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ABC SÁBADO 16 4 2005 Internacional FUNERALES EN MÓNACO 27 El Principado era ayer un estado fantasma. Todo estaba cerrado. Desde el casino hasta el transporte público trices del dolor surcan sin piedad la piel de las que han sido las Princesas más bellas de la realeza. Centro de todas las miradas fue- -y así lo sabía- -la princesa Carolina. Con su marido Hannover ingresado en el hospital por una pancreatitis aguda, sobre la que el último boletín habla de evolución favorable la belleza serena de Carolina sobresalía frente al deterioro de una Estefanía ojito derecho del Soberano, a quien tantísimos disgustos dio por su alocada vida. Es el único hombre que nunca me ha fallado dijo en su día Estefanía de su padre. De ahí, tal vez, la corona de flores con un simple Stephanie que había en la catedral. Sólo ella sabe lo sola que se queda ahora. Orden y protocolo exquisito entre los representantes de las Casas Reales Chaqué y mantillas negras B. CORTÁZAR El diseñador Karl Lagerfeld, en la ceremonia EPA Mónaco se paralizó Junto a los tres compartió banco en la catedral la hermana de Rainiero, la princesa Antoinette, cuya delicada salud impidió que siguiera el cortejo fúnebre. Tía Antoinette como la llaman en familia, es testigo mudo de todos los vaivenes que han vivido los Grimaldi, en cuya historia ella también ha escrito sus capítulos de escándalo, muy en la línea de sus sobrinas. Con el funeral y la posterior inhumación de los restos mortales del Príncipe Rainiero, que ya descansa al lado de su querida esposa, la Princesa Gracia, Mónaco despidió en silencio y sin perder la compostura al que ha sido su patrón durante 56 largos y fructíferos años. En señal de duelo, ayer el Principado era un estado fantasma. Todo estaba cerrado. Desde el casino a los transportes públicos, desde las tiendas a los restaurantes. Las estrictas medidas de seguridad hicieron de Mónaco un lugar aislado para el resto del mundo, un duelo cuyo silencio sólo fue roto por el estruendo de los 36 cañonazos que se lanzaron por el Soberano. El Príncipe Andrés y el Príncipe Willem- Alexander AFP AFP Sonia de Noruega junto a Alberto II de Bélgica EPA do se llevaron muerta a su dueña y ya no podía acompañarla más en su enfermedad, acostada a los pies de la cama. El mejor elogio fúnebre del Príncipe de Mónaco lo ha hecho Odín, solemne y solo en el entierro, pasito a pasito, tras los carabineros y los penitentes negros dela cofradía de la muerte. No puede haber maldad en el corazón de un hombre al que un perro sigue buscando después de muerto. Odín era la humilde perruna bendición de la fidelidad frente a la maldición de los Grimaldi. Por la honda naturalidad con la que representó la tristeza verdadera de todos sus colegas, Odín se ha ganadola prelación protocolaria sobre todos los del mundo en el Gotha perruno. Si, a lo Oriana Fallaci, camino de un árbol donde levantar la pata, Fla, la perrita de la Duquesa de Alba, se encuentra con Odín en la puerta del ascensor, seguro que le cede el paso. Odín ha dado una vez más la suprema lección de los perros que nos hacen mejores a los hombres. Odín, el perro de Rainiero, sigue al féretro en su camino hacia la catedral REUTERS Desde las diez de la mañana el Palacio de los Grimaldi comenzó a recibir la visita de las autoridades y representantes de las Casas Reales que acudieron al funeral. Una de las llegadas más esperadas fue la del Rey Don Juan Carlos, que acudió a despedir a un buen amigo y luego compartió un lugar destacado durante la ceremonia junto al presidente de Francia, Jacques Chirac. Al igual que otros miembros de la realeza, Don Juan Carlos vistió un chaqué, engalanado con el Toisón de Oro. Como marca la etiqueta, la mayoría de las señoras tocaron sus cabezas bien con mantillas negras, bien con velos o pamelas. Elegante como la que más fue Farah Dibah, quien utilizó un original turbante negro. Allí coincidió con los Reyes de Suecia, la Reina Sonia de Noruega (el Rey Harald se recupera de su segunda operación de corazón) y el Rey Alberto II de los Belgas. Con un orden y un protocolo exquisito, todos los reales fueron llegando para dar su adiós definitivo a Rainiero. Entre ellos estuvieron el Gran Duque Enrique de Luxemburgo, con su mujer, la Gran Duquesa María Teresa; el Príncipe Guillermo de Holanda (su esposa, Máxima Zorreguieta, guarda reposo por su avanzado embarazo) Constantino de Grecia; Víctor Manuel de Saboya, con su esposa, Marina Doria; el duque de York (en representación de la Reina Isabel, ya que su hermano Carlos de Inglaterra está de luna de miel) el Príncipe Joaquín de Dinamarca, que llegó solo tras hacerse público el divorcio de su esposa; el Príncipe Alois de Lichtenstein; el Duque don Duarte de Braganza; el Archiduque Carlos de Habsburgo; Alejandro II de Yugoslavia y de Serbia; Príncipe Hitachi, representante del emperador de Japón; Príncipe Faisal Bin Al Hussein, representante del Rey de Jordania; Kardam de Bulgaria; el Conde Enrique de París, con su esposa, y un largo etcétera de representantes políticos. Y entre los invitados que llegaron a la catedral destacó la presencia del diseñador de la casa Chanel, Karl Lagerfeld, amigo íntimo de Carolina de Mónaco y presencia fija en los grandes acontecimientos sociales de los Grimaldi, como puede ser el Baile de la Rosa.