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ABC VIERNES 15 4 2005 Espectáculos 61 Nicole Kidman: Lo que me mueve a aceptar un proyecto es la gente No le importa a Nicole Kidman reconocer que fue ella la que suplicó a Sydney Pollack: Por favor, dirígeme dice la actriz que era la frase con la que comenzaba cualquier conversación con el cineasta. Tuvimos muchas charlas sobre ello, y yo le decía que no tenía suficiente con que me hubiera producido Le preocupaba, asegura, que pensara que ella era terrible, porque Sydney ha trabajado con demasiadas grandes actrices. Pero él es también actor, y ofrece tanto y da tanta confianza a los actores... Se nota que la intérprete australiana está especialmente satisfecha de este trabajo: Sydney sabe cómo estructurar una película y crear un gran papel no sólo para mí, sino también para Sean Penn y para Catherine Keener. Todos los personajes de la película son muy, muy complejos y eso es verdaderamente difícil. Incluso los roles más pequeños tie- nen grandes cosas que decir Su admiración por Sydney Pollack, con quien había coincidido en Cold mountain (era uno de los productores) y en Eyes wide shut (Pollack era uno de los actores de este filme, el último que dirigió Stanley Kubrick, y donde también intervenía el entonces marido de la actriz, Tom Cruise) es grande. La relación entre el director y el actor es también una relación misteriosa. Y creo que tanto Sydney como yo sabíamos qué teníamos que preparar y cómo teníamos que estructurar mi personaje Trabajar con Sydney y Sean y formar con ellos ese triángulo ha sido lo más importante para mí a la hora de rodar esta película- -sigue la actriz- Lo me que mueve a mí a aceptar un proyecto siempre es la gente con la que he de trabajar; lo que podemos recibir mutuamente unos de otros, cómo terminaremos al final, lo diferente que será del principio. Y creo que lo que hemos conseguido los tres, siendo un trabajo muy diferente en cada uno de nosotros, ha resultado muy sincronizado. No es muy común eso, y hace que quede un poco de nosotros mismos en la película Nicole Kidman Inocencio Arias fue elegido por Pollack para interpretar un papel, pero el sindicato de actores lo impidió fender a capa y espada la visión de José María Aznar, que se alió con británicos y estadounidenses en la entente para derrocar a Sadam Husein, y las no siempre fáciles directrices de la entonces ministra de Exteriores, Ana Palacio. Arias ya había hecho sus pinitos en el mundo cinematográfico español, pero tuvo la oportunidad de ofrecerse al director de películas como Memorias de África y Tal como éramos gracias a los buenos oficios de su amigo Kishore Mahbubani, embajador de Singapur, quien no sólo invitó a ambos a una cena en su casa, sino que los puso a tiro. ¿Qué mejor que un embajador de carne y hueso que además se sentaba en aquellos momentos en el Consejo de Seguridad para interpretar a un embajador ante las Naciones Unidas? Chencho Arias obtuvo su papel con texto tras encantar a Pollack, y todo hubiera salido a pedir de boca si no se hubiera cruzado por el medio el sindicato de actores, que dio al traste, como ironizó el extravangante y querido diplomático, con sus ambiciones hollywodienses: Una legislación retrógrada me ha chafado mi primera nominación a los Oscar La intérprete Donde Hitchcock no pudo entrar: la ONU E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Más o menos equilátero, pero el caso es que esta película pretende ser mirada con la forma de un triángulo, desde lo estrictamente promocional hasta lo aparentemente artístico. Nicole Kidman, Sean Penn y ese tejedor de intrigas llamado Sydney Pollack. Y aunque los tres vuelcan su luz propia en esta curiosa historia, hay, como en esas triangulares relaciones amorosas, un tapado: Steve Zaillian, un guionista de fábula y un prodigioso narrador, si se toma como ejemplo la primera, y casi única, película que dirigió, En busca de Bobby Fischer Bueno, pues hay algo de ese aliento neblinoso y triste de aquel Zaillian en este Pollack. Pero ahí se acaban los parecidos. La intérprete es una intriga absolutamente made in Pollack un experto en situar al espectador en un lugar privilegiado desde el que ver los manejos del poder y los pasillos de la política envenenada. La acción transcurre en la sede de la ONU, ese lugar invisible de Manhattan al que nunca entró nadie con su cámara, ni siquiera el Hitchcock de Con la muerte en los talones Pollack entra y nos lo muestra en sus variadas salsas. La Sydney Pollack Dirección: Sydney Pollack Intérpretes: Nicole Kidman, Sean Penn, Catherine Keener Nacionalidad: Estados Unidos, 2004 Calificación: trama nos sitúa a Nicole Kidman, intérprete en la ONU, como único testi- go (y también parte, como se verá) de un compló para cometer un asesinato. Y a Sean Penn como el policía especializado que se encargará de protegerla, o algo así. El interés policial de La intérprete se escurre casi de inmediato hacia lo político: un país africano, los distintos poderes que confluyen para derrocar a su dictador, un pasado que presiona emocionalmente a los personajes, un regusto por lo políticamente de moda, como el canto a la diplomacia y la repulsa a la violencia individual o institucionalizada. Como es habitual, Nicole Kidman llena su personaje de sí misma y de la rotunda verdad que le imprime a sus trabajos; exactamente igual que Sean Penn, el molde perfecto para el agua adecuada... Otra cosa es si, entre ellos, consiguen el impacto preciso y que sugiere una de los dobleces de la historia, que los envuelve en una especie de melancólico apunte de romance. No quisiera exagerar, pero se repelen con el mayor disimulo y discreción. Por lo demás, subyace en la carne de la historia un cierto deje estéril sobre los viejos romanticismos de la lucha armada.