroína) Además del intento de robo en el que fue apresada, la Policía cree que puede ser la autora de otros robos en las calles de los Caranvajos, Puentalarra, Puerto de Galapagar, Carrasca y San Jaime. n los lejanos (parece que remotos) tiempos de la progresía, mientras se hacía botellón (ya ven que no es cosa de ahora) en la Plaza del Dos de Mayo y sus aledaños, entre trasegada y trasegada de absenta, de un colorcillo entre la lejía y la esperanza, que hacía que por unas horas nos imaginásemos primos castizos de Rimbaud, Baudelaire y Verlaine, a la tropa, a la basca (lo de peña no se usaba todavía) ya de anochecida le daba por entonar tonadillas y eslóganes absolutamente peregrinos, pero con su puntito sesentayochista de utopía y de coña: Queremos los donuts sin agujero Libertad, anarquía y una tía cada día Que no se diga, que no se note, que todos los fachas llevan bigote subrayados por una despedida puño en alto con la frase Salut y força al canut todo un clásico de la época. Recordarlo ahora es inenarrable. Hacerlo entonces ni les cuento. Era tiempo de utopías, queríamos el mundo y lo queríamos ahora (entonces) y tras aquellas tardes abséntico- solidarias, cada mochuelo a su olivo, cada uno a su casa y Dios en la de todos. Ellas por un lado (aunque las acompañábamos a casa, por supuesto, realmente sólo el último de la pandilla se iba solo) y nosotros por el otro, sin posibilidad alguna de pecar, ni de compartir, ni de cenar a media luz los dos, ni de amanecer unidos, ni de regalarnos los unos a los otros nuestra juventud. Sólo alguna vez los padres de un amigo se iban de viaje, o a una boda en provincias, y podíamos descorchar a gusto las botellas de nuestra adolescencia. Poco a poco, mientras cometíamos todos los errores habidos y por haber, nos fuimos haciendo un huequillo. Ayudando como repartidores en las tiendas de nuestros padres, de camareros y pinchas en los bares de la movida, haciendo encuestas, algún que otro amigo fue encontrando su nidito, en el sentido estricto, métrico y decimal de la palabra: un puñado de metros cuadrados en forma de estudio o de buhardilla en el que no sé cómo al final acababa entrando toda la pandilla, el tocata, algunos libros, el póster del Che Guevara, la bufanda del Madrid, y alguna botellita de moscatel. Nadie tenía coche, bueno, Periko sí, un simca 1200 desmontable, ésa es la palabra, que lo mismo perdía el volante, que la palanca de cambios, que el cable del starter. No llevábamos ropa de marca, no teníamos móvil, no teníamos ordenador, no teníamos nada, sólo un puñado de sueños que, desde luego, cabían en treinta metros cuadrados. Incluso en veinticinco.