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64 Espectáculos VIERNES 15 4 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Bodas y prejuicios In good company La otra chispa de la vida JAVIER CORTIJO Veteranos, 1; Sinergéticos, 0 J. C. Director: Paul Weitz. Intérpretes: Dennis Quaid, Topher Grace, Scarlett Johansson. Nacionalidad: EE. UU. 2004 Duración: 109 minutos Calificación: Igual que los pantalones de los horteras, In good company se equilibra con tirantes: uno, la vertiente macho- empresarial que fluctúa desde Wall Street a Jerry Maguire y dos, el sucesivo filete crítico- costumbrista que echó raíces en American beauty y aún florece en cierto bulle- bulle del off- Hollywood. Ambas tiras elásticas las engrasa con el aceite de ricino de un ricachón habanero Paul Weitz, obteniendo un estimable soniquete parecido al tralarí- tralarí de El milagro de P. Tinto Carrera meteórica la suya, si consideramos que se graduó con un nada asturiano bollo preñao en American pie consolidándose con este su cuarto largo que, sin llegar a ser la mejor película estadounidense de 2004 como ha escrito Andrew Sarris ná menos) sí contiene suficientes recursos humanos e investigación desarrollo para medrar en el ránking. Seguramente porque, igual que en las películas sobre cornudos, infancias o funerales, se da una interactividad férrea, por activa o referencias, con el espectador. ¿Quién no ha sufrido o sufre en su oreja el discurso tecnócrata de algún tontín extasiado con sus sinergias, estudios de mercado, memeces multimedia y demás luminarias de cursillo de márketing? Así las dispara el antihéroe yanqui que presenta Weitz: un perfecto pringadete de veintipocos años y veintimuchos miles de dólares al mes que, a pesar de sus taras, de levantarle el sillón a ese héroe con sordina que es Dennis Quaid y hasta de llevarse a su hija (que encima es Scarlett Johansson, a quien dan ganas de hacer una OPA aunque sea hostil) consigue caernos bien. Algo que hay que agradecer a la maña del cineasta y, sobre todo, a un Jack Lemmon con espuma capilar llamado Topher Grace. Con un calibrado balanceo romántico- laboral, y aunque no falten los tópicos del subgénero como soflamas de autoayuda o esquematismo de los personajes secundarios, In good company hace honor a su título y logra que queramos tomarnos unas cervezas con ella. Y hasta que invitemos a la segunda ronda, porque ganan los buenos de corazón y los tiburones acaban con dolor de muelas. Pero un poco de ciencia- ficción en estos tiempos sobornables donde hasta a Triqui le han dejado a régimen de apio, nunca viene mal. Directora: Gurinder Chadha Intérpretes: Aishwarya Rai, Martin Henderson, Naveen Andrews Nacionalidad: Gran Bretaña, 2004 Duración: 110 minutos Calificación: Ni caso a su frase promocional (con amigos así, ¿quién necesita enemigos? Bodas y prejuicios no es ninguna versión extendida del anuncio veraniego de Coca- Cola sino la mejor película de Gurinder Chadha, una angloindia sísmica y cachazuda que admite sin rubor que se le encendió la bombilla del eureka mientras fregaba los platos. Y en verdad que la fórmula es irresistible: rebozar el Orgullo y prejuicio de Jane Austen- -crack mediático que la directora compara con su también cinematografiado David Beckham- -con un suavizante de diáspora y choque cultural (una constante en su cine, y en el de tantos) y, de postre, aplicar un colorante bollywoodiense de musical despampanante. Con estos mimbres y tintes, Chadha agarra uno de los tratados casamenteros y polifemeninos más clásicos de las letras inglesas, lo saca del armario como si fuera un treintañero apoltronado y lo mantea, maquilla, lentejuelea e hiperventila consiguiendo prender la chispa de la vida en las comisuras del espectador durante dos horas. Y, cuando estamos con el sistema linfático a punto de nieve de tanta danza especiada, cae como un globo de agua gigante un Bingley cuyo wilderiano encanto original ha sido transformado por arte de magia en un petimetre y descacharrante sosias de Peter Sellers en El guateque que nos recarga las pilas hasta el pelín acelerado final, haciendo que nos olvidemos de algún bache en el guión y algún chiste colado con calzador, como el de Jason Pollock en el mantel (hay otros memorables como la definición de la coreografía hindú por parte de un sosito Darcy) En fin, una gozada desinhibida casi comparable a un maratón de baile de las cheerleaders ¿qué cursilería es ésa de majorettes? de los Lakers. O de los Heat, que están más buenas, ejem. Dennis Quaid y Scarlett Johansson, en una escena de In good company Dennis Quaid: Estoy viviendo mi segunda juventud S. GAVIÑA MADRID. El director de In good company Paul Weitz, -responsable de títulos como American Pie Hormigaz o Un niño grande todas ellas realizadas junto a su hermano Chris, que actúa aquí como productor- reconoce que se sintió atraído por esta historia porque me gusta hacer comedias sobre las cosas reales de la vida, ya que me sirven de punto de partida para crear discusiones interesantes. Me encantan las relaciones que se entablan en esta película, como la de Dennis con su jefe añade. Por su parte, Dennis Quaid, que confiesa haberse reído mucho durante el rodaje, también se sintió atraído por el mismo motivo, me interesó la acción que se desarrolla en torno a dos personajes un director de una agencia de publicidad (Dennis Quaid) con muchos años de experiencia y que ha traspasado ya la barrera de los cincuenta, y que se ve relevado por un joven ejecutivo de 26 años (Topher Grace) tras ser comprada la agencia por una multinacional. El actor asegura que no le supuso ningún problema meterse en la piel de este hombre maduro. Mi personaje es muy bonito y ha sido una gran oportunidad para mí subraya. In good company no tiene un final feliz pero tampoco excesivamente dramático. Weitz ha buscado un punto intermedio que no deja de parecer un tanto utópico. Es un final optimista, no hay nada de cinismo en él. En la próxima película haré que salga a la calle y que le atropelle un camión bromea. El filme es una crítica contra las absorción de pequeñas empresas por grandes emporios que buscan ante todo la rentabilidad y sin dudarlo sustituyen la experiencia por jóvenes ejecutivos sin escrúpulos. Tanto Weitz como Quaid reconocen que en la película existen ciertos paralelismos con el mundo de hoy y con los últimos cambios sufridos en los estudios de Hollywood. Cuando nosotros estábamos filmando, Universal fue comprada por General Electric. A nosotros no nos afectó pero sí a algunos ejecutivos de Universal afirma Weitz. Clint Eastwood, un icono A pesar de haber entrado en la década de los 50, cuando algunos actores ven peligrar sus carreras, Quaid no se siente amenazado y presume de seguir viviendo el sueño americano y una segunda juventud Al contrario que su personaje, el actor parece haber retomado el pulso de su carrera, como confirman sus trabajos de los últimos años, El día de mañana El Álamo La casa o Traffic Ha ampliado sus inquietudes más allá de la interpretación y en breve debutará en la dirección con el filme Shame on you una historia escrita por él mismo que está basada en la vida del músico Spade Cooley. El rodaje empezará el próximo mes de agosto. Al comparar su posible evolución con la desarrollada por Clint Eastwood, el actor se muestra orgulloso porque él ha hecho una carrera fantástica. Clint Eastwood es un icono para mí