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ABC JUEVES 14 4 2005 Cultura 63 Bebo Valdés: La música es espíritu, algo que se aprende pero no se enseña El pianista y compositor cubano recrea en Bebo las melodías de siglos pretéritos b Aunque lleva 45 años fuera de ella, Bebo Valdés continúa enamorado de la música de su querida Isla. En su nuevo álbum rescata viejas composiciones ya olvidadas PABLO MARTÍNEZ PITA MADRID. Lo primero que sale de la boca de este pianista de 86 años es el objetivo primordial que se ha marcado con la edición de su nuevo trabajo discográfico: Recordar las raíces de la música clásica cubana Porque, a pesar de su edad, él no se refiere a las melodías contemporáneas de su juventud o niñez, que ya sería remontarse bastante atrás en el tiempo, sino que va más allá, quién sabe cuándo. Que yo sepa, llegan hasta el siglo XVII Bebo Valdés se ha convertido en un personaje casi cotidiano en nuestro país. Su álbum Lágrimas negras grabado junto a El Cigala, es uno de los pocos discos de los últimos tiempos cuya vida comercial ha tenido y tiene una duración de varios años. Después hizo un sueño realidad cuando publicó, acompañado de una orquesta, Bebo de Cuba con composiciones suyas que encerraban su saber enciclopédico sobre la música caribeña. Por último, la película El milagro de Candeal le convertía en protagonista de un relato de esperanza firmado por Fernando Trueba. Uno, lógicamente, se pregunta con los ojos abiertos co- mo platos de dónde sacará las energías este hombre para abarcar tanta actividad: Para mí es un problema de espíritu. Porque la música es espíritu, algo que tú aprendes pero que no te lo enseña nadie Mi obligación como patriota Con la única compañía de un piano, entre sus dedos hoy cobran vida autores como Manuel Saumell (1817- 1870) Ignacio Cervantes (1847- 1905) o José White (1836- 1918) y otros más cercanos, como Ernesto Lecuona (1895- 1963) con quien Bebo compartió muchas horas de creación: No conozco a nadie que toque hoy esas cosas. Como mucho, hay un pianista que hace algo de vez en cuando; otro por allá, pero no oigo una grabación que sea cien por cien así. Es algo en lo que debería ponerse más calor, que el mundo supiera que Cuba es algo más que mambo y chachachá En el CD hay danzas, contradanzas, danzones, habaneras, criollas, guaguancó y su propia fantasía para piano. Todas ellas hablan de una época romántica Considera que ello, más que una mera satisfacción personal, es mi obligación como patriota. Y esto no tiene nada que ver con la política. Esté quien esté gobernando, es mi país. No tiene que ver con nadie en concreto, sino con el pueblo El álbum se ha titulado Bebo porque, a pesar de que sólo una de las que interpreta sea obra suya, él pone toda Bebo Valdés, anteayer en Madrid su sabiduría en cada una de las composiciones: En ningún lugar puedes comprar una partitura de esta música. Hay algunas que vi casualmente en París, en un libro sobre Ignacio Cervantes, y pude comprar. Pero hay cosas que han desaparecido completamente del mapa. Mis interpretaciones incluso pueden tener fallos, que no recuerde exactamente la melodía. Sólo tengo lo que yo oí a los que me precedieron, y lo que recuerdo de ello Como buen amante de la labor en la EFE que trabaja, observa que lo que ha pasado con la verdadera música clásica cubana puede suceder también en nuestros lares: Se lo decía a El Cigala, que aquí debería haber una escuela de cante flamenco, un conservatorio. Lo que hacen los guitarreros tendría que estar escrito. Ocurre como en Cuba, que cuando yo vivía allí nada de esto se quería conservar, porque no era aceptado. No era de la misma categoría que la clásica. Pero bueno, esas cosas existen y existirán siempre CLÁSICA Ciclo Grandes Intérpretes Obras de Berio, Berg, Stockhausen y Beethoven. Intérpretes: Alain Damiens, clarinete. Maurizio Pollini, piano. Lugar: Auditorio Nacional de Música, Madrid. Fecha: 12- IV Es capaz de transitar cómodamente por registros imposibles y plantear sonoridades inverosímiles esos que en circunstancias normales sólo movilizarían a un puñado de inquietos pero que, asumido por el ciclo de Grandes Intérpretes, congrega a una multitud, Pollini es capaz de dejar al Auditorio sin respiración. Bien es cierto que tan extrañamente conmovido que, al final, los aplausos, con ser abundantes, carecieron de la tensión propia de las grandes ocasiones. Se intuía lo excepcional pero todo se escapaba al común entendimiento. Pollini es un clásico de nuestros días. Se codea con Berg y Stockhausen, los cincela y los moldea, o sea propone algo tan cercano a buena parte del arte del siglo XX como es rebuscar en la emoción de la materia. Lo hace de manera excepcional porque en todo lo suyo hay un principio cerebral. Es capaz LA BELLEZA DE LA MATERIA ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE MauriZio Pollini siempre sale al escenario con ganas de comerse el mundo. El paso rápido, la mente concentrada y la mirada fija. Ahora se le ve caminar con la figura algo encogida. Son muchos los años repitiendo ese momento y el tiempo pesa como el plomo. Pero también da sabiduría. Al menos eso dicen. Pollini no lo niega pues posee la suficiente como para descubrirnos mundos más allá de lo que cabe imaginarse. Por eso, aun planteando un programa para espíritus cultivados como el que acaba de traer a Madrid, uno de Maurizio Pollini JAIME GARCÍA de transitar cómodamente por registros imposibles, plantear sonoridades inverosímiles o resonancias inimaginables, semejantes a las que se dibujan en el Klavierstück VII También de unirse al clarinetista Alain Damiens para hacer de las Cuatro piezas, opus 5 un compendio de concentrada expresividad. Damiens es un muy digno acompañante de Pollini. Lo demostró con la Sequenza IX de Berio, para clarinete solo, donde tras una recta y sobria aptitud se templaron pianísimos, en los que antes que oír se sentía, e increíbles requiebros sonoros. Damiens y Pollini interpretaron esas obras antes de que el maestro italiano buscara el límite del concepto con la beethoveniana sonata Hammerklavier Moldeando las transiciones y los temas hasta construir un primer movimiento de una solidez inquebrantable, buscando el sonido del Adagio en lo más hondo del piano para, al tiempo, remarcar lo fantasmagórico del Largo y hacer de la fuga final algo de brutal naturaleza. Antes y después en diálogo con la materia. Siempre rescatando texturas invisibles al oído humano.