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16 Nacional VIERNES 15 4 2005 ABC elecciones vascas Los partidos La campaña destapa el trasvase de dirigentes entre los partidos b Varios ex altos cargos de gobiernos del PNV concurren a los comicios bajo las siglas de otros grupos mientras ex nacionalistas se pasan al PP G. L. A. Dicen los que confían en que el domingo se produzca un cambio que algo se mueve en el País Vasco. A falta de comprobar si ese movimiento se da en el electorado, sí es constatable entre la clase política vasca. Así, dos ex consejeros de los gobiernos del PNV, Emilio Guevara y Joseba Arregui, han pasado- -uno como candidato y otro como promotor de la plataforma Aldaketa- -a engrosar las filas socialistas. Otro Guevara, Javier, y una hija de Juan María Bandrés trabajan con la candidata del Partido Popular, María San Gil. Dos antiguos dirigentes de Eusko Alkartasuna, Sabin Arana y Juan Hernandorena, piden el voto para Aralar. Y la ex diputada de IU Ángeles Maestro se ha descolgado pidiendo el voto para EHAK, en lugar de hacerlo para Ezker Batua. El profesor Imanol Zubero, que en 2001 apoyó a EB, participó ayer en el mitin del PSE con Zapatero. El otrora todopoderoso Xabier Arzalluz asiste a los mítines de PNV- EA sentado en la última fila, y dos de los candidatos de 2001- -Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros- -están fuera de la liza. San Gil dice que los planes de Ibarretxe y de López ponen en riesgo las pensiones La concejal del PSE Gotzone Mora pidió ayer el voto para el PP b Profesores universitarios vascos hicieron ayer público un manifiesto bajo el título por el cambio con María San Gil en apoyo a la candidata del Partido Popular M. L. G. FRANCO BILBAO. La candidata del PP a lendakari, María San Gil, recriminó ayer tanto al lendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, como al candidato socialista, Patxi López, poner en riesgo con sus planes las pensiones de los ciudadanos. En un acto celebrado en el Palacio Euskalduna de Bilbao en apoyo de políticas activas a favor de la mujer, San Gil acusó también al lendakari Ibarretxe de utilizar los términos vascos y vascas como mera retórica cuando en el seno de su partido el 92,9 por ciento son hombres, el 78,1 por ciento de las consejerías están dirigidas por hombres. San Gil hacía estas declaraciones el día que 23 profesores universitarios vascos hacían público un manifiesto por el cambio con María San Gil a la que consideran la única candidata que garantiza el cambio político en Euskadi Firman, entre otros, Mikel Azurmendi, profesor de la Universidad del País Vasco (UPV) Mikel Buesa, catedrático de la Complutense y Edurne Uriarte, de la UPV. Y no han sido los únicos. Gotzone Mora, la profesora de la UPV y concejal del PSE en Getxo, pidió ayer el voto para los partidos que han dejado claro que en ningún caso pactarán con los nacionalistas Eso descarta, aunque ella no lo cita expresamente, a su propio partido y sólo puede referirse al PP. En su encuentro con mujeres, San Gil explicó su programa electoral en el que figuran ayudas de 2.400 euros para las madres trabajadoras con hijos menores de tres años y subvenciones de 6.000 euros a las mujeres que tienen a su cargo a personas mayores. La candidata a lendakari por el PP apostó por negociar con los empresarios una mayor flexibilidad laboral y buscar fórmulas para lograr un empleo estable. Abogó al mismo tiempo por una educación bilingüe, porque, según dijo, el euskera también es nuestro y criticó que el Gobierno vasco no se hubiera dedicado a gobernar, en lugar de estar obsesionado con el plan Ibarretxe. Según San Gil, tanto el plan de Ibarretxe como el de López ponen en riesgo las pensiones de los vascos, por las consecuencias económicas, sociales y políticas que acarrean. Acusó la candidata del PP de falsear datos sobre pensiones y dijo que en la actualidad hay dos cotizantes por cada pensionista, lo que supone que los números no den y que falten 700 millones para pagar a cada pensionista lo que se merece y lo que se ha ganado San Gil participó ayer en un acto político con mujeres TELEPRESS OBJETOS DE LA HISTORIA EDUARDO SAN MARTÍN modo de prefacio, y para no engañar a nadie, debo confesar de plano: admito una incapacidad natural casi insalvable para entender muchos de los problemas relacionados con identidades, raíces y árboles genealógicos. Me explico. De mis ocho primeros apellidos, no hay más de dos que procedan de la misma región (o territorio, si prefieren) de España; tengo bisabuelos gallegos, andaluces, castellanos y aragoneses- murcianos, una abuela vasca y un abuelo cántabro, y, que yo conozca, en mi estirpe (por llamarla de alguna manera) a lo largo de las últimas cinco generaciones, no hay dos consecutivas que hayan compartido la misma tierra, con la excepción de mi ascendencia andaluza; mi padre nació en Madrid y mi madre, en Ceuta, y mis hermanos y yo en La Mancha; pero mis hijos vuelven a ser de Madrid. Y una segunda confesión: no lo lamento en absoluto; al contrario, me parece un regalo de los dioses. Dicho lo A cual, tal vez debería admitir que no tengo muchas velas que encender en este entierro y, con toda humildad, hacer clic en el aspa de la esquina superior derecha de la pantalla y enviar lo poco que llevo escrito a la papelera de reciclaje. Y lo haría si no estuviera convencido de que hay muchos vascos que comparten una genealogía tan agitada como la mía, y de que, incluso entre aquellos que exhiben una cadena interminable de apellidos euskaldunes, los hay que asumen sin problemas una visión cosmopolita y ecuménica de su propia inserción en el mundo de hoy. Es en ellos en los que pensamos muchos, al otro lado de Pancorbo, cuando se acercan unas nuevas elecciones vascas. Porque hace ya algún tiempo que, para nosotros, la percepción del conflicto vasco ha cambiado radicalmente de perspectiva. Cuando el gobierno presidido por el lendakari Ibarretxe formuló su propuesta política de asociación amable con España, lo enten- dimos como un desafío al estado español; ahora creemos que se trata más bien de un órdago al pueblo vasco. No es España la que tiene un problema con la deriva nacionalista decadente del tripartito de Vitoria; es el País Vasco el que lo tiene, y muy grave. Durante demasiado tiempo nos ha abrumado la posibilidad de una España mutilada de una parte sin la cual no puede entenderse el núcleo mismo de su historia secular. Ahora nos inquieta mucho más la hipótesis de un País Vasco mutilado de España; nos preocupa el destino, no del pueblo vasco o de la nación vasca, abstracciones que evocan meras afinidades emocionales, sino el de centenares de miles de individuos libres a los que se les niega la pertenencia a una comunidad moral y política moderna para integrarles en una fantasmagoría a la que se atribuye la condición de sujeto de la Historia. Pero que nadie piense que esa percepción conduce al desistimiento, un tentación en la que parte del nacionalismo pretende hacer caer al resto de los españoles. Al contrario, provoca una intensa corriente de simpatía y de solidaridad hacia quienes se resisten a ser considerados como objetos de su propia Historia.