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4 Opinión VIERNES 15 4 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: GNACIO Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil I CAMACHO MORATINOS EN WASHINGTON O parece que la primavera haya llegado todavía a Washington. Al menos para el ministro Moratinos, que tiene el difícil encargo de deshelar las gélidas aguas de ese río Potomac en el que parecen haberse convertido nuestras relaciones diplomáticas con los EE. UU. De hecho, según pasan los meses desde que fue reelegido George Bush, la situación- -lejos de mejorar- -desgraciadamente empeora a pesar de los intentos que al más alto nivel han tratado de reconducir lo que es ya, en toda regla, un increíble desencuentro entre dos democracias amigas y aliadas. Que esto sea así es una gravísima irresponsabilidad que perjudica los intereses generales de nuestro país. En este sentido, España no puede estar a mal con la única superpotencia planetaria. Sobre todo dentro del escenario de inseguridad mundial generado por el terrorismo islamista y que sitúa a las democracias- -tal y como se vio con el 11- S o el 11- M- -en el objetivo de su resentimiento totalitario. Esta situación es inédita en la historia reciente de nuestras relaciones bilaterales, especialmente desde que a partir de la Transición se redefinió nuestra alianza con los EE. UU. dentro de un clima de cercanía y proximidad, basado tanto en intereses y afinidades democráticas como en horizontes geoestratégicos convergentes. España y EE. UU. deben entenderse. Así lo vieron los gobiernos de Felipe González y José María Aznar, y así debería verlo también el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La urgencia de este buen entendimiento es evidente. La importancia de las inversiones norteamericanas en nuestro país tendría que ser por sí sola un argumento que contribuyera a propiciar el acercamiento. Sin embargo, más allá de esta circunstancia, lo cierto es que sería un grave error no aprovechar la existencia de un escenario propicio para ello a la vista de la buena relación que, por lo visto, se da entre España y el llamado eje franco- ale- MÁS PRUEBAS N mán. Sobre todo a raíz del relanzamiento de las relaciones trasatlánticas producido tras la visita del presidente Bush a Europa y los innumerables gestos de deshielo que se han intercambiado entre sí Washington, París y Berlín. La cadena de agravios inflingidos a los EE. UU comienza a ser demasiado extensa como para relatarla. De hecho, es una tarea tan tediosa como para neutralizarlos tendiendo puentes que luego se desbaratan con gestos que, como sucedió con la venta de armas a Venezuela, vuelven las cosas a su punto de partida. Es cierto que los norteamericanos demuestran una puntillosidad excesiva, que confunde las decisiones de nuestro Gobierno con los intereses de un país que demostró ser un amigo incondicional de los EE. UU. tras el 11- S. Y aunque sigue pesando nuestra precipitada retirada de Irak cumpliendo un compromiso electoral que podía haberse diferido responsablemente, lo cierto es que si hubiera habido buena voluntad por parte de nuestro Gobierno- -a la vista del tiempo transcurrido desde entonces- bien podrían haberse reconducido las cosas con inteligencia en vez de enquistarlas y agravarlas. Tal es así que alguien podría pensar que existe un deseo de confrontación deliberado con Washington. Sin embargo, la hipótesis es tan absurda que nadie con sentido de Estado puede planteársela razonablemente. Sobre todo cuando puede explicarse el desencuentro actual más por torpeza diplomática que por oscuras maniobras que traten de sacar réditos electorales a través del clima de tensión existente con los EE. UU. En cualquiercaso, el cometido del ministro Moratinos de deshelar las relaciones hispano- norteamericanas parece un imposible. Tanto que ni siquiera los cálidos aires caribeños traídos de sus visitas a Venezuela servirán de mucha ayuda. De hecho, la finura y el tesón no son cosas que puedan improvisarse en cincuenta y nueve segundos. A IMPRUDENCIA CONCEPTUAL AS palabras en política no viven en un laboratorio aséptico, sino que adquieren un significado en función del contexto. Tal vez Zapatero quería resaltar el compromiso de Don Juan Carlos con el Estado democrático