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ABC JUEVES 14 4 2005 Sociedad 51 SEDE VACANTE EN EL VATICANO Cuando le nombraron Papa, Juan Pablo II me eligió a mí, junto a monseñor Abril, actual nuncio en Eslovenia, para recuperar su español relata monseñor Joaquín Alonso Corasón, corasón, corasón El cachondo de Dan Brown, poco escrupuloso de las precisiones geográficas, sitúa la sede central del Opus Dei en Lexington Avenue, que es algo así como Juan Manuel trasplantar el Pentágode Prada no a la comisaría de la Enviado especial. Roma calle Leganitos; también adereza sus intrigas con monjes de la Obra, confundiéndola quizá, en pleno delirium tremens, con la orden benedictina. Pero la pobre gente alienada se traga estas mentecateces y se queda tan pancha, convencida además de haber accedido a una forma de conocimiento superior. Decididamente, Chesterton tenía razón: se empieza dejando de creer en Dios y se acaba creyendo en cualquier cosa, incluidas las paparruchas seudoesotéricas y la morralla que injuria las imprentas. Hace una mañana exacta como un verso del Dante, la primera después de tantas mañanas sin más rima que la establecida por la lluvia. Cerca del hotel donde me hospedo, en Via Bruno Buozzi 73, se halla la verdadera sede del Opus, conocida como Villa Tevere, un edificio menos suntuoso de lo que mi imaginación, tan calenturienta, había presagiado. Me he citado aquí con monseñor Joaquín Alonso, un sacerdote que contribuyó a engrasar el español un tanto oxidado de Juan Pablo el Grande en los albores de su Papado. Monseñor Alonso, secretario del Prelado Javier Echevarría, como anteriormente lo fuera de Álvaro del Portillo, es un septuagenario enjuto y todavía ágil que no ha logrado desprenderse, pese al medio siglo de éxodo romano, de su acento sevillano; habla con una celeridad que hace inútiles los esfuerPasa a la página siguiente Karol Wojtyla con su profesor de castellano, monseñor Joaquín Alonso