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ABC JUEVES 14 4 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Dicen los vaticanistas que la Iglesia preferirá un papa de transición ni joven ni revolucionario, un italiano prudente y de paños calientes LOS PAPABLES HORA, con Juan Pablo II ya enterrado junto a la tumba de san Pedro, el juego fascinante entre los periodistas vaticanistas es el de la quiniela de los papables. En las apuestas se repiten muchas veces los nombres de los cardenales mejor colocados: el alemán Ratzinger, los italianos Tettamanzi y Martini, el hondureño Maradiaga, el chileno Medina Estévez, el austriaco Schonborn, el nigeriano Francis Arinze, el brasileño Hummes y los dos españoles Rouco y Amigo. La frase que más se oye entre los vaticanistas es el viejo refrán que suena inevitablemente antes de cada cónclave: Quien entra papa en el cónclave sale cardenal Los últimos papas: Roncalli, Montini, Luciani y Wojtyla no figuraban en la primera fila de los papables. Juan XXIII fue una sorpresa de ultimísima hora. Sin embargo, un periodista español llamado Muñoz Mompeán, que dirigía un modesto diario de Murcia Linea inspirado por no sabemos quién, publicó en grandes titulares: Hoy será elegido papa el cardenal Roncalli, Patriarca de Venecia Y así fue. Pero ya no hay periodistas iluminados por el Espíritu Santo. Montini, arzobispo de Milán, sonaba quedamente en la quiniela del cónclave que le eligió. Era un papable esperado por un grupo de curas progresistas, especialmente por curas españoles, seguramente porque se había distinguido con algún hecho crítico en relación con el régimen franquista. Sin embargo, Pablo VI fue un papa en cierto modo conservador, que frenó algunos excesivos entusiasmos del Vaticano Segundo. Yo asistí a aquella fumata bianca y a la proclamación que hizo desde el balcón de San Pedro el cardenal Ottaviani, hijo de un panadero del Trastevere, celoso guardián del dogma, aquel que, cuando el cardenal Suenens habló en el Concilio de la píldora antibaby musitó en el oído de su vecino: Ojalá la hubiese tomado su madre En el último cónclave circuló a última hora el rumor de que iba a ser elegido un papa polaco, y todo el mundo pensó en Wizinsky. El nombre de Wojtyla era un secreto exclusivo del propio Wizinsky. Ahora dicen los vaticanistas que se las dan de entendidos que la Iglesia preferirá elegir un papa de transición, ni joven ni revolucionario, quizá un italiano para regresar a la costumbre de la prudencia y los paños calientes. Recuerdo una vieja historia de astucia vaticana. Había en el colegio cardenalicio dos facciones enfrentadas, cada una de ellas con su papable decidido. Como se sucedían los días y las votaciones sin que se alcanzara la mayoría necesaria, los dos bandos pactaron una tregua. Elegirían a algún cardenal viejecito y decrépito y durante la duración de su breve pontificado cada facción atendería a reforzar su influencia y a ganar adeptos entre los cardenales. Asistía al cónclave un cardenal de cuerpo encorvado, flaco y débil, que caminaba dificultosamente apoyado en un bastón. Ese decidieron los electores. Cuando el viejecito decrépito vio cómo su baldaquino quedaba extendido sobre su cabeza y se vio Papa, enderezó la figura, tiró el bastón, ordenó que recluyeran a los dos cardenales aspirantes al cargo en el castillo de Sant Ángelo y permaneció sentado en el solio pontificio durante dos décadas. A DARÍO VALCÁRCEL Brasil busca un aliado fiable en la Unión Europea, una entidad política que se construye despacio, pero crece rápidamente en el orden comercial y financiero. Aznar y Lula firmaron en 2003 una asociación estratégica España- Brasil LA ALIANZA BRASIL- ESPAÑA L A Alianza Brasil- España se reunió en Madrid el 4 y 5 de abril. En la iniciativa se integran 40 empresarios y profesores de los dos países. Una alianza permanente con Brasil sería decisiva para España. Brasil no es sólo la primera potencia suramericana, sino aspirante a un puesto permanente en el Consejo de Seguridad. A Brasil le interesa tener un aliado seguro en la Unión Europea, entidad política que se construye despacio, pero crece desde hace 15 años en el orden comercial y financiero. España y Brasil dieron un gran paso en 2003, cuando Aznar y Lula firmaron la asociación estratégica que dos años después ratificaron Lula y Zapatero. La Alianza Brasil- España, inaugurada este mismo mes, quiere impulsar ese proyecto desde la sociedad civil. Telefónica ha invertido 35.000 millones de euros en Brasil, casi siete billones de antiguas pesetas. Telefónica ha patrocinado la Alianza con altruismo: pero espera resultados concretos para los dos países. Las redes Brasil- España son esenciales. Redes empresariales y universitarias, para enlazar cien universidades europeas y latinoamericanas, un proyecto al que el grupo Santander dedica al año 80 millones de euros. ¿Qué es una red? Un equipo que desarrolla programas comunes en internet, integrado por cien o doscientos miembros: activos, implicados en un mismo campo del saber, colaboradores en el intercambio de trabajos, preguntas, respuestas. Toda red tiende a hacerse compleja, a contar con mecanismos de control de gestión, a programar resultados con calendarios preestablecidos. Los frentes son infinitos. Destacamos uno: la homogeneidad lingüística, la lenta pero decidida introducción del español en Brasil, el trabajo de editoriales, cátedras, cadenas de radio, periódicos, televisiones para formar, en diez años, a 100.000 profesores de lengua española en la enseñanza secundaria. Sin crecimiento estable en Brasil, no habrá crecimiento en Suramérica. Sin democracia en Brasil correrán peligro las democracias del subcontinente. Sin relación articulada entre las democracias europeas y la brasileña será difícil hacer un mundo euroamericano con personalidad definida, no enfrentada sino distinta al mundo anglosajón. Al margen de las fantasías: no es imposible que una alianza Unión Europea- Brasil- India refuerce a partir de 2020 el equilibrio global. Brasil habrá de mantener relaciones cada vez más complejas con Estados Unidos, con China... La relación especial entre India, Brasil y la Unión Europea será un elemento equilibrador. Pero esa relación requiere algunas alianzas previas. El concierto con Portugal es indispensable. No hay, entre Brasil y España, deudas históricas. No hay conflictos en el pasado. La actividad de las empresas españolas en Brasil crece: banca, telecomunicaciones, seguros, servicios básicos, electricidad, agua, gas, petróleo... Con Brasil se da un problema también conocido con otros vecinos próximos, en el Mediterráneo sur: ignorancia, desconocimiento. Brasileños y españoles necesitan conocerse mejor. El desarrollo cultural es esencial. Las inversiones dependen, en no pequeña medida, de la identificación cultural. Pero en Brasil hay una base: por razones que desconocemos, motivos inexplicables, las propuestas de España son acogidas con simpatía en Brasil. Sean culturales, comerciales, tecnológicas... Algo parecido se da en España con Brasil. Esa cercanía de carácter es uno de los apoyos de la Alianza, encuentro entre sociedades más aún que entre gobiernos. Diez compañías privadas, encabezadas por la primera de las españolas, han dado el paso y han puesto en marcha una alianza de redes y de proyectos concretos, precisos. Son diez sociedades coordinadas, pero no dependientes de los gobiernos: de modo que en esta alianza cada palo pueda aguantar su vela.