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48 Sociedad SEDE VACANTE EN EL VATICANO MARTES 12 4 2005 ABC El candidato más firme, a mi entender, es Ratzinger: tiene autoridad, veteranía, renombre como teólogo y representaría la continuidad doctrinal, a la vez que el equilibrio afirma el enciclopédico catedrático Giovanni Maria Vian Donde un secreto es un Secreto Leo en estos días, en las escasas horas que me concede el trajín romano, una novela del inglés Frederick William Rolfe (1860- 1913) autotitulado Barón Juan Manuel Corvo, uno de los más de Prada excéntricos personaEnviado especial. Roma jes de la literatura universal. Se titula Adriano VII; su protagonista- -un trasunto del propio autor- -es un humilde habitante de un suburbio londinense que, allá en su remota juventud, fue expulsado del seminario. Este baldón ha alimentado su rencor, también su petulancia; un día, sin embargo, es rehabilitado por sus superiores e inmediatamente ordenado, hasta llegar a convertirse en Papa de la Cristiandad. La novela rebosa erudición e ingenio y supura una inteligencia malévola. Entre las pullas que su autor dispara no podían faltar, naturalmente, algunas invectivas dirigidas contra los enviados especiales en Roma Así como los judíos son menos comerciantes y los jesuitas menos arteros- -escribe el Barón Corvo, mojando su pluma en el tintero de la bilis- de igual forma los periodistas son menos capaces de lo que se supone que son. En concreto, son personas nada científicas, porque van por el mundo con una actitud fortuita y con la confianza puesta en el elemento humano llamado sagacidad Lo sobrehumano es para ellos un libro sellado excesivo descuido del gobierno de la Iglesia universal Uno de los defectos principales de este Papado ha sido la excesiva personalización- -apostilla- Se ha atraído la atención sobre la figura del Papa, pero ha sido a costa de que pierdan protagonismo los obispos y la curia misma. El Papa que venga tendrá que apuntalar el gobierno de la Iglesia y fortalecer su unidad, otorgando más colegialidad a los obispos; no olvidemos que la unidad es precisamente lo que hace de la Iglesia una institución floreciente, envidiada por ortodoxos y protestantes Contingencia mortal Le hago notar que estos reparos, tan sinceros y matizados, quizá sean bien entendidos en Italia, donde la religión católica mantiene casi intacto su ascendiente social, pero resultarían sin duda manipulados por los enemigos más epilépticos de la Iglesia en España, siempre prestos a pescar en río revuelto. Vian me lo concede; pero me recuerda que la continuidad del ministerio de Pedro sobrevive a la contingencia mortal de los hombres que lo encarnan. Ha tomado de uno de los tenderetes una maceta reventona de flores y me la muestra: Igual que la vitalidad de la planta que florece y rinde su fruto permanece en su raíz cuando la planta es destruida, así la potestad papal permanece en colegio de los cardenales, o sea en la Iglesia, cuando el Papa muere: en el colegio, como raíz vecina; en la Iglesia de los prelados y de los fieles, como raíz remota Asiento ante la contundencia del símil; Vian sonríe tímidamente: Pero no me lo atribuya, por favor. Lo escribió el Anconitano a finales del siglo XIII Un poco temeroso de incurrir en los vicios que fustigaba el Barón Corvo, me decido a inquirirle sobre el próximo Cónclave: Irá por donde el Espíritu sople; y, si eso significa que ha de pasarse página, se pasará- -afirma con decisión- En este sentido, los dos candidatos que prefiguran un golpe de timón serían Martini y Bifi, muy diferentes por cierto entre sí: el primero, tendería hacia un progresismo más espiritual; el segundo, hacia la tradición más sabia. Pero ambos disponen de pocas posibilidades. El candidato más firme, a mi entender, es Ra- Tapiadas a cal y canto Y aún prosigue el Barón Corvo su varapalo: Hablan, oh, muy bien, pero no tienen ningún conocimiento de los principios de su oficio. Añádase a esto una carencia de intuición simpática y de conocimiento histórico de sus temas. En consecuencia, cuando una docena aproximadamente de estos excelentes caballeros se encontraba en Roma, con las puertas del Cónclave tapiadas a cal y canto ante sus narices, no supieron hacer otra cosa que maldecir en voz baja y para sí mismos- -diciéndose que nada ocurría porque no podían ver lo que estaba ocurriendo- -y escribir descripciones sarcásticas de la multitud y de las fumatas. Porque, si en todo el orbe de la tierra existe un lugar en donde un secreto es un Secreto, ese lugar es un Cónclave romano, cosa que se debe a la incompetencia superlativa de los espías. Ignorantes de su tema, no pueden captar sus rasgos primordiales: no pueden salirse ni un pelo de su rutina habitual, aun cuando el sentido común debería enseñarles la necesidad imperativa de aplicar métodos no convencionales a casos no convencionales Abrumado y algo mohíno por la filípica del Barón Corvo, me encamino al Campo de Fiori, donde he concertado una cita con Giovanni Maria Vian, ca- El cardenal Carlo Maria Martini, durante una misa en Milán en marzo de 2003 tedrático de filología patrística en la Universidad de La Sapienza y miembro del Consejo Pontificio de Ciencias Históricas. Vian es un hombre circunspecto y a la vez magnánimo, enciclopédico de saberes y poco avaricioso de retenerlos, que es la cortesía máxima del sabio verdadero. Caminamos entre los tenderetes restallantes de frutas que la luz matinal prestigia de colores casi lujuriosos. La estatua de Giordano Bruno nos contempla con gesto un tanto adusto o chamuscado; sobre su bronce defecan parsimoniosamente las palomas, cómplices quizá del Santo Oficio. Hijo del bibliotecario personal de Pablo VI, Nello Vian, Giovanni Maria ha mamado desde la cuna la pasión por los intríngulis vaticanos; en la ac- EFE tualidad, es unánimemente considerado uno de los historiadores más rigurosos de los papados recientes. Aun reconociendo la estatura gigantesca del Papa difunto, su balance no es por completo positivo: contempla con cierta desconfianza la pujanza que bajo su mandato han adquirido ciertos movimientos religiosos que, por su tendencia centrífuga, podrían a la larga minar la unidad de la Iglesia tampoco considera provechosa la insistencia algo enfática con la que Juan Pablo II ha entonado el mea culpa, pues a la postre ha servido para arraigar en la opinión pública ciertos estereotipos que tienden a criminalizar la historia del cristianismo, prescindiendo de una perspectiva histórica; pero, sobre todo, le reprocha un Los dos candidatos que prefiguran un golpe de timón serían Martini y Bifi, muy diferentes entre sí; el primero, tendería hacia un progresismo más espiritual; el segundo, hacia la tradición más sabia