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ABC SÁBADO 16 4 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Las repúblicas nos salieron catastróficas. Y en cuanto Zapatero se ha aliado con republicanos, hemos empezado a volver a las andadas LAS ZAPATERINAS L VALENTÍ PUIG Un nuevo Estatuto de autonomía era innecesario, su redacción se planteó en términos desafortunados, el proceso en curso es más de carpintería teatral que de otra cosa y además es posible que no logre alcanzar la condición de existente MARAGALL Y EL ATASCO ESTATUTARIO A puesta a prueba de los prototipos de diseño automovilístico exige muchas horas de pista, verificaciones constantes de circuitos y combustiones. Viene a ser todo lo contrario de cómo se está redactando el nuevo estatuto de autonomía catalán, prometido por Pasqual Maragall al suponer que el Partido Popular ganaría las elecciones generales y así dispondría de un buen utillaje para practicar el victimismo institucional, bastante al margen de que la sociedad catalana no sienta la urgencia de sustituir el estatuto actual. Como un automóvil sin rodaje alguno, el proceso estatutario se atasca día sí día no, a pesar de que el índice exhibido tenga ya el volumen conjunto del Sermón de la Montaña, de carta a los Reyes Magos y de catálogo de venda de productos de ferretería por correspondencia. El tono de artículos como éste puede ser considerado irreverente por quienes no creen que el nuevo estatuto sea un estricto elemento estratégico sino un objetivo del bien común. La verdad es que quien comenzó por perderle el respeto al proceso estatutario fue la propia clase política catalana, con muy pocas excepciones, especialmente con motivo de la crisis provocada por la catástrofe del Carmelo y la subsiguiente aparición en sede parlamentaria del tan famoso 3 por ciento, cuota presuntamente exigida por CiU en las concesiones de obra pública. Por otra parte, no es fácil invocar la naturaleza reverencial del nuevo estatuto cuando se lleva años diciendo que la Constitución de 1978 no es algo sagrado. Da fe de la complexión tan dúctil de la política catalana, tan transversal, tan diestra en silencios, tan apegada a pactos racionalmente anacrónicos, que la algarabía del Carmelo y del 3 por ciento ha ido acallándose. Estarán indagando las instancias judiciales, pero la pequeña catarsis que se auguró en los días más álgi- L dos ahora aparece como una calma de aguas estancas. De nuevo, el establishment político catalán se ha enclaustrado en las comisiones del Parlamento autonómico, encerrado con un solo juguete. Es un juguete que a unos y a otros, según la conveniencia, les sirve de tótem, de símbolo para exorcismos o de protector auricular para no oír lo que se estuvo diciendo en la calle. Maragall convoca cumbres unitarias para desatascar el nuevo estatut y CiU dice que no va a ir, para luego acercarse en son de paz, aunque diciendo que Zapatero no cumplirá su compromiso. Todos dicen que es posible que el borrador del nuevo estatuto esté listo para antes de las vacaciones de verano pero casi ninguno lo cree y no son pocos los que desean que todo se quede más o menos como está. Lo que les preocupa no es la marcha del nuevo estatuto, sino que la perpetuación del atasco llegue a implicar la opción de unas elecciones anticipadas. En tales circunstancias es humano que la primera preocupación sea la del interés de cada uno y de su partido más que la visión de conjunto de una sociedad catalana que a su vez está notoriamente al margen de lo que se cocina como estatuto hipotéticamente aclimatado a los retos de un nuevo siglo. Un nuevo estatuto de autonomía era innecesario, su redacción se planteó en términos desafortunados, el proceso en curso es más de carpintería teatral que de otra cosa y además es posible que no logre alcanzar la condición de existente. Espesas salpicaduras del desprestigio llegarían hasta un Pasqual Maragall que puso en curso la moneda del estatuto catalán para que fuera elemento fiduciario para la tercera vía vasca. Eso no quiere decir que, convocando elecciones anticipadas, no mejorase sus resultados anteriores. vpuig abc. es AS tonterías que Zapatero ensarta casi constantemente tienen un estilo especial. Son tonterías muy personales, fácilmente reconocibles e identificables, como las greguerías de Ramón, las jinojepas de Gerardo, las boludinas de don Pedro o las doloras de Campoamor. De aquí en adelante, yo las llamaré zapaterinas Pues entre la sarta de zapaterinas que Zapatero ha expelido esta semana figuran dos que proporcionan estupendo regocijo. Una, esta zapaterina singularmente modesta: que él, Zapatero por la gracia de Dios, está conduciendo a España hacia los momentos mejores de toda su Historia. Dispónganse ustedes a penetrar detrás de Zapatero en el período más glorioso de nuestra Historia, desde Pelayo a Juan Carlos. Aquí, en esta accidentada piel de toro entre mares, jamás ha habido reinado, ni rey ni roque, que haya sabido enderezar el camino de los españoles a un destino comparable al que Zapatero pone al alcance de nuestra mano. Y otra, la zapaterina del rey republicano. Tenemos un rey bastante republicano En España se puede ser republicano con la condición de no salirse de la monarquía. Yo mismo soy mucho más republicano, no ya que el Rey, sino que el propio Zapatero, pero de una república teórica y platónica, de una república para no traerla. Los españoles ilustres e inteligentes que se llamaron Amigos de la República y que la trajeron en 1931 se desilusionaron enseguida y terminaron escribiendo terceras en este periódico, que es un periódico monárquico desde su fundación. Las dos experiencias republicanas que España ha sufrido resultaron mal las dos, y más que malas fueron desastrosas y catastróficas. Será tal vez que, después de una monarquía de tantos siglos, con reyes buenos, malos y regulares, con reinados fastos y nefastos, no sabemos ser republicanos. No sé. Lo que sí sé es que las dos repúblicas no pudieron salirnos peor. La Primera República, la de los federalistas, muy llena de catalanes por cierto, terminó en el cantonalismo, que fue un período no sólo enloquecido, sino pintoresco de nuestra accidentada Historia. Solamente en mi tierra murciana nacieron el famoso Cantón de Cartagena y las dos repúblicas independientes de Murcia y de Jumilla. El cantón de Cartagena tenía la plata de las minas de La Unión y flota propia, la república de Murcia tenía la huerta y la de Jumilla el vino, y unos y otros se llevaban como perros y gatos. Jumilla amenazó una vez a Murcia con entrar en la ciudad y no dejar piedra sobre piedra. Lo de la Segunda República fue peor. Dice Zapatero que él entiende por republicano un hombre respetuoso con las instituciones y dechado de virtudes cívicas. Pues si se refiere a los de la República del 31, lo han engañado como a un chino. Aquello fue un muestrario trágico de torpezas, crueldades y crímenes. Y además, de hermosas ilusiones traicionadas. No me lo contaron. Yo lo vi. Cataluña se declaró república independiente, Asturias montó una revolución al estilo soviético, el Gobierno asesinó a uno de los jefes de la oposición y aquel desaguisado desembocó en la Guerra Civil y en la España devastada. Y en cuanto Zapatero se ha aliado con republicanos, hemos empezado a volver a las andadas.