y con las libertades públicas. Para expresar semejante obviedad, acudió ayer al término republicano que induce a la confusión por razones fácilmente comprensibles. El jefe del Ejecutivo ha mostrado siempre su preferencia por el llamado republicanismo cívico corriente del pensamiento político progresista que goza hoy día de cierta relevancia en ámbitos académicos. Incluso ha asistido a actos públicos con el filósofo Pettit, cabeza visible de este grupo, aunque muy poco conocido por el gran público. Es notoria la escasa afición de Zapatero hacia los conceptos claros y precisos: de ahí su confusión entre nación, comunidad nacional y naciona- L lidad en algún debate parlamentario o la falta de rigor de que hace gala cuando habla de soberanía. Esta vez ha rizado el rizo, ofreciendo lo que Rajoy califica de alarde intelectual propio de un alumno poco aventajado que tendría que actualizar y reforzar sus conocimientos de Derecho Constitucional y Teoría Política. Otros aprovechan la coyuntura para decir lo que piensan. Gaspar Llamazares sitúa el debate monarquía república en el marco de las formas de gobierno y no de las disquisiciones teóricas. Iñaki Anasagasti se resiste a aceptar el reducido protagonismo que le otorga ahora su partido y aporta su propia reflexión al respecto, francamente desafortunada. Zapatero debería controlar mejor sus palabras. Hay imprudencias conceptuales que quien ostenta la alta responsabilidad que incumbe al presidente del Gobierno no se puede permitir. medida que se van conociendo las pruebas aportadas por la Guardia Civil sobrela supuesta conexióndel Partido Comunista de las Tierras Vascas con la organización terrorista Batasuna se entiende menos la decisión del Gobierno de no impugnar ante el Tribunal Supremo la candidatura del PCTV. El problema para el Ejecutivo viene dado por el hecho de que ya no es el PP quien le reclama acudir a la Justicia, sino que son las propias investigaciones de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado las que ponen de manifiesto que se ha producido una absorción de facto del PCTV por parte de Batasuna Dicho de otro modo, es la Guardia Civil, dependiente del Ministerio del Interior, la que contradice en su informe al propio Ejecutivo con una serie abrumadora de revelaciones, de las que ABC sigue hoy puntualmente informando a sus lectores y que constituyen la prueba del nueve de las relaciones entre Batasuna ETA y el Partido Comunista de las Tierras Vascas. La última resulta especialmente contundente: el instigador del PCTV, Antonio Egido, tuvo un papel fundamental en la ponencia de Batasuna ETA en la que la banda terrorista decidió socializar el conflicto esto es, ampliar sus siniestros objetivos a los diputados del PP y del PSOE. ¿Hacen falta más pruebas? La frase acuñada por Rodríguez Zapatero- no puede haber atajos en la defensa del Estado de Derecho -se le puede volver en contra, porque lo que precisamentecaracteriza a un Estado de Derecho es la aplicación de la legalidad vigente, sin demoras tácticas ni apreciaciones subjetivas con ribetes partidistas. La responsabilidad de un Gobierno se mide en su capacidad de respuesta para trasladar a la Justicia los indicios de connivencia con el terrorismo de un partido que aspira a entrar en el Parlamento vasco. El procedimiento previsto, la Ley de Partidos, no puede ser nunca un atajo, sino un instrumento al servicio del Estado de Derecho. Toda la capacidad dialéctica de Rodríguez Zapatero, quien ayer reclamó una vuelta al diálogo en el País Vasco y situó al PSE en un punto de coordenadas inconcretas entre el nacionalismo y el Partido Popular, puede resultar insuficientepara explicar por qué el Gobierno forzó a la Justicia a un silencio que a medida que se acumulan los indicios contra el PCTV resulta más sonoro. Lo peor de todo no es que el Ejecutivo pueda haber echado cuentas en clave electoral y decidido no acudir al Supremo hasta que pasen las elecciones del domingo- -el fiscal general no descarta ahora una actuación contra el Partido Comunista de las Tierras Vascas después del 17- A- sino que se haya parapetado tras el Estado de Derecho con un argumentario que será difícil de mantener cuando ETA, ya sin careta, vuelva al Parlamento vasco. Entonces, tal vez sea ya demasiado tarde.