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60 Cultura MARTES 12 4 2005 ABC CLÁSICA Liceo de Cámara Obras de F. Mendelssohn, E. Carter y W. A. Mozart. Int. J. E. Lluna, clarinete. Cuarteto de Tokio. Musicadhoy. Obras de J. DuránLoriga Antoianças estreno) y G. de Olavide Int. J. Elvira, flauta. Proyecto Guerrero. Dir. F. Panisiello. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 7- IV TEATRO Terrorismo Autores: Oleg y Vladimir Presnyakov. Traducción: Antonio Fernández Lera a partir de la versión inglesa de Sasha Dugsdale. Dirección: Carlos Aladro. Escenografía: Ana Garay. Vestuario: Cecilia Hdez. Molano. Iluminación: Pedro Yagüe. Intérpretes: Rafael Rojas, Chema Ruiz, Ernesto Arias, Israel Elejalde, Lidia Otón, Elisabet Gelabert, Inma Nieto y Luis Moreno. Lugar: Teatro de la Abadía. Madrid. EFIGIES SONORAS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE LA MÚSICA DEL MIEDO JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN l ciclo Musicdhoy ha unido la obra de Gonzalo de Olavide a la de Jacobo Durán- Loriga bajo el epígrafe de Doble retrato Para entender el título hay que creer en el viejo pensamiento según el cual se compone como se es. Así la instantánea de Olavide ha servido para insistir en la seriedad de su veterana apostura musical, desde la referencia de Índices de 1964, punto de inflexión en un momento en el que dominaba la aleatoriedad controlada, hasta el más cercano y apesadumbrado V Hymno de la desesperanza (1984) Ellas, y también en Alternante dieron cuenta de la complejidad estructural, el trazo firme y la solidez constructiva que, con extrema naturalidad, desbrozó el Proyecto Guerrero bajo la severa dirección de Fabián Panisiello. La música de Gonzalo de Olavide se reveló con contundencia. Con Durán Loriga todo fue más abrumador, pues la suya es obra en la que cada título se dibuja como una forma particular de obstinación. Per a Jep recalcitrante en el quejido agudo de la flauta de Juan Elvira, Wu Shing para quinteto de viento, insistente en la transformación a partir de un inicial juego escalístico, y el estreno de la jornada, Antoianças reafirmando la corpulencia, la uniformidad de un largo discurso que se abre paso con denuedo, anchura, perseverancia y ciertas dosis de autoafirmación. Fue ése el retrato de dos personalidades distintas y coetáneas observado en sesión de noche tras la vespertina y notable actuación del Cuarteto Tokio. Era la tercera vez que este grupo se acercaba, este año, hasta el Liceo de Cámara. No era fácil rememorar la inolvidable filigrana de su segunda comparecencia, hará quince días, porque ni la irregular hechura del quinto cuarteto de Mendelssohn, ni la agotadora longitud del primer cuarteto de Eliott Carter, vanguardista luchador de la posguerra americana, podían en origen dar alas a una sesión que se remató con el Quinteto para clarinete de Mozart. Joan Enric Lluna, humano en el desliz y en la sutileza del canto, compartió espacio con la veterana y, en esta ocasión, algo vacilante viola de Kazuhide Isomura, y la fineza de quienes, tras treinta y cinco años de historia han conseguido recuperar nombre y viejas virtudes. E ntre los más conocidos y aplaudidos representantes del nuevo teatro ruso, los hermanos Presnyakov- -Oleg (1969) y Vladimir (1974) -forman un tándem autoral (y también directorial) empapado de una contemporaneidad que hunde sus raíces en la tradición literaria emanada del fértil magisterio de Pushkin, Gogol y Chejov: una visión de la realidad capaz de enhebrar en la misma aguja humor y dramatismo. Estos dos siberianos, en cuya trayectoria figura entre otros hitos la fundación del Teatro Joven de la Universidad de Gorki, se presentan en España con Terrorismo un tapiz de vidas cruzadas mecido por la música del miedo, esa sutil melodía, terca y casi inaudible que va impregnando nuestros actos hasta convertir la neurosis en costumbre: el temor sordo a una amenaza invisible, la violencia como noción cotidiana, el hastío y las tensiones sociales son ingredientes de