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14 Nacional SÁBADO 16 4 2005 ABC elecciones vascas Entrevista ANTONIO ELORZA Historiador y catedrático de Ciencia Política de la Universidad Complutense Me preocupa la actitud que adoptará Zapatero si este domingo arrasa Ibarretxe Su análisis es conciso: cualquier avance del plan soberanista es una derrota de la sociedad democrática TEXTO: BLANCA TORQUEMADA FOTO: JAIME GARCÍA MADRID. El nacionalismo vasco de ahora (y de siempre) le evoca a Antonio Elorza la escena de la película Cabaret en la que un joven con brazalete nazi, brazo en alto, entona un himno El mañana nos pertenece y contagia a su alrededor el delirio de los elegidos. El historiador, catedrático de Ciencia Política la Universidad Complutense de Madrid y minucioso analista de los resortes del poder, acaba de publicar un libro exhaustivo y revelador Tras la huella de Sabino Arana. Los orígenes totalitarios del nacionalismo vasco Temas de Hoy) en el que refleja, como en esta entrevista, la esencia antidemocrática del PNV y la sedición groseramente disfrazada del plan Ibarretxe. Convencido de la necesidad de un cambio de Gobierno en el País Vasco, sus augurios son pesimistas. Recuerda que en Euskadi se ha instalado un totalitarismo por el que no es el Gobierno el que excluye a los disidentes, sino que son los propios ciudadanos Porque el PNV, subraya Elorza, no es un partido, sino una sociedad de creyentes -Usted defiende que el PNV de hoy sigue siendo un fiel reflejo de las ideas racistas de Sabino Arana. ¿En qué rasgos del llamado nacionalismo democrático sobreviven las esencias del fundador? -Arana fundamenta sus ideas en la raza como mito clave y como mecanismo de exclusión, como única justificación posible de la nobleza de linaje de los vascos frente a los demás, esencialmente frente a los maketos. Es la sistematización del odio, de la caza y captura del otro para preservar la pureza de sangre. Como ha pasado más de un siglo y el argumento racista y xenófobo se ha convertido en impresentable, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, ese mecanismo de exclusión se traspasa a la lengua, pero sigue siendo el mismo y funciona con la misma efectividad. Lo vemos claramente en la Universidad del País Vasco, que hace quince años tenía una impronta intelectual no nacionalista que ha sido sustituida por la imposición de que un catedrático tenga que saber euskera. Así se ha conseguido que 800 profesores universitarios reclamen la construcción de la patria vasca. Elorza en su domicilio madrileño. El historiador considera que el PNV no es un partido, sino una sociedad de creyentes ¿Por qué cambió el PNV entre el pacto de Ajuria Enea (un frente de nacionalistas y no nacionalistas contra ETA) y Estella- Lizarra? -Hubo un momento a principios de los noventa, con José Antonio Ardanza como lendakari, en que pareció que el País Vasco se insertaba en el andamiaje constitucional. A ETA se la veía como algo terrible pero externo al proceso político en marcha. Parecía que el autonomismo estaba encarrilado. Pero irrumpió la variable externa. Cayó el muro y se desmembró el mapa de Europa, algo absolutamente impredecible sólo unos años antes. Ardanza, en un reportaje de una televisión alemana, se miraba en el espejo de Lituania y se emocionaba. De repente, había una oportunidad para la patria vasca. Sabino volvía con todas sus fuerzas. Así se pasó de Ajuria Enea al plan Ardanza. Un plan moderadísimo en las formas, en el lenguaje, pero que ya lo ponía todo sobre la mesa: por un lado, que había que hablar con ETA, y por otro, que ese diálogo se podía plantear al margen de la Constitución. ¿Ya en ese momento se había roto definitivamente la baraja, cuatro años antes del plan Ibarretxe? -Suavemente, pero sí, porque Ardanza ya planteaba que mantenerse en el marco constitucional podía ser un obstáculo para la paz. Previamente, la escisión de Eusko Alkartasuna había puesto en serios aprietos los avances del nacionalismo. Cundió la idea de que la colaboración con el PSOE había cumplido una función pero que por ese camino no se avanzaba más, e incluso se entorpecía la hegemonía nacionalista. Luego entró en solfa otro elemento que fue el que más nos sorprendió a todos: la perspectiva de una derrota de ETA radicalizó al PNV. Ahí vino la famosa proclama de Egibar, de hay que sacarlos del pozo referida a Herri Batasuna, porque ETA era el adversario, pero no el enemigo. En el fondo, son los hermanos de sangre. Volvemos una vez más a Sabino. Se sienten como una unidad etnobiológica. ¿Hubo una liquidación planificada del espíritu de Ermua por parte de los nacionalistas? -Entre 1993 y 1995 nace un fenómeno que desconcierta al nacionalismo. ETA recrudece la violencia, se multiplican los secuestros y, por primera vez, los demócratas no nacionalistas empiezan a ocupar las calles vascas. Surge una movilización anti ETA sin precedentes porque los ataques a intereses y negocios de personas no vinculadas con el nacionalismo chocan con la pasividad de la Ertzaintza. Es la etapa del lazo azul. En ella el PNV pervierte la realidad y empieza a llamar provocadores a quienes lo llevan. Se trataba de una progresiva bajada a los infiernos de los nacionalistas, definitivamente consumada tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, con su miserable actitud de no querer contribuir al aislamiento institucional de HB. Pero después todos empiezan a sumar culpas y, en pocas semanas, se cargan el espíritu de Ermua. Desde fuera, lo minan intelectual y políticamente personajes como Miguel Herrero de Miñón