la inquietante partitura vital del mundo en que vivimos. No hay connotaciones políticas expresas, ni la más ligera alusión a grupo terrorista alguno en esta obra escrita un año antes del 11- S y compuesta por seis escenas independientes que los autores conectan con finísimas puntadas hasta llegar a un final que, con una hábil finta de escritura, dejan abierto a diversas interpretaciones. E Una escena de Terrorismo la obra de los hermanos Presnyakov Viajeros detenidos en un aeropuerto por una amenaza de bomba, una pasión adúltera, una jornada de oficina, la conversación entre dos ancianas en un parque, las relaciones de camaradería y crueldad en los vestuarios de un cuerpo policial, y la charla entre tres pasajeros en las butacas de un avión son los episodios de este trayecto en que los Presnyakov juegan con los géneros con maliciosa y subversiva inteligencia, pues perfilan, por ejemplo, una escena de vodevil para trasformarla luego en un desasosegante dibujo de las relaciones amorosas o presentan un trágico boceto oficinesco que desemboca en comedia costumbrista con toques siniestros. Situacio- EFE nes habituales teñidas de un humor crítico y feroz con ecos del teatro del absurdo. Carlos Aladro dirige primorosamente este combinado de violencia, ironía, tragicomedia y miedos, mimando desde la temperatura dramática de cada escena a las brillantes transiciones. Ana Garay firma una escenografía bella, voluntariamente fría y versátil, presidida por un gran ciclorama con nubes que va cambiando de color. Y mención destacada también para la afinadísima orquesta: los actores del elenco de la Abadía se multiplican en diversos papeles y cambian de registro con tanta solvencia como desparpajo. Un estupendo montaje. CLÁSICA Ciclo de la OCNE Obras de Haydn, Webern y Brahms. Intérpretes: Orquesta Nacional de España. Director y solista: Heinrich Schiff. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid SCHIFF, DIRECTOR Y SOLISTA ANTONIO IGLESIAS H einrich Schiff, prestigioso violonchelista de rango internacional, acaba de ofrecernos también su dualidad como director, llevando ambos cometidos en una versión del Concierto para violonchelo y orquesta en Do mayor. Hob VIIb: 1 de Franz Joseph Haydn, en colaboración con nuestra Orquesta Nacional. Personalmente, siempre estimé como perjudicial para el bien dialogar solista- orquesta esta vuelta a los orígenes, que se puso de moda hace relativamente unos pocos años; jamás la había observado con un violonchelista y, por ejemplo, al lado del piano o del violín, sale rebajada por la incomodidad del qué hacer con el instrumento cuando deja de tocar, porque estorba al buen mando, hasta el punto de causar desafinaciones y tosquedades que rebajan notoriamente ambas misiones interpretativas. El admirado Schiff padeció del inútil esfuerzo dual aunque abundaran aquellos momentos felices de un instrumentista afamado en justicia. Respirando dentro de un lirismo brahmsiano, utilizando la variación y lo imitativo como sistema general, la Op. 1 de Anton Webern, Passacaglia todavía tonal aunque apuntando hacia una escuela dodecafónica en sus bien trabajados contrapuntos, precisa de una orquesta con plantilla grande y, naturalmente, necesita de una batuta avezada, si se quiere traducir con ese detenimiento que hace que su duración se extienda al cuarto de hora, y no a los diez minutos de la versión de Schiff, si capaz de entender la página con muy buena línea, adolecedor de un algo asfixiante. La sesión llenó una segunda parte con la Cuarta Sinfonía de Johannes Brahms, que alcanzó sus mejores momentos en el segundo tiempo, andante moderato con admirable justeza en su tempo sin concesión subjetiva alguna, placentera, en todo caso, en valedera traducción del violonchelista- director. Los profesores de la ONE merecieron cumplidamente el ser levantados por Schiff al concluir el Passacaglia y la clase excelente demostrada por la flautista o los tres trombones en el final de la sinfonía de Brahms los situaría en su buen nivel habitual.